Primera multiplicación de los panes (Mt 14, 13-22) – Explicación y aplicación

San Mateo 14, 13-22 Primera multiplicación de los panes

Explicación de la primera multiplicación de los panes Mt 14, 13-22

El retiro de Jesús al desierto

El Evangelista comienza diciendo que Jesús habiendo oído lo que ocurrió con Juan se retiró al desierto.

Aun el sabiendo el acontecimiento de Juan antes que se lo dijeran, espero a ser informado para retirarse al desierto y demostrar una vez más su verdadera encarnación no solo con palabras sino también en la práctica.

No es que Jesús se retiró al desierto por temor de que le ocurriera lo mismo que Juan, sino que podemos interpretar dos razones: primero a llorar y orar por la muerte de Juan de quien había dicho que era el más grande nacido de mujer y además su primo. Segundo porque ese no era el momento de su pasión, debía diferirla porque aún quedaba trabajo por hacer.

Esto es un signo más de la humanidad de Jesús que confirma que fue en todo como nosotros menos en el pecado.

La gente lo sigue

Evidentemente había en Israel una parte del pueblo que creía en el Mesías o al menos iban en busca de Él y querían conocer lo que tenía para decirles y es por esto que la multitud lo sigue a pie por la orilla del lago hasta el lugar donde Él se había retirado en la barca.

La gente comenzó a seguirlo a pie por la orilla del lago. Esta gente probablemente era gente de distintos lugares de Israel que se habían concentrado cerca por la proximidad de las pascuas para ir a Jerusalén. En general la gente se concentraba en Cafarnaúm que era un centro para luego salir en caravanas hacia Jerusalén por el valle del Jordán evitando Samaria. De Cafarnaúm a Betsaida hay 10 km a pie.

El encuentro con la gente

Cuando Jesús baja de la barca y se encuentra con la multitud dice el evangelista que “se compadeció de ellos y curo a sus enfermos”. Seguramente él se encontraba cansado y dolido por lo de Juan, pero dice se compadeció de ellos y San Marcos luego agregara en su relato porque estaban como ovejas sin pastor. (Mc 6,34).

La Historia de la humanidad es una continua compasión de Dios para con el hombre y su máxima expresión es la encarnación de su hijo, su pasión, muerte y resurrección que nos abrió nuevamente las puertas del Reino de Dios.

Podemos deducir que la gente que seguían a Jesús en su mayoría eran gente humilde. La humildad del que se sabe necesitado sea de necesidades físicas, materiales o espirituales. Nadie que se crea sano, sin pecados, autosuficiente, sin necesidades va en busca del otro para que lo ayude.

Vemos en esta acción de Jesús un acto de su gran amor misericordioso en la compasión por esa gente que le sigue de a pie ya que la recompensa que reciben es muy superior a lo que merecen ya que cura a todos sin exigirles la fe.

El evangelista dice curo a sus enfermos, evidentemente este tipo de milagro eran habituales para los cercanos a Jesús ya que lo relata como un hecho más. Esto no hace más que agravar la culpa de los que no creyeron ya que los signos fueron más que abundantes.

El sentido místico

En sentido místico podemos decir que la barca es la Iglesia que Cristo va a fundar sobre su pascua, se dirige al desierto, esto es los corazones que aún no conocen a Dios. La gente que lo sigue pasa de la antigua sinagoga a la nueva Iglesia y nuestro Señor los purifica dándoles los principios de la nueva predicación. Cristo está en el centro de su iglesia y nos alimenta dándose el mismo en la eucaristía por medio de sus discípulos, es decir los obispos y sacerdotes.

Se hizo tarde y estamos en el desierto

Podemos ver aquí el comienzo de una fe de este pueblo que a pesar de las incomodidades del desierto y el hambre escuchan a Nuestro Señor hasta la tarde, sin duda están más hambrientos de alimento espiritual que material. No sabemos en qué momento del día comenzó la predicación ni que predico, pero sin duda se extendió en el tiempo. Su palabra debe de haber inmovilizado a la multitud ya que nadie se preocupaba por nada más que escuchar a Nuestro Señor.

Llegado el momento los discípulos se comienzan a preocupar por la situación, ya que veían que se hacía tarde y solo tenían para comer 5 panes y 2 peces, que podemos suponer que hasta era poco para ellos.

Sin duda los discípulos tenían cierto desprecio por las cosas materiales, estaban más bien poseídos por las cosas espirituales, pero como sus pensamientos aun eran terrenales (la preocupación) Nuestro Señor les enseña lo que es propio de su poder divino realizando este milagro de multiplicación de los alimentos.

Podemos entender que Jesús esperaba para darles de comer a que le suplicaran, para darnos a entender que no hace El primero los milagros, sino que los hace a quien se los pide.

sus discípulos no le dicen dales de comer sino “este lugar es un desierto…”, aún no habían alcanzado el grado de perfección y no entendían como iba a alimentar a la multitud con tan pocos panes y pescados, siguen viéndolo como un hombre.

Veamos hasta donde llega la sagacidad de Nuestro Señor pues no les dice yo les daré de comer porque aun así no hubiesen creído fácilmente, sino que les dice: “dadles vosotros de comer”. Imaginemos lo que habrán pensado los discípulos, ¿Cómo haremos esto? Ven lo que tienen que hacer, pero aún no tienen los medios.

Sin dudas un milagro del poder divino

El los lleva al desierto a fin de que no puedan dudar del milagro y ninguno pueda creer que se había traído la comida de alguna aldea vecina.

Luego dice: “mirando al cielo lo bendijo”, quiere hacernos ver que el viene del Padre y que es igual a Él y así lo demostró, por su poder al realizar los milagros y refiriéndolo e invocándolo a Él en todo momento de su accionar.

También siguiendo la tradición judía, nos enseña que antes de ponernos a comer hay que dar gracias a Dios por que nos da el alimento y todas las demás cosas, dones y gracias que poseemos.

El milagro se realiza en las manos de Jesús y podemos suponer que se fue multiplicando en la mano de los discípulos porque de lo contrario hubiese sido inacabable el ir y venir de ellos hasta Jesús, ya que dice comieron 5000 hombres sin contar mujeres y niños.

Luego se detalla que sobraron doce canastas con las sobras, es decir trozos de panes, con esto se termina de comprobar que el milagro fue real, eran 5 panes los iniciales y la cantidad de las sobras eran mucho mayor a los 5 panes iniciales.

Un paralelo entre el antiguo testamento y la nueva alianza

Este milagro es una constante en la historia del pueblo elegido y lo será también luego para el resto de la humanidad. En el antiguo testamento Moisés, Elías y Eliseo dieron de comer a la multitud en el desierto o en periodos de sequía y hambre. Jesús cumple en plenitud las figuras del AT. Pero ya no es por intermedio que el pueblo se va a alimentar si no que es El mismo quien alimenta y alimentara a la humanidad.

Vemos en este milagro el paralelo con la institución de la eucaristía en la última cena: “tomo el pan, pronuncio la bendición, lo partió y se los dio…”

Este milagro de la multiplicación de los panes como el de la última cena es el que hoy por medio de la fe podemos presenciar en cada altar del mundo cuando por medio de la transustanciación el pan material se convierte en el cuerpo y alma de Cristo vivo y se nos da como alimento espiritual para nuestra justificación.

La iglesia hoy ofrece y promueve los dos tipos de alimentos indispensables para el hombre, el material a través de las obras de misericordia materiales y el espiritual a través de la eucaristía y las obras de misericordia espirituales. Es así como la Iglesia muchas veces ayuda al hombre a pasar del hambre o la necesidad de lo terrenal al hambre de lo divino y trascendente. Así lo vemos en otros milagros realizados por Jesús, como el del ciego que pasa de la luz de los ojos a la luz interior de la fe o el del agua del pozo que pasa a ser el agua que sacia la sed para siempre en el caso de la mujer samaritana.

Aplicación de la primera multiplicación de los panes Mt 14, 13-22

Ante la adversidad, la persecución y el dolor a veces debemos retirarnos

Al igual que Jesús cuando pasamos por la adversidad, la persecución y el dolor es bueno retirarse para orar, reflexionar y llorar si es necesario. No se debe enfrentar la persecución con temeridad en todos los casos, porque no todos podremos perseverar hasta el fin. El mismo les dirá a sus discípulos: “Cuando los persigan en una ciudad huid a otra (Mt, 10,23). Lo mismo hicieron José y María cuando huyeron de Herodes a Egipto para preservar la vida de Jesús.

Compadecernos de los demás

Jesús se compadeció de la multitud. La compasión es un sentimiento que se produce a partir de ver el sufrimiento del otro. Esto implica comprender interiormente este sufrimiento y el deseo de aliviarlo, reducirlo o eliminarlo.

El ejemplo tal vez más claro del evangelio es la parábola del buen samaritano. Aquí podemos ver una gran expresión de la compasión que mueve al samaritano a la acción y una gran expresión de la indiferencia, que es lo contrario a la compasión, la de los que pasaron por al lado de la persona herida y siguieron.

La compasión es un proceso, implica la sensibilidad que es la disposición personal para ver con el corazón la verdad de la realidad del que sufre. Esto nos genera una conmoción que mueve a la persona a la acción, no solo a tratar de aliviar su sufrimiento sino a quedarse de modo responsable, acompañando al que sufre. Es decir, la compasión debe ser seguida de esta acción responsable, sin la acción no podemos decir que hay compasión, sino simple sentimentalismo (Comienza y termina con la emoción).

Jesús se compadeció y este sentimiento interior lo llevo de modo inmediato a la acción, curo los enfermos y se quedó con ellos predicando. A veces sentimos esta conmoción, pero no es seguida de la acción, esto es bueno pero imperfecto, en tal caso debemos buscar de crecer en la caridad que sin duda nos llevara a una mayor compasión por el prójimo. Recordemos que el prójimo es la persona que está más próxima, nuestra esposa/o, hijos, hermanos, compañeros de trabajo, vecino, es con ellos con quienes debemos comenzar por practicar la caridad y compasión. Esto siempre es más difícil porque hay una historia, una convivencia que tal no vez no siempre ha sido la mejor.

Confiar en la providencia

Hay veces, sobre todo en momentos de adversidad, de necesidades que caemos en la tentación de no confiar plenamente en el poder de Dios, nos encerramos en esa situación concreta, como si nuestra existencia terminara en ese momento con esa preocupación y queremos dar, al igual que los discípulos, una solución con ideas humanas o terrenales  y solo nos bastaría pedirle con fe y confianza a Jesús para que Él nos saque esa preocupación y nos ayude a encontrar el camino de la verdadera solución y en muchos casos hasta que se haga el milagro. El mismo nos dirá: “si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: Trasládate de aquí a allá», y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes. (Mt 17,20).

A veces lo único que necesitamos es esa fe y confianza en el que todo lo puede. Es ir frente a Él, en el sagrario con la humildad del que todo lo necesita y ponernos en sus manos confiando y esperando plenamente en El.

Esta fe es un don, un regalo de Dios y El la ira perfeccionando con nuestra colaboración. Es un largo proceso en el cual seremos sometidos tal vez a muchas pruebas, pero cada prueba implica el crecimiento y el perfeccionamiento de esa fe. Como ejemplo tenemos la vida de muchos santos que han realizado grandes milagros y confirman las palabras de Jesús antes mencionadas. la forma de colaborar con la acción de Dios para que perfeccione nuestra fe es mediante la oración, los sacramentos, y la meditación de su palabra.

Debemos reconocer con humildad que todo, absolutamente todo nos es dado por Dios y por este motivo debemos darle gracias y pedir su bendición, no solo por los alimentos sino por todos los bienes, dones y gracias que recibimos. Y cuando algo nos falte o tengamos necesidades, pedírselo y confiar en la divina providencia, estando seguros de que Dios lo proveerá en el momento y de la forma que mejor sea para el progreso en nuestro camino de justificación. (Mt 7, 7-12).

El alimento material y espiritual son indispensable para nuestra vida

Está claro que sin alimento material la vida humana es imposible, así lo dispuso nuestro Creador. Pero muchas veces aun teniendo este alimento al alcance nos preocupa más en seguir acumulando y garantizando este alimento y perdemos de vista el otro alimento que es tan o más importante que este, el alimento espiritual. Sobre todo, en este mundo actual, muy materialista, que intenta por muchos medios por la acción del demonio anular la espiritualidad del hombre y su trascendencia o distorsionarla con todo tipo de disparates.

Este pasaje del evangelio nos propone un programa para los que queremos seguir a Jesús.  Por un lado, nos propone participar de ese pan que se multiplica cada día en cada uno de los altares del mundo y que se ofrece a cada uno de nosotros como alimento espiritual para nuestra justificación, la eucaristía. El mismo Jesús nos lo dijo: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn 6, 51).

Por otro lado, ese crecimiento en la vida espiritual debe traducirse en la práctica en el aumento de la caridad, el amor a Dios que tiene como consecuencia el amor al prójimo, la compasión por nuestro hermano necesitado tanto material, física y espiritualmente.

Este es un buen indicador si estamos progresando por el camino correcto hacia la patria celestial.

Pedimos por intercesión de Nuestra Santísima Madre María que Nuestro Señor nos dé la gracia de poder participar siempre de su mesa recibiéndolo cada vez que nos acercamos a la eucaristía con mejor disposición y a través de este sacramento nos perfeccione en la fe y aumente nuestra caridad. Amen.

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