Comentarios a Mt 13, 57

* 57. He aquí el gran misterio de la ceguera, obra del príncipe de este mundo que es el padre de la mentira (Juan 8, 44) y cuyo poder es “de la tiniebla” (Lucas 22, 53). Veían lo admirable de su sabiduría y la realidad de sus milagros (versículo 54) y en vez de alegrarse y seguirlo o al menos estudiarlo… se escandalizaban. Y claro está, como tenían que justificarse a sí mismos, sus parientes decían que era loco, y los grandes maestros enseñaban que estaba endemoniado (Marcos 3, 21-22). Por esto es que Él hablaba en parábolas (versículos 10-17), para que no entendieran sino los simples que se convertirían (cf. 11, 25 ss.). Los otros no habrían podido oír la verdad sin enfurecerse, como sucedió cuando entendieron la parábola de los viñadores (Marcos 12, 12 ss.). Por eso es Jesús “Signo de contradicción” (Lucas 2, 34) y lo seremos también sus discípulos (Juan 15, 20 ss.) a causa del “misterio de la iniquidad” o sea del poder diabólico (II Tesalonicenses 2, 7 y 9) cuyo dominio sobre el hombre conocemos perfectamente por la tragedia edénica (véase Sabiduría 2, 24 y nota) y cuyo origen se nos ha revelado también, aunque muy “arcanamente”, en la rebelión de los ángeles, que algunos suponen sucedió en el momento situado entre Génesis 1, 1 y 2. Cf. nuestro estudio sobre Job y el misterio del mal, del dolor y de la muerte.

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