Comentarios a Mt 4, 15

Véase Isaías 9, 1 s. y nota.

Isaías 9, 1

1*No habrá más lobreguez sobre la (tierra)

que (ahora) está en angustia.

Como primeramente (Dios) cubrió de oprobio la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, así al fin hará glorioso el camino del mar, la otra parte del Jordán, la Galilea de los gentiles.

 

* 1 ss. El versículo 1, que según el texto hebreo corresponde al capítulo anterior, dice en la Vulgata (versión de Torres Amat): Primeramente fue menos afligida la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí; y después fue gravemente herido el camino del mar, a través del Jordán, la Galilea de las naciones. Sin embargo, hay que traducirlo con arreglo al hebreo so pena de hacerle decir, como observa Fillion, lo contrario de lo que afirma el profeta. Primeramente: en tiempos de Teglatfalasar III de Asiria, quien devastó el territorio de Zabulón y Neftalí, o sea, Galilea. El camino del mar: que atravesaba ese mismo territorio y comunicaba a Egipto con la Siria. Esta profecía admirable, que sigue de cerca al anuncio del alumbramiento virginal de María y nacimiento del Emmanuel (7, 14) y a la noticia de que Él sería motivo de ruina para los habitantes de Jerusalén (8, 14), fue citada por San Mateo (4, 12 ss.) para explicar por qué Jesús fijó su residencia en Cafarnaúm de Galilea. En efecto, esta provincia, llamada por el profeta “Galilea de los gentiles” y “sombría región de la muerte”, está más alejada de Judea que la misma Samaría, y se hallaba en tiempo de Cristo gobernada por el vil tetrarca Herodes Antipas, cuya primera residencia fue la pagana capital Seforis, de donde se cree procedió nada menos que la Virgen Santísima antes de trasladarse su familia a Nazaret, la ciudad del Nezer (pimpollo) que es nombre bíblico del Mesías, retoño de David. Esta humillada región, de donde los doctores de Israel no admitían que pudiese surgir un profeta (Juan 7, 52), había de tener la gloria de que se la llamase patria de Jesús, de escuchar su Evangelio; de brindarle los primeros discípulos y hasta las mujeres que lo seguían y asistían con sus bienes, entre las cuales estaba Juana la mujer del galileo Cusa, mayordomo de Herodes. Tal fue el designio de Dios, siempre misterioso, que quiso hacer florecer en aquel país paganizado los mejores amigos de su Hijo. No otra fue la conducta de Dios con los samaritanos, a quienes más de una vez había de señalar Jesús como ejemplo para Israel.

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