La Pasión de Cristo 61 – Visiones de Ana Catalina Emmerich – Guardia en el sepulcro – Audio y lectura

 

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LOS JUDÍOS PONEN GUARDIA EN EL SEPULCRO

En la noche del viernes al sábado, vi a Caifás y a los principales
judíos consultarse sobre la mejor conducta a seguir con respecto a los
prodigios que habían sucedido y el efecto que habían tenido sobre el
pueblo. Al salir de esta reunión fueron por la noche a casa de Pilatos, y le
dijeron que aquel farsante había asegurado que resucitaría el tercer día y
por eso era menester guardar el sepulcro tres días, porque si no sus
discípulos podían llevarse su cuerpo y difundir el rumor de su resurrección,
y este nuevo engaño sería peor que el primero. Pilatos, no queriendo
meterse en este asunto, les dijo: «Vosotros tenéis soldados, mandad que
guarden el sepulcro si así lo deseáis.» Sin embargo, le dijo a Casio que
estuviera vigilante de todo lo que pasaba para hacerle una relación exacta
de lo que viera. Yo vi a esos hombres, eran doce, abandonaron la ciudad
antes de amanecer, los soldados que los acompañaban no iban vestidos a la
romana, eran soldados del Templo. Llevaban lámparas colgadas de largos
palos para ver en la oscuridad de la noche y también para alumbrar la gruta
del sepulcro.
En cuanto llegaron, se aseguraron de que estuviera allí el cuerpo de
Jesús, después colocaron una cuerda atravesada delante de la entrada del
sepulcro y otra segunda sobre la piedra gruesa que estaba delante y las
sellaron con un sello semicircular. Los fariseos regresaron al pueblo, y los
guardias se instalaron enfrente de la puerta exterior. Cada vez cinco o seis
hombres vigilaban, turnándose con otros cinco o seis. Casio no se movía de
su sitio. Estaba sentado o de pie delante de la gruta para poder ver el
sepulcro donde reposaba Nuestro Señor. Casio había recibido grandes
gracias interiores y le había sido dado comprender muchos misterios. No
estando acostumbrado a este estado de iluminación espiritual, estaba como
en trance, casi inconsciente del mundo exterior. Había cambiado por
completo. Se convirtió en un hombre nuevo, y pasó el resto de la vida en
penitencia y en oración.

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