¿Pueden comulgar los divorciados vueltos a casar?

¿Pueden comulgar los divorciados vueltos a casar?

Se ha generado una gran confusión sobre este tema en los últimos tiempos, en gran parte por medios externos tales como los medios de comunicación que en general hablan sin conocer la doctrina de la Iglesia, pero también en ámbitos internos de la propia Iglesia.

El católico tiene la grave obligación de conocer su fe y para ello cuenta con la doctrina de nuestra Santa Madre Iglesia la cual es interpretada por el Magisterio universal en fidelidad a la Sagrada Escritura y a la Tradición.

¿Quiénes están en condiciones de comulgar?

Comulgar es recibir el Santo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo que es Dios, y Dios nos ha dicho que no merecemos esto, sino que es un don dado por El para los hijos que viven según su ley.

Se requieren 3 condiciones básicas para recibir la eucaristía:

  • Estar en gracia santificante: Haberse confesado y no haber cometido pecado mortal hasta ese momento
  • Saber a quién se recibe
  • Ayuno de una hora antes de recibir la comunión.

(Cód. Derecho Canónigo 912-923)

“Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día.” (Juan 6, 54)

¿Que es pecado mortal?

El pecado mortal es una falta a cualquiera de los 10 mandamientos.

El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento. Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal. La ignorancia afectada (cuando se mantiene la ignorancia por voluntad propia teniendo los medios para salir de ella) y el endurecimiento del corazón (cf. Mc 3, 5-6; Lc 16, 19-31) no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado. (Cat. 1858/1859)

En caso de no cumplir las condiciones mencionadas no se debe comulgar ya que las consecuencias espirituales para esa alma pueden ser graves y así lo dice San Pablo:

“Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.” (I Corintios 11, 27-29).

Decimos no debe, porque nadie se lo va a prohibir ni le va a pedir una credencial que lo habilite a comulgar, esto es una decisión de conciencia personal, si uno se acerca a comulgar el sacerdote le dará la comunión y si se ha comulgado sin estar en estado de gracia las consecuencias también son exclusivamente personales. Recordemos que podemos engañar al cura y a los demás pero nunca a Dios.

Aclaración: si el sacerdote conoce que una persona no está en estado de gracia y esta se pone en la fila para comulgar, la primera vez le dará la comunión para no generar escándalo, pero está obligado luego a llamarlo en forma privada para explicarle su situación y tienen el grave deber de advertirle que dicho juicio de conciencia riñe abiertamente con la doctrina de la Iglesia. También tienen que recordar esta doctrina cuando enseñan a todos los fieles que les han sido encomendados. (Código de Derecho Canónico, can. 978)

Si la persona persiste en su actitud de comulgar de todos modos no estando en gracia el sacerdote podrá negarle la comunión y en este caso le estará realizando un bien aunque la persona no lo entienda.

Sobre el vínculo matrimonial

El consentimiento por el que los esposos se dan y se reciben mutuamente es sellado por el mismo Dios:

“Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer;  por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa,  y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo. Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe.” (Mc 10,9).

De su alianza “nace una institución estable por ordenación divina, también ante la sociedad” (GS 48,1). La alianza de los esposos está integrada en la alianza de Dios con los hombres: “el auténtico amor conyugal es asumido en el amor divino” (GS 48,2).

Por tanto, el vínculo matrimonial es establecido por Dios mismo, de modo que el matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás.

Este vínculo que resulta del acto humano libre de los esposos y de la consumación del matrimonio es una realidad ya irrevocable y da origen a una alianza garantizada por la fidelidad de Dios.

La Iglesia no tiene poder para pronunciarse contra esta disposición de la sabiduría divina (Código de Derecho Canónico can. 1141). Cat. 1639/1640.

¿Quiénes están en situación irregular de matrimonio?

-Quienes han recibido el sacramento del matrimonio y se han separado o divorciado de su conyuge y se han vuelto a casar civilmente o conviven con otra persona casada, en este caso se comete adulterio.

-Quienes están casados en unión civil o conviviendo sin haber recibido el sacramento del matrimonio aunque sea su primera y única unión, en este caso se comete fornicacion, que es la union carnal entre hombre y mujer fuera del matrimonio. Cat. 2353

Estas personas no deberían comulgar porque están incumpliendo el sexto mandamiento: «No cometerás adulterio» (Ex 20, 14; Dt 5, 17). Cat. 2331-2400

“Pero yo les digo: Si un hombre se divorcia de su mujer, fuera del caso de unión ilegítima, es como mandarla a cometer adulterio: el hombre que se case con la mujer divorciada, cometerá adulterio” (Mt 5, 32)

Sobre el divorcio y la separación

El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte. El divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente

El divorcio adquiere también su carácter inmoral a causa del desorden que introduce en la célula familiar y en la sociedad. Este desorden entraña daños graves: para el cónyuge, que se ve abandonado; para los hijos, traumatizados por la separación de los padres, y a menudo viviendo en tensión a causa de sus padres; por su efecto contagioso, que hace de él una verdadera plaga social.

Puede ocurrir que uno de los cónyuges sea la víctima inocente del divorcio dictado en conformidad con la ley civil; entonces no contradice el precepto moral. Existe una diferencia considerable entre el cónyuge que se ha esforzado con sinceridad por ser fiel al sacramento del Matrimonio y se ve injustamente abandonado y el que, por una falta grave de su parte, destruye un matrimonio canónicamente válido Familiaris consortio, Juan Pablo II, n° 84 – Cat. 2384/2386

La separación de los esposos con permanencia del vínculo matrimonial puede ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral. (Código de Derecho Canónico can. 1151-1155)Cat. 2383Familiaris consortio, Juan Pablo II, n° 84

Aclaración: lo que dice aquí es que en estos casos no constituye una falta moral, pero no implica que está habilitado de contraer una nueva unión, porque en ese caso estaría faltando al sexto mandamiento como hemos explicado.

¿Los separados o divorciados están excluidos de la Iglesia?

Definitivamente NO.

Estas personas siguen siendo miembros del pueblo de Dios y deben experimentar el amor de Cristo y la cercanía materna de la Iglesia.

Como bautizados, están llamados a participar activamente en la vida de la Iglesia, en la medida en que sea compatible con su situación objetiva y nunca pueden perder la esperanza de alcanzar la salvación.

El sufrimiento de estas personas es el sufrimiento de toda la Iglesia: debemos decir que la Iglesia les quiere, pero ellos deben ver y sentir ese amor. Debe ser una gran tarea de una parroquia, de una comunidad católica, hacer realmente lo posible para que sientan que se les quiere, se les acepta, que no están “fuera” aunque no puedan recibir la absolución ni la Eucaristía: deben ver que también así viven plenamente en la Iglesia. (Ocho tesis del Cardenal Ratzinger, introducción al libro sobre la pastoral de los divorciado vueltos a casar, CDF)

La participación en la vida de la Iglesia de estas personas no se reduce exclusivamente a la cuestión de la recepción de la Eucaristía, Se debe profundizar en la comprensión del valor de la participación al sacrificio de Cristo en la Misa, de la comunión espiritual, de la oración, de la meditación de la palabra de Dios, de las obras de caridad y de justicia.(Carta de los obispo de la Iglesia Católica sobre la recepción der la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar – Congregación para la Doctrina de la de.)

Que debo hacer si estoy en esa situación

En primer lugar debes saber y estar absolutamente tranquilo y seguro eres hijo de Dios y estas llamado a la santidad.

– Debo considerar si ese vínculo matrimonial podría haber sido ser nulo.

La nulidad de matrimonio no es un divorcio católico, la nulidad significa que ese sacramento fue nulo, es decir no existió, por algunas de las causas previstas en código de derecho canónigo.

Muchas veces esto se desconoce o no se avanza porque se cree que es un trámite complicado. Con las últimas reformas introducidas en el procedimiento por el Papa Francisco se ha simplificado y acortado mucho los tiempos. Para informarte en detalle sobre el tema debes dirigirte o comunicarte a la sede del obispado más cercana de dónde vives.

– Debo participar activamente de la vida de la Iglesia y multiplicar mi voluntad y mi fe hacia nuestro Creador, escuchando la Palabra de Dios, frecuentando el sacrificio de la Misa, perseverando en la vida de oración, incrementando las obras de caridad, educando a mis hijos en la fe cristiana, cumpliendo los demás mandamientos y practicando la penitencia para implorar así, día a día, la gracia de Dios. (Familiaris consortio, Juan Pablo II, n° 84).

Uno no conoce los caminos del Señor por lo tanto debes entregarte por completo a Él y confiar por completo en la divina providencia y El que es siempre bueno, justo y misericordioso en todo momento y lugar, dispondrá las vías para que llegues a estar en comunión con El y así alcanzar la felicidad eterna.

“Pero un sacerdote me dijo que puedo comulgar igual”

Lamentablemente esto ocurre en nuestra iglesia y genera gran confusión y escandalo entre los fieles. Estos pastores incurren en grave error.

En la doctrina de la iglesia Catolica se puede hablar de leyes de origen divino y leyes de origen eclesiásticos.

Las leyes de origen divino son aquellas que están fundamentadas explícitamente en las sagradas escrituras. Estas leyes no las puede corregir o modificar nadie por obvias razones, estarían contradiciendo un mandato divino.

Las de origen eclesiásticos son las que ha puesto la Iglesia misma y según las necesidades del momento las puede ir modificando.

Por lo tanto el que diga  o recomiende que los divorciados en nueva unión pueden comulgar, contradice una ley de origen divino de la doctrina de la Iglesia Católica, sea laico, sacerdote, obispo o Papa.

No debemos juzgar al sacerdote o la persona que sostiene esto, ya que somos humanos y nos equivocamos.

Lo importante es saber que si estoy en esa situación no podre comulgar porque así lo dispone la doctrina de la Iglesia Católica que está por encima de cualquier persona humana, que puede equivocarse, y esto es para bien de la misma persona ya que las consecuencias de recibir la eucaristía sin estar en estado de gracia son para esa alma y no para quien dice que puedes hacerlo.

En la acción pastoral se deberá cumplir toda clase de esfuerzos para que se comprenda bien que no se trata de discriminación alguna, sino únicamente de fidelidad absoluta a la voluntad de Cristo que restableció y nos confió de nuevo la indisolubilidad del matrimonio como don del Creador. Será necesario que los pastores y toda la comunidad de fieles sufran y amen junto con las personas interesadas, para que puedan reconocer también en su carga el yugo suave y la carga ligera de Jesús. (Mt 11,30).  (Carta de los obispo de la Iglesia Católica sobre la recepción der la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar – Congregación para la Doctrina de la de.)

Documentos sobre el tema

San Juan Pablo II, Papa

Homilía en la clausura de la V Asamblea del Sínodo de los Obispos (25 de octubre de 1980)

Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, 84 (22 de noviembre de 1981

A los participantes en la XIII Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Familia (24 de enero de 1997)

Clausura de la V Asamblea General del Sínodo de los Obispos

Papa Benedicto XVI

Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, 29. Sobre la Eucaristía fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia (22 de febrero de 2007)

con el clero de la diócesis de Aosta (25 de julio de 2005)

con el clero de Albano (31 de Agosto de 2006)

con el clero de la diócesis de Belluno-Feltre y Treviso (24 de julio de 2007)

Celebración de la Hora Media en el Duomo de Milán. VII Encuentro Mundial de las Familias (Milán, 2 de junio de 2012)

Celebración Eucarística. Homilía del Santo Padre Benedicto XVI. VII Encuentro Mundial de las Familias (Milán, 3 de junio de 2012 )

Congregación para la Doctrina de la Fe

Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar. Annus Internationalis Familiae (14 de septiembre de 1994)

Sobre la atención pastoral de los divorciados vueltos a casar. Libro de la Ed. Palabra 2003, con una introducción del Cardenal Ratzinger y con los comentarios de Tettamanzi, Pompedda, Rodríguez Luño, Marcuzzi y Pelland.

Pontificio Consejo para los Textos Legislativos

Declaración sobre el canon 915 CIC sobre la admisibilidad a la sagrada comunión de los divorciados que se han vuelto a casar (24 de junio de 2000)

Sínodo de los Obispos 2012

Mensaje final de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (26 de octubre de 2012)

Artículo S.E. Mons. Gerhard L. Müller

Testimonio a favor de la fuerza de la Gracia. Sobre la indisolubilidad del matrimonio y el debate acerca de los divorciados vueltos a casar y los sacramentos (L’Osservatore Romano, 23 de octubre de 2013)

Por Carlos Larroque – Contacto: carlos@info-catolica.com

 

 

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