Jesús camina sobre las aguas (Mt 14, 23-36) – Explicación y aplicación

San Mateo 14, 23-36 Jesús camina sobre las aguas

Explicación Mateo de 14, 23-36

Jesús y la oración

Una vez realizado el milagro de la multiplicación Jesús hace subir a los discípulos a la barca, despide a la gente, se retiró a orar y estuvo hasta el atardecer. Recordemos que Él se había retirado en la barca para alejarse y orar, pero la multitud lo siguió, entonces desembarco, atendió a la multitud y ahora si se retira a orar.

Jesús nos muestra una vez más, como en tantos otros pasajes del evangelio, la importancia de la oración y nos recomienda de que forma debemos orar sobre todo después de la actividad: solos, retirados y en silencio para poder lograr un mayor recogimiento y dialogo con Dios.

Los discípulos expuestos a la tempestad

Otra vez se encuentran los discípulos expuestos a la tempestad en la barca, pero esta vez están solos.  Anteriormente Jesús estaba en la barca durmiendo. (Mt 8, 23-27)

Imaginemos la situación en la que se encuentran los discípulos. En una tormenta con mucho viento en un lago como ese, se generan olas que pueden alcanzar hasta 4 o 5 mts de altura. Imaginemos esa barca subiendo y bajando al ritmo de esas olas, el agua pasando por encima, entrando en la barca y ellos tratando de mantener el rumbo para no naufragar o hundirse.  La experiencia que se vive es extrema, se experimenta toda la fuerza de la naturaleza en contra de uno, prácticamente no se tiene ningún tipo de control sobre la situación, se esta a merced de las fuerzas naturales, uno se siente insignificante y se espera la catástrofe o el final en cualquier momento.

Jesús los envía solo para que de esta manera se vayan acostumbrando a sufrir con valor la adversidad y no buscar una solución rápida.

Estando ya asustados por la adversidad de la tormenta se les suma otra situación, ven un hombre caminando sobre el mar y suponen que es un fantasma, se agrega un elemento mas de terror a la situación, dice: “llenos de terror se pusieron a gritar”.

Pareciera como que Nuestro Señor nos advierte con las situaciones más difíciles siempre que va a poner fin a algún mal. Porque no queriendo probar por más tiempo al justo, al final del combate, aumentan las dificultades para que sus méritos sean mayores; así ocurrió por ejemplo con Abraham, a quien mandó como última prueba la inmolación de su hijo.

Una vez que habían experimentado el máximo terror Jesús se da conocer hablándoles y les dice: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. Sin duda deben haber conocido la voz de Jesús que era muy familiar para ellos y esto los habrá calmado, pero seguían con dudas, ya que era de noche, eran agitados por la tempestad y no podían verlo bien.

Pedro camina hacia el sobre el agua

Pedro quien dio pruebas en muchas ocasiones de una gran fe, creyó, mientras los demás se callaban, que con el poder de Jesús podría hacer lo que no podía con sus fuerzas naturales. Por eso le dice: “mándame ir a ti”. Tan grande era la fe de Pedro que estaba seguro de que si el que veían y les hablaba era Jesús, podía hacer que no solo El caminara sobre el agua, sino que otros también lo hicieran. Pedro tenia una gran fe en el poder de Dios hecho hombre.

Pedro no le dice hazme caminar sobre las aguas, sino “mándame ir a ti”, no para que hiciera ostentación de este prodigio, sino por el gran amor que tenía a Jesús. Como diciendo si eres tú el que está aquí, ya no tengo nada que temer, y lo único que quiero es ir a ti que eres la paz aun en la tormenta.

En el milagro de caminar sobre las aguas, se ve el dominio de Nuestro Señor sobre el mar y sobre toda la naturaleza, por eso le dice a Pedro “ven”.

No hay dudas sobre este milagro, fueron varios los testigos. Muchos luego decían que Jesús era un espíritu o un cuerpo sin peso, esto es contrario a la fe católica y está claro que el de Pedro era un cuerpo real y con peso.

El miedo y la duda de Pedro

Pedro, después de haber vencido la mayor dificultad, el caminar sobre las aguas, se asusta en lo que era menos difícil, en el embate del viento. Sin duda necesito una gran fe y confianza en el poder de Jesús para bajarse de la barca al agua en esas condiciones, pero cuando iba andando miro a su alrededor y tuvo miedo, así es la naturaleza humana, frecuentemente obra bien en las cosas grandes y es digna de reprensión en las insignificantes.

Jesús permite un incremento de la tentación para que aumente su fe y para que comprenda que su salvación no fue resultado de su súplica, sino del poder del Señor. Sin duda Pedro tenía una gran fe, pero la fragilidad humana le arrastraba al abismo.

Pero a pesar de esta fragilidad humana, sigue confiando y esperando todo de su Maestro, cuando comenzó a hundirse, le grito “Señor, sálvame”.  Le pide que lo salve porque sin duda cree y confía plenamente que tiene el poder para hacerlo.

Como no podía ser de otra manera Jesús extiende su mano y lo levanta, como lo hace con cada uno que confiando en El le suplica de esta manera.

Jesús no manda que se calme el viento, sino que extendió su mano y levanto a Pedro, porque era necesario que tuviese fe. Porque cuando nos falta a nosotros lo que es propiamente nuestro como la fe, lo que es de Dios jamás falta y para manifestarle que no era la violencia del viento sino su poca fe lo que le hacía temer por su vida, le dice: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

Realmente eres el hijo de Dios

Dice que cuando Jesús sube a la barca el viento se calmó y los discípulos se postraron ante El adorándolo y reconociendo que era verdaderamente el hijo de Dios.

No es que no lo supieran, pero su naturaleza humana en ocasiones los hacia dudar y Jesús a través de signos y milagros iba fortaleciendo su fe y revelándole los misterios ya que el sabia que lo iban a necesitar en el futuro para llevar adelante su misión.

Milagros en la Genesaret

Cuando bajaron en Genesaret la gente fue a su encuentro y avisaban a todos a su alrededor para que llevaran a sus enfermos y el los curara. Vemos aquí la gran fe de los habitantes de esta región, ya que muchos lo conocían solo por su gran fama y por los milagros realizados en otros pueblos. No le piden que sane a los enfermos para probarlo, sino que los atraía su gran fe, creían que Jesús tenía el poder de sanar.

Es notable como el evangelista no precisa la cantidad de sanaciones, han sido muchos los milagros que Jesús realizo en ese momento y así hay muchos pasajes donde los evangelistas cuentan estos signos y milagros como algo habitual. Sin duda los signos que ha realizado Nuestro Señor para que su pueblo crea y se salven han sido incontables.

El sentido místico

Jesús sube solo a orar al Padre en la montaña. La montaña es la altura, es decir, el cielo, y sube solo porque no sube al cielo nadie mas que aquel que descendió del cielo.

La barca donde van los discípulos es la iglesia y el mar con la tempestad el mundo. Jesús nos manda vivir dentro de la Iglesia (la barca) y en medio del mundo (el mar agitado) hasta su regreso. Él se aparece casi al terminar la noche caminando sobre el mar. El final de la noche es el fin de los tiempos cuando vendrá Nuestro Señor a Juzgar a vivos y muertos.

Aplicación de Mateo 14, 23-36

Jesús maestro de oración

Jesús es maestro de oración, en su vida terrenal nos enseño con su ejemplo que la oración es el gran medio por el cual podemos alabar, adorar, agradecer y pedir a nuestro Creador lo que necesitamos, tanto los bienes espirituales como materiales que colaboren con nuestra justificación. También nos enseñó cómo hacerlo: retirados y en silencio. Y nos dejó la oración con la cual debemos dirigirnos al padre. (Mt 6, 5-15).

Cuando Dios creo a Adam y Eva, antes del pecado original, El mismo los visitaba por las tardes dice el Genesis, es decir, hablaban con El en su presencia. Luego del pecado original, Dios se retiró, pero en su infinito amor y misericordia no corto el vínculo vital con el hombre, ese vínculo lo tenemos hoy por medio de la oración.

Debemos tomar conciencia de este inefable medio por el cual nos comunicamos con el que todo lo puede, con El que con su palabra a sacado todo de la nada, con el que nos ama infinitamente, nuestro Creador.

La oración implica la humildad y la obediencia, sabernos criatura de Dios y que al El le pertenecemos y a El debemos ir, esa es la primera disposición de quien va a comenzar un dialogo con nuestro Padre Todopoderoso.

No hay medio más importante para el hombre que este. Es mediante la oración, en este dialogo íntimo, donde Dios va realizando los movimientos en nuestra alma por el cual vamos a Él y avanzamos en nuestra santificación.

La oración mas excelente es la participación con la mayor devoción en la Santa Misa donde Jesús se ofrece al padre como sacrificio por nosotros.

Vivimos expuestos a la tempestad

Como los discípulos en este mundo vivimos expuestos a la tempestad. Por tempestad podemos entender entre otras cosas:

-La persecución o el rechazo por intentar vivir la moral cristiana en un mundo que la acepta cada vez menos y es hostil a esta moral. Tal vez en nuestro caso no es una persecución de tortura y de muerte, pero si en pequeñas cosas, como la exclusión de grupos, lugares, burlas, agresiones verbales y hasta condena social.

-Las adversidades personales, cuando las cosas no salen como nosotros las pensamos, sea en el trabajo, en la familia o en la perdida sea de algún ser querido, un trabajo, algo material, una relación, etc.

-Las tentaciones del maligno para alejarnos de la vida de gracia, dentro de las cuales, una de las más terrible puede ser la duda en la fe.

Somos probados en la fe para nuestro progreso en la santidad

Ocurre sobre todo en las personas que tienen la voluntad de progresar en el camino de santidad que nuestro Señor permite que seamos tentados en la fe, como Pedro cuando caminaba sobre el agua y dudo, sea por la duda misma en la fe o por una adversidad como las antes mencionada.

Suele ocurrir que en la adversidad y aun en la oración nos viene la duda, esto se manifiesta en preguntas interiores tales como: ¿Qué estoy haciendo acá?, ¿En verdad Dios existe?, si existe, ¿se va a fijar en mí y en mi problema?, ¡Mejor veo como puedo arreglarlo por mi cuenta¡, y otras dudas similares con que el demonio nos puede tentar para alejarnos de Dios.

Cuando esto ocurre debemos saber que esto no es malo, sino que justamente es para nuestro bien y debemos pasar por esto si queremos avanzar en el camino hacia la unión con nuestro Creador.

En estos casos debemos confirmar nuestra fe como hizo Pedro diciéndole “Señor sálvame”. Ir delante de Cristo vivo en el sagrario y decirle: ¡Señor, si creo, acepto esta prueba, pero ayúdame a pasarla, porque soy frágil, para mí solo es muy duro y tengo miedo, solo en vos confío y en vos todo lo espero!

También es muy recomendable en estas situaciones pedir el auxilio y compañía de nuestra Madre María, mediadora de todas las gracias. Ella sin duda intercederá por la ayuda divina.

San Pablo nos dirá en su carta a los Corintios:  Hasta ahora, ustedes no tuvieron tentaciones que superen sus fuerzas humanas. Dios es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla. (Cor I 10,13).

Es decir, no pretendamos soportar la prueba con orgullo y soberbia, mas bien pidamos a nuestro Señor los medios como lo hizo Pedro y así confirmaremos nuestra fe y habremos progresado en el camino a la patria Celestial.

San Ignacio de Loyola habla de momentos de desolación y momentos de consolación y en nuestra vida terrenal continuamente uno sucede al otro, así lo dispone Dios para nuestro progreso.

En los tiempos de consolación es cuando sentimos una gran presencia de Dios en nuestra alma y nuestra vida, es el momento de tomar fuerza y confianza para lo que vendrá.

Los momentos de desolación son los momentos de prueba, donde parece que Dios se retira y nosotros mediante la voluntad debemos confirmar nuestra fe. Son estos momentos donde mas debemos recurrir a la oración, a los sacramentos y a la meditación de la palabra de Dios.

En los momentos de desolación también es bueno recordar los momentos que vivimos de consolación, esto fortalece la esperanza.

Pedimos por intercesión de Nuestra Santísima Madre María que Nuestro Señor nos dé la gracia de aceptar y soportar las pruebas recurriendo siempre a su auxilio para confirmar y aumentar nuestra fe. Amen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *