¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?–Salmo 116, 12-Explicacion

Como el salmista, los que hemos sido bendecidos con el don de la fe, seguramente nos hemos realizado esta pregunta infinidad de veces. El estado de gracia genera en el alma humana un gran e íntimo sentimiento de agradecimiento con nuestro creador.

Si repasamos en nuestra mente todos los dones, gracias y bienes que el Señor ha derramado sobre nosotros, tanto en el orden natural como el de la gracia y lo comparamos con nuestra pobreza llegaremos a la conclusión que no podemos pagar ni el menor de los beneficios que hemos recibido de nuestro Creador, porque el menor de ellos adquiere un precio infinito, y nos obliga a un reconocimiento y acción de gracias igualmente infinito.

Entonces, ¿Hemos entonces de morir en la ingratitud con nuestro Creador?

Volviendo al Salmo, el mismo salmista, responde: “Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor.”

¿Que significa esto? Significa que me uno con Jesucristo, nuestro redentor, en el santo sacrifico del calvario y me ofrezco con El, en acción de gracias por tantos beneficios recibidos, a nuestro Padre celestial.

Muchas veces decimos o pensamos, gracias Dios por tal y cual cosa. Esto está bien. Pero este agradecimiento, para sea pleno, implica ir mas allá, requiere una acción determinada.

Cuando queremos agradecer a alguien por algún bien que nos ha hecho, averiguamos que es lo que más le agrada y tratamos de complacerlo con eso que tanto le agrada. Entonces, ¿Qué es lo más agradara a nuestro Padre?

Muchas veces realizamos acción de gracias en la oración y obviamente esto agrada mucho al padre, pero lo que más agrada a Dios es el mayor acto de amor de la historia, la obediencia total de su hijo ofreciéndose por amor al Padre y a nosotros en el santo sacrificio de la cruz, en el calvario. Y esto se renueva cada día en todos los altares del mundo con el santo sacrificio de la misa.

Y nosotros aun en nuestra pobreza total tenemos esta maravillosa oportunidad de participar cada día junto a Jesucristo en esta ofrenda divina que El realiza al padre. Es así como nuestra acción de gracia es plena, completa y adquiere una dimensión infinita.

El precepto de la Iglesia dice que debemos participar de la misa al menos los domingos y fiestas de guardar. A mi criterio, un católico no es suficientemente agradecido si no participa del santo sacrificio de la misa todas las veces que este a su alcance hacerlo.

Santo Tomás explica cuáles son nuestras deudas u obligaciones para con Dios, y entre ellas cita especialmente cuatro, y todas son infinitas.

  • Alabar y honrar la infinita majestad de Dios, que es digna de honores y alabanzas infinitas
  • Satisfacer por los innumerables pecados que hemos cometido
  • Darle gracias por los beneficios recibidos
  • Dirigirle súplicas, como autor y dispensador de todas las gracias.

En la misa, por el valor infinito de la víctima que se ofrece en este santo sacrificio, satisfacemos todas estas deudas u obligaciones con nuestro Padre.

Además, la misa nos proporciona todas las gracias espirituales, todos los bienes que se refieren al alma, como el arrepentimiento de nuestros pecados, la victoria en nuestras tentaciones, ya sean exteriores o interiores y nos alcanza los socorros actuales, tan necesarios para levantarnos, para sostenernos y hacernos adelantar en los caminos de Dios.

La Misa nos obtiene muchas buenas y santas inspiraciones, muchos saludables movimientos interiores, que nos disponen a sacudir nuestra tibieza y nos mueven a ejecutar todas nuestras acciones con más fervor, con una voluntad más pronta, con una intención más recta y pura, lo cual nos proporciona un tesoro inestimable de méritos para alcanzar la gracia de la perseverancia final, de la que depende nuestra salvación eterna.

También nos alcanza todos los bienes temporales, en tanto que puedan contribuir a nuestra salvación.

Además de los bienes que pedimos en la Santa Misa, nuestro buen Dios nos concede otros muchos que no pedimos.

Esto dicen algunos santos a cerca de los beneficios de la misa:

San Gregorio El Grande: es indiscutible, que el que asiste a la Misa será librado de muchos males y peligros hasta imprevistos.

Y agrega San Agustín: será preservado de una muerte repentina, que es el golpe más terrible que los pecadores deben temer de la Justicia divina.

Este santo nos propone una admirable prevención contra el peligro de muerte repentina: oír todos los días la Santa Misa, y oírla con la mayor devoción posible.

San Gregorio: el que asiste a la Santa Misa con devoción, se conserva en la buena vida, crece constantemente en mérito y en gracia, y adquiere nuevas virtudes que le hacen más y más agradable a su Dios.

Santo Tomás: una Misa encierra todos los frutos, todas las gracias y todos los tesoros que el Hijo de Dios repartió en su Esposa la Santa Iglesia por medio del cruento sacrificio de la cruz.

Hermano católico ¿quieres agradecer a Dios todo el bien que te ha hecho? Participa de la misa cuantas veces puedas y agradaras a Dios de la mejor manera que nos es posible hacerlo.

Por las innumerables deudas que tenemos con Dios, por tantos beneficios recibidos de nuestro Creador y las tantas gracias que alcanzamos en la Santa misa para nuestra salvación, no veo que haya cosa más importante que hacer cada día, teniendo la posibilidad, que participar de la santa misa.

Como hijos de Dios y verdaderos Cristianos Católicos nuestra primera preocupación y obligación del día debería ser ver cómo hacemos para asistir a la santa misa.

Hermanos en Cristo Jesús, católicos del mundo, regresemos a participar de la Santa Misa, llenemos cada día nuestros templos, para dar la mayor gloria y honor posible a Dios nuestro Señor.

Por Carlos Larroque

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