Sobre la Santa Misa 1- ¿Que es la Santa Misa?

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¿QUE ES LA SANTA MISA?

La Misa es el mismo sacrificio que Jesucristo ofreció en la cruz para satisfacer a Dios por nuestros pecados para la salvación de todos los hombres.

“Creemos que la Misa celebrada por el sacerdote, representante de la persona de Cristo, en virtud del poder recibido por el sacramento del Orden, y ofrecido por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo Místico, es el sacrificio del Calvario, hecho presente sacramentalmente en nuestros altares” (Credo del Pueblo de Dios).

¿Hay alguna diferencia entre el sacrificio del Calvario y el de la Misa que se celebra cada día en todos los altares del mundo?

La única diferencia está en el modo de ofrecerse:

El sacrificio de la cruz fue “sangriento” y no se ofreció más que una vez para nuestra redención, o sea, por todos los pecados del mundo.

El sacrificio de la Misa es un sacrificio sin derramamiento de sangre que se renueva infinitas veces y fue instituido por el mismo Jesucristo para “aplicarnos” los méritos de la redención, esto es, los frutos o gracias del sacrificio en la cruz.

Nosotros, al asistir a Misa, nos ponemos en contacto con Jesucristo y participamos del cúmulo de gracias que nos “mereció” en la cruz, especialmente por medio de la Eucaristía.

“Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche en que le traicionaban, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre, con el que perpetuaría por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y así confiaría a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su Muerte y Resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, “en el cual se come a Cristo, el alma se llena de Gracia y se nos da una prenda de la Gloria venidera”. (Sacrosantum Concilium n°47)

¿QUE ES UN SACRIFICIO?

Desde la más remota antigüedad el hombre ha intentado adorar, complacer o aplacar al Dios verdadero o a sus falsas divinidades por medio de los sacrificios.

El Pueblo de Dios, Israel, ofrecía a Yahvé diversas clases de sacrificios y holocaustos, cuya descripción minuciosa encontramos en el Levítico.

Evidentemente los sacrificios de la Antigua Alianza, carecían de toda eficacia para obtener el perdón de los pecados (Heb. 10, 1-4). No existe ninguna proporción entre la ofensa hecha a Dios, y el valor de la sangre de machos cabríos o toros que se utilizaban en esos sacrificios.

EL ÚNICO SACRIFICIO EFICAZ

Es por esto que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, tomando un cuerpo perfectamente humano de las entrañas purísimas de la Virgen María, llevando sobre sí el pecado del mundo, se ofrece como Víctima Divina en el altar del Calvario por la Redención del género humano (Hebreos 4, 5-10).

Siendo Jesucristo Persona Divina, su sangre es la única que eficazmente y de una vez para siempre, “borra el pecado del mundo”. Un solo sacrificio era necesario y suficiente para nuestra salvación: el Sacrificio de Jesús en la Cruz. Nadie puede ofrecer a Dios un Sacrificio comparable, ni nadie podrá salvarse si no es por Cristo muerto en la Cruz y resucitado glorioso al tercer día.

LOS TRES MOMENTOS DE LA REDENCIÓN

Nuestro Señor Jesucristo realizó su sacrificio redentor en tres momentos diferentes, en tres días diferentes: La Última Cena, la muerte en el Calvario y su Resurrección al tercer día.

Estos tres momentos constituyen lo que la Iglesia llama “El Misterio Pascual del Señor”.

En la Ultima Cena, Jesús entrega ya en realidad su Cuerpo y su Sangre, ofreciéndose por la salvación de todos.

El Viernes Santo se hace la dolorosa realidad de su Pasión y Muerte en la Cruz y triunfa del pecado y de la muerte, el Domingo de Resurrección, el primer domingo de la historia.

Estos tres hechos redentores se realizan al unísono en cada misa y constituyen juntos un solo hecho Redentor que se prolonga y actualiza en el tiempo y en el espacio en cada altar católico.

Cada vez que un sacerdote católico consagra el pan y el vino, Jesucristo se hace realmente presente en las especies sacramentales y al mismo tiempo se entrega en alimento como en la Ultima Cena; muere como el Viernes Santo al consagrarse por separado su Cuerpo y su Sangre, y resucita triunfante al reunirse nuevamente su Cuerpo y su Sangre en el momento de la “conmixtión”, poco antes de la Comunión.

Conmixtión: es el gesto que hace el sacerdote antes de la comunión consistente en dejar caer una pequeña partícula del pan consagrado en el cáliz “de com-misceo” que significa mezclar una cosa con otra–. Mientras hace el gesto pronuncia estas palabras: “El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna”.

Si Cristo muere en cada Misa por nosotros, también es cierto que está resucitado y que se nos entrega vivo en la Comunión para que tengamos Vida Eterna (Jn. 6, 55-59).

Toda la potencia salvadora del Misterio Pascual, está presente en cada Misa, un solo sacrificio, el del Calvario, se renueva incesantemente en toda la tierra en los altares católicos, salvando permanentemente a la humanidad pecadora.

LA MISA ES UN MISTERIO DE FE

Decimos que la santa Misa es “Misterio de fe”, porque es algo oculto y misterioso, porque su contenido no está al alcance de nuestros sentidos. Mas nuestra fe se basa en la palabra de Dios.

En la Misa vemos al sacerdote, y él, sea santo o pecador, en el momento de la consagración representa a Cristo, y mejor dicho, el que entonces actúa es el mismo Cristo, que dice: esto es mi cuerpoeste es el cáliz de mi sangre…, pues en ese momento es el mismo Cristo quien habla y se ofrece al Padre por el ministerio del sacerdote.

Sabemos por la fe que en el momento de la consagración desaparece el pan y el vino y en su lugar aparece Jesucristo bajo los accidentes del pan y del vino. Nosotros sin embargo, seguimos viendo esos accidentes, sin ver a Jesucristo.

¿PORQUE NO LO PODEMOS VER?

Porque Jesucristo quiere que se le crea y nos fiemos de Él, aunque no lo comprendamos.

Fijémonos en estas palabras de Jesucristo: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo»…. «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. (Jn. 6,5 1-56).

Y esto que prometió lo cumplió en la última Cena, cuando tomó pan en sus manos y bendiciéndolo dijo a sus discípulos: “Tomad y comed: esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros… “(Mt. 26,26; Lc. 22,19)…

No podemos ver a Jesucristo en la Santa Hostia consagrada; pero lo creemos porque Él lo dijo; y creyéndolo somos más dichosos que si lo viéramos, como El mismo dijo a Tomás: “Tú has creído porque has visto; bienaventurados los que sin haber visto creyeren” (Jn. 20,29).

¿CUAL ES EL VALOR DE UNA MISA?

San Juan XXIII: “el cristiano no debe estimar nada por encima del Santo sacrificio de la Misa”

San Juan Crisóstomo: “la celebración de la Misa, en cierta manera, vale tanto cuánto vale la muerte de Cristo en la cruz… Y ¿cuál es el precio de la sangre de Cristo derramada en la cruz? Es el precio de nuestra redención.

Padre Antonio Royo Marín (teólogo español): “una sola misa glorifica a Dios más que toda la gloria que le dan todos los santos del cielo incluida la Santísima virgen María durante toda la eternidad”.

¿Por qué el padre Antonio dice esto? porque toda la gloria que le dan todos los santos del cielo incluida la Santísima Virgen María es gloria de criatura. La Santísima Virgen, la mejor de las criaturas, la perla de la humanidad, la joya de la creación, pero criatura.

Y lo que celebramos en la santa misa es el sacrificio de Cristo, hijo único de Dios, en la cruz para redimir a la humanidad y este acto de Cristo muriendo en cruz por toda la humanidad es lo más grande de toda la historia de la humanidad.

El valor de una Misa es infinito, bastaría una sola para reparar, con gran sobreabundancia, todos los pecados del mundo y liberar de sus penas a todas las almas del purgatorio.

Sin embargo, este efecto infinito no se nos aplica en toda su plenitud, sino en grado limitado y finito, según las disposiciones de nuestra alma.

Está claro que no gana igual el que participa de la Misa con tibieza y poca devoción que el que participa con gran fervor y extraordinaria devoción.

No obstante, aun independientemente de nuestras disposiciones, la Misa como los demás sacramentos, confieren la gracia ex opere operato, esto es, causa la gracia que significa independientemente de las disposiciones subjetivas del ministro y del sujeto que lo recibe. (Concilio de Trento – DS 1608).

El mérito sobrenatural se valora, ante todo, por la virtud de la caridad. La intensidad del amor de Dios con que se realiza una acción determina el grado de su mérito.

Por eso, por la Misa, porque en ella se ofrece la Víctima más agradable a Dios, es por donde Dios nos concede mayores gracias.

San Bernardo: “El que oye devotamente la Santa Misa, merece más que si se sacrificara haciendo una costosa peregrinación a Jerusalén y a todos los santos lugares y diese todos sus bienes a los pobres”.

San Alberto Magno: “El que celebra o asiste a la Santa Misa y reflexiona sobre su valor infinito, y hace formal intención de dar con ella toda la gloria posible a Dios, merece más que si ayunara a pan y agua todo un año y que si se azotara hasta derramar toda la sangre de sus venas, o rezara trescientas veces el Salterio entero”.

Podemos concluir que no es lo mismo participar de la misa, que no participar.

No es lo mismo participar devotamente que tibiamente.

No es lo mismo participar solo los domingos, que participar la mayor cantidad de días posibles.

Recordemos que el primer precepto de la Iglesia Católica manda participar de la misa los domingos y fiestas de guardar.

Esto es lo mínimo que se requiere para un cristiano católico.

Pero un buen Cristiano Católico no se debería conformar con lo mínimo. Un buen cristiano Católico, por lo aquí explicado, debe participar de la misa la mayor cantidad de días posibles.

Hermanos volvamos a participar de la misa diaria con devoción para dar toda la gloria posible a Dios, nuestro padre y creador.

7 comments

  1. Gracias, por llegar a la sensibilidad y consciencia, de las persanas católica y así darle la gran importancia de la santa misa y de acudir si fuera posible todos los día y poner toda la atención posible, y participar con el alma para sentir lo que nuestros ojos no puedan ver…

  2. doy gracias a dios todopodereroso y a nuestro señor Jesucristo por darme la vida y la oportunidad de aprender cada dia mas sobre los sagrados mistrerios de la santa misa y de las obras y gracias de dios y su amado hijo.

  3. ES UNA BENDICION PODER PARTICIPAR DEL BANQUETE ESPIRITUAL QUE NOS REGALA EL SEÑOR,AFIRMANDO NUESTRA FE Y CONGREGANDONOS COMO HERMANOS HIJOS DE CRISTO NUESTRO SEÑOR.

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