Comentarios a Mt 12, 31

El pecado de los fariseos consiste en atribuir al demonio los milagros que hacía Jesús y en resistir con obstinación a la luz del Espíritu Santo, que les mostraba el cumplimiento de las profecías en Cristo. Es el pecado de cuantos, también hoy, se escandalizan de Él y se resisten a estudiarlo. Cf. 11, 6 y nota.

Mateo 11,6

6*y dichoso el que no se escandalizare de Mí!”

* 6. Dichoso el que no se escandalizare de Mí: Es decir, dichoso el que sabe reconocer que las precedentes palabras de Isaías sobre el Mesías Rey se cumplen realmente en Mí (cf. Lucas 4, 21 y nota), y no tropieza y cae en la duda como los demás, escandalizados por las apariencias de que soy un carpintero (Mat 13, 55; Marcos 6, 3), y porque aparezco oriundo de Nazaret siendo de Belén (Mateo 21, 11; Juan 7, 41 y 52), y porque mi doctrina es contraria a la de los hombres tenidos por sabios y virtuosos, como los fariseos. Dichoso el que cree a pesar de esas apariencias, porque ve esas obras que Yo hago (Juan 10, 33; 14, 12) y esas palabras que ningún otro hombre dijo (Juan 7, 46), y juzga con un juicio recto y no por las apariencias (Juan 7, 24). Porque los que dudan de los escritos de Moisés y de los Profetas (Juan 5, 46) no creerían, aunque un muerto resucitara y les hablase. (Lucas 16, 31). ¡Y esto les pasó aún a los apóstoles con el mismo Jesús resucitado! (Lucas 24, 11). Dichoso el que sabe reconocer, en esa felicidad hoy anunciada a los pobres y cumplida en estos milagros, las profecías gloriosas sobre el Mesías Rey que, junto con dominar toda la tierra (Salmo 71, 8), tiene esa predilección que Yo demuestro por los pobres (Salmo 71, 12 ss.; Lucas 4, 18). Dichoso, en fin, el que, al pie de la Cruz, siga creyendo todavía, como Abrahán, contra toda esperanza (Romanos 4, 18), como creyó mi Madre (Lucas 1, 45; Juan 19, 25 y nota) y comprenda las Escrituras según las cuales era necesario que el Mesías padeciese mucho, muriese y resucitase (Lucas 24, 26 s. y 45 s.; Juan 11, 51 s.; Hechos 3, 22 y nota). Por eso nadie puede ir a Jesús si no le atrae especialmente el divino Padre (Juan 6, 44), porque es demasiado escandaloso el misterio de un Dios víctima de amor (I Corintios 1, 23). Por eso muchas veces, aunque nos decimos creyentes, no creemos, porque somos como el pedregal (Mateo 13, 21). Véase Lucas 7, 23 y nota.

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