Controversias con los fariseos (Mt 15, 1-20) – Explicación y aplicación

San Mateo 15, 1-20 Controversias con los fariseos

Explicación Mateo 15, 1-20

Los escribas y fariseos van a Jesús.

Los escribas y fariseos estaban distribuidos por todo el territorio en cada una de las tribus. El evangelista aclara que los escribas y fariseos que van a Jesús son los de Jerusalén. Los de Jerusalén eran los que se suponían mas sabios y gozaban de mayores honores por lo tanto también eran los más soberbios. Podemos suponer que hasta era una delegación oficial la que se acercó a Jesús en esta ocasión.

Van a Jesús cuando se enteran de la cantidad de milagros y prodigios que Jesús está realizando. Y no van a aprender de El sino a combatirlo, por lo que lo cuestionan diciendo: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?”

Las tradiciones judías de la época

El evangelista Marcos nos cuenta como era esta tradición: “Los fariseos y todos los judíos no comían pan, si antes no se lavaban muchas veces las manos” (Mc 7,3).

Los fariseos van a quedar atrapados en su misma pregunta. No dicen: por qué traspasan la ley de Moisés; sino la tradición de los ancianos. Se deduce aquí bien claro que los sacerdotes introducían muchos adicionales a las leyes, a pesar de haber dicho Moisés: “No añadiréis nada a la palabra que os propongo hoy, ni quitaréis nada de ella” (Dt 4,2).

Cuando les convenía quedar exentos de ciertas observancias, introducían nuevas normas para saltear estas otras o para complicar su cumplimiento por temor de que alguno les usurpara el poder supremo, queriendo ser más temibles, como si fueran ellos los legisladores. Se basan en las palabras de los profetas desvirtuándolas y dándole un sentido carnal, por ejemplo, en este caso las del profeta Isaías: “Lavaos y sed puros” (Is 1, 16). Por eso Jesús dirá: “atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo”. (Mt 23,4).

Los discípulos comían sin lavarse las manos porque despreciaban todo lo superfluo, sólo atendían a lo necesario y no tenían por precepto de la ley el lavarse o no lavarse. Practicaban lo uno y lo otro, según se presentaban las ocasiones. ¿cómo se habían de ocupar de estas superficialidades los que despreciaban hasta el alimento indispensable?

La réplica de Jesús

Cristo les replicó inmediatamente, haciéndoles ver que aquellos que cometían las faltas más grandes no debían preocuparse de las faltas ligeras cometidas por otros. No les dice que los discípulos obren bien con esta infracción, a fin de no dar a los judíos motivo para calumniar, ni tampoco condena a los discípulos, para evitar que creyeran que aprobaba tales tradiciones; sino que hace recaer su reprensión sobre los que habían venido a verlo.

Es como que les dice ¿ustedes que desprecian los preceptos divinos por tradiciones humanas pretenden reprender a mis discípulos porque tienen poco aprecio a las tradiciones humanas de los ancianos cuando se trata de cumplir los mandamientos de Dios?

La reglamentación de la ley de Dios a conveniencia

Jesús les da un ejemplo claro de lo que han hecho para saltearse uno de los mandamientos de Dios cuando les es conveniente, el cuarto mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”.

Resulta que para librarse de las obligaciones para con sus padres, si eso les era conveniente, habían reglamentado sobre el mandamiento de Dios, de manera que realizando una ofrenda al templo se libraban de esta responsabilidad.

“El honrar a sus padres” no significaba solo los saludos y respetos exteriores, sino la asistencia tanto material, física y espiritual para su vida.

Jesús no solo les muestra como por conveniencia habían modificado a conveniencia el mandato divino, sino que les recuerda las consecuencias de no cumplirlo, diciéndoles: “El que maldice a su padre o a su madre, será condenado a muerte”.

Jesús les dice que Dios dispone que el que deshonre a sus padres de palabra es digno de muerte, entonces mucho más lo serán ustedes que los deshonran con las obras. Y en el caso de los fariseos es aún más grave porque no solo lo hacen ellos, sino que enseñan a los demás a hacerlo. Entonces, ¿Cómo ustedes que son dignos de muerte acusan a mis discípulos? Ustedes educan a sus hijos en estos principios perversos y por eso los hijos no honran después a sus padres. De esta manera hacen servir el mandamiento de Dios sobre la ayuda que deben dar los hijos a sus padres, para vuestra avaricia.

La perversidad con que había sido hecha esta disposición implicaba que las personas que por distintos motivos querían librarse de la responsabilidad de hacerse cargo de sus padres ofrecieran lo que correspondía para su manutención en el templo, es decir esas ofrendas pasaban a engrosar las ganancias y riquezas de los sacerdotes y ellos se libraban de atender a sus padres.

Les hacían creer a los hijos que era mejor consagrar a Dios lo que le debían dar a sus padres y de esa manera les aprovecharía mejor a ellos y a sus padres, mientras los sacerdotes se apoderaban de esos bienes.

Estas tradiciones son las que luego San Pablo llamara “Fábulas profanas y cuentos de viejas”(1, Tim 4).

Jesús los acusa gravemente y los expone ante el pueblo

Podemos ver como Jesús no los está acusando de cosas pequeñas, sino que los acusa de cosas muy graves. Los descubre y lo expone ante el pueblo como nadie podía hacerlo, de esta manera podemos comenzar a comprender como y porque lo persiguen para matarlos.

Jesús los está acusando de modificar la ley de Dios y enseñarla deformada para quedarse con los bienes de los fieles y así perpetuarse en el poder.

Habiendo demostrado Jesús que no eran dignos de reprender a los discípulos, los llama hipócritas.

Hipócrita es aquella persona que simula o finge ser lo que no es. Hace una cosa y siente otra distinta en su corazón. Jesús los llama hipócritas porque con el pretexto de dar culto a Dios, no deseaban más que amontonar grandes riquezas y poder.

Isaías como gran profeta ya lo había visto y por eso lo profetizo. Nuestro Señor les recuerda lo que profetizo Isaías, ya que ellos eran expertos en la escritura y conocían muy bien sobre esta profecía.

El pueblo parecía que se acercaba a Dios y lo alababa, pero sus alabanzas no eran correspondidas en la práctica con su accionar ya que a pesar de tantos signos y milagros no quisieron reconocer la divinidad de Jesús y no se convirtieron. Como cuando decían “Maestro, sabemos que tú eres la verdad”; pero luego su corazón estuvo muy lejos de El cuándo mandaron a apresarle, flagelarlo y matarlo.

Jesús se dirige al pueblo

Luego de haber reprendido a los fariseos con el testimonio del profeta y viendo que no se corregían, se dirige al pueblo y como va a explicar algo fundamental y nuevo los prepara diciéndoles: “escuchen y comprendan”.

Lo que Jesús explica aquí exige un nuevo modo de pensar que no se orienta formalmente en la letra de la ley, sino en los sentimientos del corazón. Es necesario que escuchen y entiendan de nuevo, para así ajustar su conducta a este nuevo modo de pensar y obrar.

Jesús les dice: “no es lo que entra por la boca contamina al hombre”, alude a lo externo que en este caso es el alimento, el cual se come sin lavarse las manos o sin haberlo purificado.

Las tradiciones judías sobre la pureza

En esa época los judíos consideraban impuro a una persona por una cantidad de situaciones, de “manchas” externas, era una impureza ritual y esta impureza podía eliminarse con determinadas ceremonias. En este caso había todo un ritual antes de comer los alimentos que implicaba purificar los alimentos y lavarse las manos de una manera determinada.

Esta era la idea de pureza que tenían los judíos en la época de Jesús y era tal la importancia que le daban que la persona que se convertía en impura era aislada de la comunidad hasta que se purificara por esta serie de rituales de purificación.

Por ejemplo, se volvían impuros además de quienes no purificaban los alimentos y se lavaban las manos, el que toca a un leproso, a un muerto o incluso un sepulcro, el que está sentado a la mesa con pecadores públicos, las mujeres en las semanas del nacimiento de su hijo, entre otras tantas situaciones.

Jesús explica el verdadero sentido de la ley

Entonces Jesús les dice “lo que sale de tu boca es lo que te hace impuro”. Es decir, lo externo no es lo importante, lo importante es lo que ocurre en tu corazón, tu actitud moral. Todo lo exterior no le ha de temer el hombre ya que no le hace indigno de Dios ni le separa de la comunidad de los hombres. Lo que te hace indigno de Dios son las machas en tu corazón.

Esto cambia radicalmente la ley, no la anula, pueden seguir realizando estos rituales si quieren, pero de ahora en más deben saber que eso no tiene importancia para la justificación, lo importante es la situación interior y es este estado del corazón lo que los hará dignos de alcanzar el Reino de Dios.

Los fariseos se escandalizan

Cuando en la biblia se habla de escándalo, significa todo lo que sirve de estorbo, caída o tropiezo. El que escandaliza es aquel que con sus palabras o hechos da ocasión a la caída del otro o es un estorbo para su progreso.

Se acercaron los discípulos y le dijeron que los fariseos se habían escandalizado. No era para menos, Jesús con unas pocas palabras destruye todas estas observancias que ellos decían daban la consistencia a su religión.

Esto si es revolucionario, Jesús con sus palabras cambia completamente el sentido y la forma de obrar de acuerdo a la ley. El hombre se vuelve impuro desde dentro y no desde el exterior, imaginemos la conmoción que esto debe de haber causado.

Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz

Jesús les dirá: “toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz”. No se refiere aquí a una persona o a un pueblo en particular, ya que toda persona fue plantada por Dios, sino a la doctrina de los fariseos que no es Dios. Esta doctrina es una plantación de hombres y no una plantación de Dios.

Dios al crearnos (plantarnos) nos ha dado el libre albedrio y los fariseos han decidido cambiarse de viña, a la viña que no es de Dios. Ellos creían que formaban la comunidad pura e ideal de Israel, pero Jesús dice que están maduros para el castigo. Se escandalizan, en vez de convertirse. Ya se los había advertido el Bautista: “El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (Mt 3,10).

Ciegos que guían a otros ciegos

Jesús agrega: “son ciegos que guían a otros ciegos”. Un ciego no puede guiar a otro ciego. El pueblo también este ciego, porque solamente tiene guías que han perdido la vista. Jesús se los dirá varias veces y de distinta manera. El pueblo se cansa sirviendo a la ley de un modo formal y molesto, recibe sobre los hombros un yugo que es tosco y áspero (Mt 11,28), se le impone una carga que nadie puede soportar, y que los escribas y fariseos ni siquiera tocan (Mt 23,4). “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Pues vosotros no entráis, ni dejáis que entren los que están para entrar” (Mt 23,13).

Tanto los dirigentes como el pueblo caerán en el abismo, pero el pueblo carece de culpa, porque no puede prescindir de sus maestros y pastores. Sobre éstos recae toda la responsabilidad.

Pedro pide una aclaración

Pedro vuelve a actuar como portavoz de los discípulos. Pide una aclaración de las palabras de Jesús.

Jesús le responde primero en forma de reproche, ¿cómo es posible que estén todavía sin entender?

No se han escandalizado, pero tampoco han comprendido la verdad interna y el sentido de las palabras de Jesús. Todo depende de esta comprensión. Están en camino de conseguirla, pero todavía no lo han logrado porque aún no poseían la plena fe (Mt 14,31).

Jesús se lo explica más claramente. Lo que sale por la boca, viene del corazón, es decir, del pensamiento y de la voluntad humana. Es ahí donde se producen los malos pensamientos que luego se convierten en palabras crueles y malas acciones.

Se trata de pensar y hacer de una manera moral en su raíz, dirigida al bien absoluto que es Dios. Jesús sigue complementando la enseñanza del sermón de la montaña. Ante esta enseñanza, ¿qué importancia tiene comer sin haberse lavado las manos?

Lo malo que se genera en el corazón del hombre es lo que lo incapacita para las cosas divinas y le hace indigno de la comunidad. En definitiva, lo que Jesús nos dice que es la falta de amor en la forma que sea lo que separa de Dios y de los hombres.

Aplicación de Mateo 15, 1-20

Evitar la actitud del fariseo

En la actitud del fariseo se destaca la soberbia. Cree que cumple la ley a la perfección y es agradable a Dios y por eso se cree salvado y muy por encima de los demás.

Debemos evitar esta tentación, que es continua y muy sutil. Nos puede suceder sobre todo a quienes hemos decidido avanzar en el camino de la fe que creamos ser más agradables a Dios y así despreciar y creernos más que aquel que no esta tan cerca de la Iglesia.

Cuando este pensamiento nos invade y lo consentimos, ¡cuidado!, porque hemos abierto la puerta a la soberbia y esta es la raíz de todo pecado. Esta tentación siempre va a estar, debemos saber detectarla de inmediato y en la oración pedir la ayuda divina para que no nos deje caer en esta tentación y que Nuestro Señor nos dé la gracia de crecer en humildad.

No acomodarnos la ley a nuestra conveniencia

Otra tentación y que es muy común en nuestros días de modernismo en nuestra Iglesia, es como los fariseos acomodar la ley a nuestra conveniencia. Se suele escuchar: ¡tal mandamiento no se puede cumplir!, ¡los mandamientos son una cosa antigua, son de otra época, hoy no se pueden cumplir, entonces hay que adaptarlo a esta época moderna!, ¡la Iglesia se debe acomodar a los tiempos modernos!

En conclusión, a partir de estos pensamientos se comienzan a adaptar los mandamientos a nuestra conveniencia. La causa de este tipo de conclusiones es que quien las hace ha perdido la visión trascendente y sobrenatural de nuestra religión.

Debemos saber dos cosas al respecto: en primer lugar, los mandamientos y la enseñanza de la Iglesia sobre estos es para nuestro bien y para que alcancemos nuestro fin último que es llegar a la presencia de Dios y compartir en su presencia la felicidad eterna.

En segundo lugar, no vamos a cumplir con los mandatos de Dios por nuestros propios medios o nuestras propias fuerzas, este es el gran error en el que se cae y por eso queremos adaptar los mandatos de Dios a lo que consideramos cumplible con nuestras propias fuerzas.

Por nuestra debilidad a causa del pecado no podemos realizarlo por nuestros propios medios, pero Dios en su infinita misericordia nos promete su asistencia a través de la gracia para que podamos cumplir su voluntad e ir a Él. Esta gracia debemos pedirla en oración y en comunión con Jesucristo, Nuestro Redentor. Solo con su gracia podemos avanzar en el cumplimiento de su voluntad y en el camino de santidad.

El escándalo y la hipocresía

Debemos ser muy conscientes y prudentes de no ser motivo de escándalo para nuestros hermanos, es decir, ser motivo de estorbo en su progreso o, pero aun de su caída.

¿Qué significa esto? Como decíamos antes, por ejemplo, cuando adaptamos los mandamientos a nuestra conveniencia y así lo predicamos y enseñamos, generamos confusión y somos motivos de escándalo. Cuando somos hipócritas, es decir fingimos lo que no somos, somos motivo de escándalo. Cuando no actuamos coherentemente con lo que predicamos somos motivo de escándalo.

Es verdad que todos somos pecadores y no nos haremos justos de un día para otro, pero es nuestro deber si queremos alcanzar la santidad por medio de la gracia perfeccionarnos en la virtud y así seremos cada vez menos motivo de escándalo para nuestro prójimo. Por el contrario, con nuestro accionar debemos aspirar a ser motivo de conversión de los demás.

La sana y santa doctrina

Para no caer en el error o en propias interpretaciones es fundamental estudiar la sana y santa doctrina de nuestra religión católica que es la única verdadera. La Iglesia a través de los siglos y con la asistencia del Espíritu Santo a través del magisterio ha ido iluminando esta santa doctrina para nuestro bien y como medio para nuestra santificación. Es nuestro deber conocerla, estudiarla, aceptarla y llevarla a la práctica.

El verdadero sentido de la ley, el amor

Como Jesús nos explica en el evangelio el verdadero sentido de la ley está en lo que tenemos en nuestro corazón. Si en nuestro corazón tenemos odio, ira, orgullo, soberbia, etc. nuestras acciones estarán en consecuencia con estos sentimientos. En cambio, sí en nuestro corazón tenemos amor nuestras acciones serán movidas por este excelente sentimiento. El verdadero sentido de la ley es el amor.

Este es un buen ejercicio para el católico que quiere avanzar en la virtud y el camino de santidad: preguntarse ¿Qué hay en mi corazón? Como nuestras acciones serán consecuencia de estos sentimientos pedirle a Nuestro Señor en la oración que cambie nuestro corazón, que lo vacíe y lo llene todo con su amor.

Esto decía San Agustín: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”. San Agustín de Hipona.

Como ayuda podemos decir que amar es desear el bien del otro en todo momento. Como se ve esto no es tan simple y está claro que tampoco podremos lograrlo con nuestras propias fuerzas.

Solo a partir del amor a Dios, que es la verdadera caridad, ira cambiando nuestro corazón. Esta es la verdadera transformación del corazón, la caridad, el amor a Dios sobre todas las cosas y sobre toda criatura que es un amor sobrenatural que transforma todo nuestro ser y solo a partir de este amor nuestras acciones comenzaran a purificarse.

Y entonces podremos decir con San Pablo: “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”. (Gal 2,20).

Pedimos por intercesión de Nuestra Santísima Madre María que Nuestro Señor nos dé la gracia de que en nuestro corazón crezca la caridad y así nuestras acciones sean consecuencia de ese amor sobrenatural. Amen.

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