¿En donde dice la Biblia que…? – Repuestas a nuestros hermanos protestantes 3

El principio de la libre interpretación de la Biblia

Según la doctrina del protestantismo en general y también de las sectas derivadas de él, no es la Iglesia ni ninguna otra autoridad externa, sino cada individuo, el que tiene que interpretar la Biblia.

Esto se denomina “libre examen”: cada uno interpreta privadamente la Escritura con la ayuda del Espíritu Santo.

En la Declaración de Fe bautista se lee: “Cada ser humano tiene el derecho de estudiarla (a la Biblia) para sí y está en el deber de seguir sus sacrosantas enseñanzas”.

El protestantismo —leemos en otro escrito protestante— es un testimonio histórico en favor del derecho de libre examen y libre interpretación de las Sagradas Escrituras”.

“Solamente el libre examen debe interpretar la Biblia”, escribía un Pastor protestante.

Debido a este principio, las Biblias protestantes se publican sin notas, dejando al lector la interpretación de lo que lee. Es el Espíritu Santo, dicen, el que tiene que enseñar al que la lee lo que dice la Biblia.

Este principio es falso, insostenible y anti-bíblico

¿Dónde dice la Biblia que cada uno debe interpretar la Biblia por sí solo sin ayuda de ningún magisterio?

Basados en el principio de la “sola Escritura”, los protestantes sólo aceptan lo que dice la Biblia y en ninguna parte de las escrituras dice esto. Entonces deberían rechazar este principio porque no se encuentra formulado en ningún lugar de la biblia.

Por el contrario, hay que decir que el principio es anti-bíblico, puesto que si vamos a lo que dice la Biblia vemos que en ella no se dice que cada uno lea la Biblia y la interprete por sí solo, sino que les sea predicado y explicado lo que ella contiene.

Es lo que hace Jesús con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13 y ss). Más aún, en este episodio Jesús critica a sus discípulos por no entender lo que dicen las Escrituras: ¡Oh, insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! (Lc 24,25).

O sea, que los discípulos, habiendo leído (u oído en la Sinagoga) la Palabra de Dios, no les había bastado con su sola interpretación para entender la verdad.

A los apóstoles se les manda, antes de la ascensión de Cristo a los cielos, que vayan y

Prediquen la Buena Nueva -el Evangelio- a todas las gentes, diciéndoles que quienes les crean se salvarán (cf. Mc 16,16).

Dice: “Quienes crean la predicación de los apóstoles”. No dice que se les manda escribir Biblias y repartirlas y dejar a cada fiel a solas con el Espíritu Santo.

Este principio es también anti-bíblico porque contradice lo que señala San Pedro en su

segunda carta hablando de las cartas de Pablo: “En ellas hay pasajes difíciles de entender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan torcidamente –como, por otra parte, lo hacen con el resto de la Escritura– para su propia perdición.” (2Pe 3,16).

Pedro reconoce explícitamente que los poco preparados la tuercen y mal interpretan; por tanto la libre interpretación que hacían estos tales de los escritos paulinos no provenía del Espíritu Santo sino del diablo, puesto que desembocaba en “su propia perdición”.

San Pedro califica estos escritos paulinos como difíciles o que no son fáciles de entender.

También es testimonio de Pedro el que toda profecía de la Escritura no se hace por propia interpretación (2Pe 1,20).

Pedro desconfía de los autodidactas incompetentes que entienden y comentan los textos a su manera. ¿Pero cómo podría tacharse así a cualquier persona si el Espíritu Santo realmente guiase a cada cual en la interpretación personal de la Biblia?

Por este motivo Jesús explicaba las parábolas a sus discípulos (cf. Mc 4,34) y no los dejaba a solas con el Espíritu Santo (como hubiera hecho si se hubiese guiado por los principios protestantes).

San Pedro no va más allá indicando quién debe interpretar las palabras de Dios con autoridad, pero el texto es suficiente para manifestar que proclamar un principio de interpretación privada (libre examen) es contrario a su pensamiento.

Pensar que el Espíritu Santo inspira acertada y autoritativamente a todo el que lee por su cuenta la Escritura, es responsabilizar al Espíritu Santo de toda fantasía personal y ¡va contra lo que dice el mismo texto bíblico!

Todo esto dicho de modo positivo equivale a postular la necesidad de una interpretación oficial (de la cual no se habla en el texto de Pedro).

Este principio, además, destruye la unidad de la Iglesia porque produce anarquía doctrinal y caos teológico, puesto que cada fiel puede interpretar como “el Espíritu le inspire”, pero de hecho, muchos cristianos, (pensamos que de buena fe), se creen inspirados con interpretaciones diversas y contradictorias, como se ve por el permanente desmembramiento de las iglesias protestantes en nuevas sectas y movimientos.

Al leer un mismo pasaje de la Biblia, unos entienden una cosa, y otros otra, aunque sea contradictoria de la primera.

Leyendo la misma Biblia, unos dicen que hay un solo Dios, y otros, que hay varios dioses; unos creen que Jesucristo es Dios, y otros lo niegan; unos dicen que hay infierno, y otros que no lo hay; unos entienden que hay que bautizar a los niños, y

otros que sólo a los adultos; y así en tantas cosas en que difieren entre ellas los centenares de sectas protestantes.

¿Puede el Espíritu Santo, que es Dios, inspirar cosas contradictorias?

¿Puede decirle a uno que hay un solo Dios y a otro que hay varios dioses? ¿A uno, que Jesucristo es Dios, y a otro, que no lo es?

El Espíritu Santo no puede mentir, ni tampoco puede decir la Biblia (palabra de Dios), cosas contradictorias.

Entonces, el principio del libre examen, defendido por las sectas como norma inmediata de fe, que les señala lo que han de creer, es falso, y falsa también, por consiguiente, la religión que lo enseña.

Incluso vemos que importantes autores han dado, en el curso de su vida, interpretaciones diversas de algunos pasajes de la Biblia. Si el Espíritu Santo inspira a quien la lee, ¿es que el Espíritu Santo se ha desmentido de sus anteriores inspiraciones?

Este principio es también impracticable porque muchos tienen imposibilidad física (no saben o no pueden leer), como niños, analfabetos, ciegos, incultos, etc.; y otros tienen imposibilidad moral (quienes cuentan con poco tiempo o poca capacidad mental).

Es tan impracticable este principio que los protestantes mismos lo practican sólo cuando les conviene (muchas veces sin ninguna mala voluntad).

Por ejemplo, muchos de ellos se enojarán al leer estas cosas y tratarán de refutarlas, pero ¿con qué derecho?

Si son fieles a su principio, ¿por qué no me dejan tranquilo interpretando por mi cuenta la Biblia? ¿Acaso el Espíritu Santo no puede ser quien me inspira a mí estas cosas al leer la Biblia? Y si me las inspira a mí, ¿qué tienen ellos que venir a enseñarle a mi Maestro interior?

Todo protestante que intenta enseñarnos algo o corregirnos en alguna cuestión bíblica, traiciona el principio de libre examen.

Cuando un miembro de una secta nos pregunta: ¿dónde dice la Biblia tal o

cual cosa? si uno le respondiera: “me lo inspiró el Espíritu Santo al leer una carta de San Pablo”, él debería callarse, respetando su principio.

Si no respondemos así, es por honestidad y porque no se debe mentir y nosotros sabemos que ese principio es falso.

Tal vez algún miembro de una secta piense que el Espíritu Santo lo inspira a él o a los miembros de su iglesia o secta y no a nosotros. En tal caso, ¿con qué derecho? ¿dice la Biblia en algún lugar que sólo inspirará al Pastor Jiménez o al Ministro Bermúdez, o a tal o cual persona y no a las demás?

El principio del libre examen es, por eso, el principio del anti magisterio: no hay maestros en cuestiones de fe. Pero esto, vale para todos, empezando por los pastores protestantes, quienes deben limitarse a imprimir Biblias y regalarlas callándose la boca.

Este principio además es desmentido por todos (¡t-o-d-o-s!) los protestantes y miembros de sectas, pues todos ellos reparten, regalan y leen traducciones de la Biblia, y no los textos originales. Y toda traducción es una versión, es decir, una interpretación.

Si cada uno debe leer la biblia e interpretarla solo, con la ayuda del Espíritu Santo, ¿por qué la lee en una traducción que es ya una interpretación dada por otro autor?

Y si la interpretación de ese autor es válida y me sirve, entonces ¿por qué la Iglesia católica no puede enseñar a interpretar la Biblia si cualquier traductor lo hace? ¿Acaso no aceptan el magisterio interpretativo de Reina-Valera los protestantes que leen su versión, o los que usan el King James Versión? ¿Acaso Lutero no tradujo -o sea, interpretó- y enseñó sus interpretaciones al legar a sus fieles su versión de la Biblia?

¡Cierto que lo hizo, incluso anulando pasajes que a él no le parecían inspirados!

Y si Lutero podía ser maestro de los demás, entonces no respetó su propio principio. Al menos ¿con qué derecho se quita esta autoridad a los obispos, papas y sacerdotes católicos pero se concede a los traductores y pastores?

Me parece que ésta es una variante de la ley de “la regla para ti, y no hay regla para mí”.

El principio del libre examen encierra una gigantesca contradicción

Los protestantes niegan que la Iglesia católica sea infalible, pero luego aceptan que cada uno de ellos es infalible en su interpretación de la Biblia. Si ellos son infalibles, ¿por qué no puede ser infalible el Papa? Y si el Papa es infalible (y todo el que lee la Biblia es infalible en su interpretación de la Biblia, al menos en lo personal según el principio protestante) ¿por qué no puede enseñar a otros algo en lo cual él es infalible?

Si ellos (los protestantes) no son infalibles, ¿por qué se ponen a objetarnos a los católicos las cosas que creemos? Si no son infalibles, los equivocados pueden ser ellos.

¿Por qué tenemos que ser nosotros los equivocados? Y si todos somos infalibles pero todos creemos cosas diversas, entonces, ¿qué es la infalibilidad?

Dos cuestiones finales

La primera es reiterar que nuestra intención no es privar a los protestantes de la Biblia; ésta es una extraordinaria riqueza que ellos valoran mucho y que les hace mucho bien; y en muchos casos son un ejemplo para muchos católicos que no valoran la Palabra de Dios como debieran.

Nuestra intención no ha sido otra que mostrarles y recordarles que, si bien ellos poseen la verdadera Revelación, (aunque incompleta, desde nuestra perspectiva), ésta la han heredado -históricamente hablando- de la tradición católica, y se las ha garantizado el magisterio de la Iglesia Católica.

Es la Iglesia católica, en su tradición y magisterio de los primeros siglos, la que ha juntado, custodiado, preservado y discernido los libros con que hoy todos los cristianos (tanto católicos como no católicos) alimentamos nuestras almas.

Pero los principios por los cuales los protestantes creen que deben interpretar la Biblia sin magisterio alguno, los lleva a la destrucción del principio fundamental de su fe, no a preservarlo.

Lo segundo es que, en todas las respuestas que seguirán en los próximos capítulos, debe tenerse en cuenta que no se ha de responder a los no católicos que ponen objeciones a partir de la Biblia sobre los temas que ellos quieren discutir, sino llevarlos a la cuestión fundamental: que demuestren por qué usan la Biblia; si ellos no quieren ir a ese campo, habrá que recordar aquel aleccionador episodio de Nuestro Señor (Mc 11,27-33):

Mientras (Jesús) paseaba por el Templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le dijeron: “¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?”. Jesús les dijo: “Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme”. Ellos discurrían entre sí: “Si decimos: ‘Del cielo’, nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Pero ¿vamos a decir acaso: ‘De los hombres?'” (tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta). Por tanto, respondieron a Jesús: “No sabemos”. Y Jesús entonces les dijo: “Entonces tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto”.

3 comments

  1. Muy importante apoyo para quienes profesamos la fe católica y vemos tantas falsas interpretaciones de lo que nos enseña la Biblia ,

  2. QUERIDOS HERMANOS,LEO CON MUCHA ATENCION SU PUBLICACION. SOY CREYENTE. PASTOR . TENGO AMIGOS CATOLICOS LAICOS Y SACERDOTES. COMPARTO LO QUE EXPONEN . ES MUY PELIGROSA LA INTERPRETACION INDIVIDUAL DE LA PALABRA. BENDICIONES DEL SEÑOR

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