La Pasion de Cristo 42 – Visiones de Ana Catalina Emmerich – María en el Calvario – Audio y lectura

 

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MARÍA Y LAS SANTAS MUJERES VAN AL CALVARIO

Después de su doloroso encuentro con Jesús portando la cruz, la
afligida Madre fue recogida sin conocimiento por Juan y las santas
mujeres. Acompañada por ellos, fue a casa de Lázaro, cerca de la puerta del
Ángulo, donde estaban reunidas Marta, Magdalena y muchas otras santas
mujeres. Unas diecisiete abandonaron la casa para acompañar a Jesús en el
camino de la Pasión, es decir, para seguir cada paso que El hubiera dado en
su penoso avance. Las vi, cubiertas con sus velos, en la plaza, sin hacer
caso de los insultos del pueblo, besar el suelo en donde Jesús había cargado
con la cruz y seguir el camino que Él había seguido. María buscaba las
huellas de sus pasos e, interiormente iluminada, mostraba a sus compañeras
los lugares consagrados por algún particular padecimiento. De este modo la
devoción más sentida de la Iglesia fue grabada por la primera vez en el
corazón maternal de María con la espada que predijo el viejo Simeón; pasó
de su boca sagrada a sus compañeras y de éstas hasta nosotros. Así la
tradición de la Iglesia se perpetúa del corazón de la Madre al corazón de los
hijos.
Cuando estas santas mujeres llegaron a la altura de la casa de
Verónica, entraron en ella porque Pilatos y sus oficiales cruzaban en ese
momento la calle y no querían tropezarse con ellos. Al ver allí las santas
mujeres la cara de Jesús estampada en el lienzo lloraron y dieron gracias a
Dios por ese don que había hecho a su fiel sierva. Cogieron la jarrita de
vino aromatizado que no habían dejado beber a Jesús y se dirigieron todas
juntas hacia el monte de Gólgota. Su número se iba incrementando con
muchas personas de buena voluntad, entre ellas cierto número de hombres.
Subieron al Calvario por la vertiente occidental, por donde la subida es más
cómoda. La Madre de Jesús, su sobrina María, hija de Cleofás, Salomé y
Juan se acercaron hasta el llano circular. Marta, María de Helí, la hermana
mayor de la Virgen, Verónica, Juana Cusa, Susana y María, la madre de
Marcos, se detuvieron a cierta distancia con Magdalena, que estaba transida
de dolor. Más abajo de la montaña había un tercer grupo de santas mujeres,
y unas pocas que llevaban mensajes de un grupo al otro. Los fariseos a
caballo iban y venían por los alrededores de la llanura, y en los cinco
accesos había soldados romanos. ¡Qué espectáculo para María el ver en
este sitio del suplicio los clavos, los martillos, las cuerdas, la terrible cruz,
los verdugos medio desnudos y casi borrachos llevando a cabo sus
horrendos preparativos con mil imprecaciones! La ausencia de Jesús
aumentaba su martirio; sabía que estaba todavía vivo, deseaba verlo y
temblaba al pensar en los tormentos a que le vería expuesto.
Desde las diez de la mañana, la hora en que la sentencia fue
pronunciada, fue cayendo granizo a intervalos, después el cielo se serenó;
pero, de las doce en adelante, una niebla rojiza oscureció el sol.

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