La Pasión de Cristo 59 – Visiones de Ana Catalina Emmerich – El sabado – Audio y lectura

 

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EL REGRESO DESDE EL SEPULCRO. EL SÁBADO

El sábado iba a comenzar; Nicodemo y José entraron en Jerusalén
por una pequeña puerta lateral próxima al jardín. Dijeron a la Santísima
Virgen, a Magdalena, Juan y a algunas mujeres que volvían al Calvario
para rezar, que hallarían esta puerta siempre abierta cuando llamaran, así
como la del cenáculo. La hermana mayor de la Virgen, María de Helí,
volvió a la ciudad con María, madre de Marcos y algunas otras mujeres.
Los criados de José y de Nicodemo fueron también al Calvario para
recoger los objetos que habían dejado allí en el momento del
descendimiento. Los soldados se reunieron con los que guardaban la puerta
más cercana al Calvario, y Casio se fue a casa de Pilatos con la lanza. Le
contó lo que había visto y le prometió una relación exacta si le confiaba el
mando de la guardia que los judíos no cesaban de pedir para el sepulcro.
Pilatos escuchó sus palabras con terror secreto, pero sólo le dijo que las
supersticiones alimentan la locura. José y Nicodemo encontraron en la
ciudad a Pedro, a Santiago el Mayor y a Santiago el Menor; estaban todos
deshechos en llanto. Pedro, sobre todo, sentía un dolor inconsolable; los
abrazó, se acusó de no haber estado presente en la muerte de Nuestro Señor
y les dio las gracias por haberle dado sepultura. Acordaron con ellos que
les abrirían las puertas del cenáculo cuando llamasen y se fueron en busca
de otros discípulos dispersos por varios sitios. Vi después a la Santísima
Virgen y a sus compañeras entrar en el cenáculo. Abenadar llegó y, poco a
poco, la mayor parte de los apóstoles y de los discípulos fueron
reuniéndose allí. Las santas mujeres se dirigieron a la parte donde habitaba
la Virgen. Tomaron algún alimento y pasaron algún rato reunidos, llorando
y contándose unos a otros lo que habían visto. Los hombres se mudaron de
vestido, y los vi observar el sábado a la luz de una lámpara. Comieron
cordero en el cenáculo, pero sin ninguna ceremonia, pues habían comido la
víspera el cordero pascual. Tenían el espíritu perturbado y estaban llenos de
pena. Las santas mujeres rezaron también con María junto a una lámpara.
Cuando fue noche cerrada, Lázaro, Marta, la viuda de Naim, Dina la
Samaritana y María la Sufanita, llegaron de Betania. Les contaron de nuevo
lo sucedido y todos derramaron lágrimas.

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