Comentarios a Mt 4, 23

En las sinagogas de ellos: cf. Hebreos 8, 4 y nota.

Hebreos 8, 4

4*Si Él habitase sobre la tierra, ni siquiera podría ser sacerdote, pues hay ya quienes ofrecen dones según la Ley;

* 4. Pues hay: Fillion hace notar que el griego, a diferencia de la Vulgata, usa el presente (cf. 13, 11) “de donde se concluye, con justificada razón —añade— que el culto judío aun subsistía cuando fue compuesta la Epístola y que ella apareció, por consiguiente, antes de la ruina de Jerusalén. El detalle según la Ley —prosigue— es importante: aquí abajo ya se ofrecía a Dios los sacrificios exigidos por Él; era, pues, menester que el nuevo Pontífice ofreciera el suyo en el cielo”. La actitud de San Pablo frente al culto judío, continuado en el Templo de Jerusalén hasta su destrucción el año 70, así como su conducta en las sinagogas judías donde él mismo predicaba (Hechos de los Apóstoles 13, 14 y 44; 14, 1; 18, 4, etc.), confirma la verdad, a menudo olvidada de que el rechazo definitivo de Israel fue al fin del tiempo de los Hechos de los Apóstoles (Hechos de los Apóstoles 28, 28). Este tiempo le fue acordado a Israel, según la Parábola de la higuera infructuosa (Lucas 6, 13 ss.) para que los judíos de la Dispersión reconocieran, mediante la predicación apostólica, al Mesías resucitado, a quien los jefes de la nación judía rechazaron mientras Él vivió (Hechos de los Apóstoles 3, 17-26 y notas). El mismo Jesús había aludido a esto al anunciar la necesidad de su Muerte y Resurrección (Lucas 24, 44 ss.), pues sin ello la semilla no daría fruto (Juan 12, 24 y 32), ya que antes de eso “aún no había Espíritu” por cuanto Jesús no había sido todavía glorificado (Juan 7, 39). De ahí que durante “esos días anunciados por los Profetas” (Hechos de los Apóstoles 3, 24), los judíos, aun cristianos, frecuentaran el templo y observaran la Ley, continuando sin embargo las señales milagrosas y los carismas visibles del Espíritu Santo. Mas desoída por Israel la predicación de los apóstoles, no sólo en Jerusalén, sino también en Antioquía de Pisidia (Hechos de los Apóstoles 13, 14-48), en Tesalónica (Hechos de los Apóstoles 17, 5-9), en Corinto (Hechos de los Apóstoles 18, 6) y finalmente en Roma, donde Pablo les habla por última vez de Jesús, “según la Ley de Moisés y los Profetas” (Hechos de los Apóstoles 28, 23), el Apóstol, al verlos apartarse (ibíd. versículo 25), les anuncia solemnemente que “esta salud de Dios ha sido transmitida a los gentiles” (ibíd. 28, 28 ss. y notas), a quienes en adelante explayará principalmente el misterio del Cuerpo Místico escondido desde todos los siglos (Efesios 3, 9; Colosenses 1, 26).

admin