La mujer Cananea (Mt 15, 21-31) – Explicación y aplicación

San Mateo 15, 1-20 Controversias con los fariseos

Explicación de Mateo 15, 21-31

El viaje a territorio pagano

Tiro y Sidón pertenecían al país de los cananeos. Los cananeos eran paganos y por este motivo y para que los judíos no se contaminaran con sus ídolos habían sido expulsados de Israel. Eran dos ciudades comerciales y prosperas.

Jesús siempre ha permanecido en territorio judío, esta es una de las pocas veces que va a territorio de los gentiles.

Respecto de esto pareciera haber una contradicción en cuanto Jesús había dicho a sus discípulos que no fueran por el camino de los gentiles y ahora lo hace El. Diremos que, en primer lugar, Nuestro Señor no estaba sujeto al precepto que dio a los discípulos, y además no fue allí a predicar, nos explica San Marcos que entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto (Mc 7,24).

Los evangelistas no aclaran en concreto a que fue, es probable que no les haya revelado el motivo, pero podemos suponer que uno de los motivos puede haber sido que, ante la perversidad y la negativa de la conversión de los líderes de Israel, Nuestro Señor adelanta una muestra de lo que luego sucedería: ante la negativa del pueblo judío Pedro recibió en una visión la orden de abolir esa ley, e inmediatamente fue enviado a Cornelio (Hch 10,5).

La mujer cananea (pagana)

El evangelista destaca que la mujer era cananea no para que sepamos su nacionalidad sino para destacar que era pagana. Pero esta mujer se muestra más sabia que los judíos ya que reconoce su divinidad llamándolo “Señor” y a su vez su humanidad llamándolo “hijo de David”.

Vemos en ella una gran acción de Dios ya que viviendo ella en una cultura de idolatría y supersticiones no fue en busca de fórmulas vanas, sino que dejando estas supersticiones diabólicas de lado va directamente a Nuestro Señor.

No va a Juan o Pedro, va directamente a Jesús, no pidiendo nada por sus méritos sino invocando misericordia, por eso le dice “ten piedad de mi”. Y no dice ten piedad de mi hija, sino de mí, porque el dolor de la hija es el dolor de la madre y a fin de moverlo a compasión, le cuenta todo su dolor: “Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”.

La repuesta de Jesús

Llamativamente Jesús no le responde. Y no es que no le responde por un acto de soberbia como el de los dirigentes judíos. Sino que no le responde para no parecer que estaban en contradicción su conducta y aquellas palabras suyas: “No vayáis por los caminos de los gentiles” (Mt 10,5). No quería dar motivo a que le calumniaran y reservaba para el tiempo de su pasión y resurrección la completa salvación de los gentiles. Por otro lado, para probar la fe de esta mujer en la perseverancia de su pedido.

El pedido de los discípulos y la repuesta de Jesús

Los discípulos, que aún no sabían en ese tiempo los misterios de Dios, le rogaron a Jesús que la atienda, no sabemos si por compasión, o bien porque deseaban librarse de sus gritos que les molestaba.

Ahora, ante el pedido de los discípulos, Nuestro Señor les da una respuesta, pero su respuesta y su actitud hacia la cananea puede sorprendernos, “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”.

Debemos aclarar que no dice esto porque no hubiera sido enviado a las demás naciones, sino para indicar que fue a Israel, a donde primeramente había sido enviado y que después de que este pueblo lo rechazara, El pasaría con justicia a los gentiles. En el plan de salvación, como en todo, Dios ha dado un orden y su hijo en total obediencia se ajusta a Él.

La perseverancia de la cananea y la insistencia de Jesús

Al ver esta mujer que nada podían los apóstoles, se acerca ella misma a Jesús y se postra ante el adorándolo y le pide “Señor, socórreme”.

Uno podría imaginarse que ahora sí, ante semejante actitud, Nuestro Señor se compadecería de ella. Lejos de esto le responde: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros»

Por hijos debe entenderse hasta ese momento los judíos, el pueblo elegido. El pan es la predicación, los milagros y todos los signos que El hijo de Dios debía realizar para la conversión de este pueblo. Entonces, Jesús le dice, este signo o milagro es para los hijos, para el pueblo elegido, no esta bien que yo ahora los haga para los que no lo son.

Se refiere a los perros porque los judíos en esa época le llamaban perros a los que habían contaminado la verdadera religión con los ídolos.

Fe, paciencia y humildad en la cananea

La mujer lejos de enojarse o entristecerse por las palabras de Jesús, acepta su condición y le sigue suplicando: “sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños”. Le dice, no pido lo que no me pertenece, solo te pido que tengas compasión de mi y me alimentes como a un cachorro con las sobras de los hijos, me conformo con esto porque no quiero alejarme de la mesa de mi Señor.

La repuesta de Jesús no podría ser otra, probada varias veces en la fe, le concede el milagro diciéndole «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!».

Esta mujer es figura y precursora de lo que vendrá. Una vez rechazado el evangelio por los judíos, este irá a los gentiles, quienes a pesar de no haber sido instruidos en la ley, ni por la revelación de los profetas lo abrazaran con una gran fe y obedecerán prontamente a las primeras palabras que les dirijan los apóstoles.

Se destacan en esta mujer la fe porque creía en la divinidad y el poder de Jesús para sanar a su hija. La paciencia y perseverancia porque cuantas veces era despreciada, otras tantas persevera en sus súplicas y la humildad porque no reniega de su condición, sino que la acepta sin protestar.

Jesús vuelve a Galilea y sigue realizando signos

Luego de conceder el milagro a la cananea Jesús vuelve a Galilea, subió a una montaña, se sentó y los enfermos fueron a Él.

En dos cosas demostraban éstos su fe: en subir al monte y en la persuasión que tenían de que no necesitaban, para ser curados, más que arrojarse a los pies del Señor.

Tardó algún tiempo en curar a la hija de la cananea, para hacer patente la virtud de esta mujer y a éstos los curó en seguida, no porque eran mejores, sino para acallar a los judíos infieles. La multitud de curaciones y la facilidad con que las hacía llenó de estupor a todos y por eso alababan a Dios.

Aplicación de Mateo 15, 21-31

La importancia y la responsabilidad de ser hijos de Dios.

Como en su época los judíos eran el pueblo elegido, hoy los bautizados gozamos de la dignidad de ser hijos de Dios y herederos del Reino. Es de suma importancia reconocer este gran don. Pero esto no significa que ya estamos salvados, el bautismo es el comienzo de un camino hacia la tierra prometida.

Tenemos que tener sumo cuidado de no cometer el mismo error del pueblo judío que sabiéndose elegidos por Dios se creían por encima de las demás naciones. El plan de salvación de Dios tiene un orden y hasta que no llegue el anuncio del Reino a todas las naciones de la tierra no estará completada la obra.

Hoy en occidente, en muchos lugares se rechaza el mensaje del evangelio y en otros lugares del planeta donde aún no se conocía a Cristo se están dando multitud de conversiones y estos conversos abrazan la fe de una manera mucho mas devota. Esto es un signo que debemos reconocer. Aunque Nuestro Padre bueno quiere que todos nos salvemos y vayamos a Él, en occidente corremos el riesgo de que se nos apliquen las palabras de San Pablo: “Sepan entonces que esa salvación de Dios va a ser anunciada a los paganos. Ellos sí que la escucharán”. (Hc 28,28).

En este sentido no debemos creernos más por ser católicos y despreciar al que aun esta en las tinieblas por no haber recibido todavía el mensaje de Cristo. Por el contrario, esto nos genera una gran responsabilidad que llevar a nuestro prójimo la verdad. Aunque este mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación”, se los dijo a los apóstoles, hoy es aplicable a también a nosotros.

A veces tenemos una actitud de encerrarnos en nuestro pequeño círculo, como los judíos y no permitimos que el mensaje del evangelio llegue a los demás. «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran. (Mt 23,13)

El Plan de Dios

Si recorremos la historia desde la creación hasta hoy es evidente que Dios a dispuesto un plan ordenado de salvación. Dentro de este plan, para cada uno de nosotros, Dios ha dispuesto una misión.

Con la gracia de Dios, en la oración debemos discernir cual es nuestra misión en el plan de salvación, esto es central. Una vez discernida esa misión y teniendo como ejemplo a Nuestro Señor nos queda aceptarla y ser obedientes a este mandato divino.

Muchas veces queremos adaptar esta misión o el Plan de Dios a lo que nosotros suponemos que es mas conveniente, mas cómodo o mas a fin a nosotros. En este caso no pasara mucho tiempo en que nos demos cuenta de que no estamos dando muchos frutos. Si esto nos sucede es momento de volver a la oración con humildad y pedir la ayuda de Nuestro Señor para que nos muestre lo que verdaderamente quiere de nosotros. Podemos pedirle como San Pablo: “¿Qué debo hacer, Señor?” (Hc 22,10). Si lo pedimos con la debida humildad y disposición Nuestro Señor con gusto nos lo dirá, seguramente no como a San Pablo, pero si de la manera que nosotros lo podamos comprender en nuestro corazón.

La cananea ejemplo de oración

Esta mujer nos puede servir de ejemplo de como debemos disponernos para pedir en la oración lo queremos.

El apóstol Santiago nos decía en su carta: “piden y no reciben, porque piden mal”. (St 4,3). Esta mujer pidió un bien para la salvación del alma de su hija y lo pidió con fe, con humildad y con perseverancia. Lo que pedimos debe ser un bien ordenado al ultimo fin que es alcanzar la vida eterna.

Pedir con fe

Lo debemos pedir con fe, es decir creyendo en el poder de nuestro Creador Todopoderoso, quien nos ha sacado de la nada y por lo tanto no hay nada imposible para El. Nos dice Jesús: “Les aseguro que, si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: «Trasládate de aquí a allá», y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes”. (Mt 17,20). Esto que dice Jesus no puede servir de parámetros para saber como esta nuestra y fe, no para desmoralizarnos sion para ver cuanto nos falta crecer en la fe y ponernos en movimiento.

La verdadera fe hace brotar la oración y la oración, en cuanto brota, hace más firme de la fe. (San Agustín).

Pedir con humildad

Debemos pedir con humildad como lo hizo esta mujer. Reconociéndonos polvo frente a la magnanimidad de Nuestro Padre y totalmente necesitados, como el niño pequeño que espera todo de sus padres porque por si solo nada puede.

Muchas veces si no nos es concedido lo que pedimos de la forma o en los tiempos que pretendemos, o tenemos alguna adversidad en el medio, nos enojamos o nos entristecemos porque parece que Dios no nos escucha o no nos quiere dar lo que pedimos. Mas que enojarnos o entristecernos debemos analizar si estamos siendo realmente humildes de corazon cuando pedimos en la oracion. Dios no nos da por nuestros meritos sino que todo lo que recibimos, lo pidamos o no, es don suyo por amor misericordioso.

Debemos pedir con un corazón humilde y arrepentido de nuestros pecados. Un corazón contrito y humillado dice el Salmo (Sal 51,19). Santiago en su carta agrega: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes (St 4,6)

Pedir con perseverancia

Y debemos pedir con insistencia y perseverancia. Muchas veces no alcanzamos lo que queremos y necesitamos simplemente porque dejamos de pedir.

A veces la repuesta de Dios tarda en llegar porque quiere El, como hizo Jesus con la cananea probarnos en la fe.

San Agustín nos cuenta en sus Confesiones cómo su madre, Santa Mónica, santamente preocupada por la conversión de su hijo, no cesaba de llorar y de rogar a Dios por él; y tampoco dejaba de pedir a las personas buenas y sabías que hablaran con él para que abandonase sus errores. Un día, un buen obispo le dijo estas palabras, que tanto la consolaron: ¡Vete en paz, mujer, pues es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas! Más tarde, el propio San Agustín dirá: si yo no perecí en el error, fue debido a las lágrimas cotidianas llenas de fe de mi madre.

Dios oye de modo especial la oración de quienes saben amar; aunque alguna vez parezca que guarda silencio. Espera a que nuestra fe se haga más firme, más grande la esperanza, más confiado el amor. Quiere de todos unos deseos más fervientes, como el de las madres buenas, y una mayor humildad.

Enseña Santo Tomás que nuestra petición no se dirige a cambiar la voluntad divina, sino a obtener lo que ya había dispuesto que nos concedería si se lo pedíamos. Por eso es necesario pedir al Señor incansablemente, pues no sabemos cuál es la medida de oración que Dios espera que colmemos para otorgarnos lo que quiere darnos.

A partir de esta reflexión podemos preguntarnos ¿Cómo es mi oración hoy?, y pedirle a Nuestra Santísima Madre María, ejemplo de fe, humildad y perseverancia que nos enseñe y nos ayude a perfeccionar nuestra oración.

Pedimos por intercesión de Nuestra Santísima Madre María que Nuestro Señor aumente nuestra fe, nos haga cada día más humilde y nos dé la gracia de la perseverancia y así hacer más perfecta nuestra oración. Amen.

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