La Pasión de Cristo 64 – Visiones de Ana Catalina Emmerich – Visperas de resurrección – Audio y lectura

 

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LA VÍSPERA DE LA RESURRECCIÓN

Cuando se acabó el sábado, Juan fue con las santas mujeres, y las
consoló, pero no podía contener sus propias lágrimas, por lo que se quedó
con ellas sólo un breve espacio de tiempo. Entonces, Pedro y Santiago el
Menor fueron también a verlas con el mismo propósito de confortarlas.
Ellas prosiguieron con su pena después de que ellos se marcharan.
Mientras la Santísima Virgen oraba interiormente llena de un
ardiente deseo de ver a Jesús, un ángel vino a decirle que fuera a la
pequeña puerta de Nicodemo, porque Nuestro Señor estaba cerca. El
corazón de María se inundó de gozo; se envolvió en su manto y se fue,
dejando allí a las santas mujeres sin decir nada a nadie. La vi encaminarse
de prisa hacia la pequeña puerta de la ciudad por donde había entrado con
sus compañeras al volver del sepulcro. La Virgen caminaba con pasos
apresurados, cuando la vi detenerse de repente en un sitio solitario. Miró a
lo alto de la muralla de la ciudad y el alma de Nuestro Señor,
resplandeciente, bajó hasta su Madre acompañada de una multitud de almas
y patriarcas. Jesús, volviéndose hacia ellos y señalando a la Virgen, dijo:
«He aquí a María, he aquí a mi Madre.» Pareció darle un beso y luego
desapareció. La Santa Virgen cayó de rodillas y besó el lugar donde así
había aparecido. Debían de ser las nueve de la noche. Sus rodillas y sus
pies quedaron marcados sobre la piedra. La visión que había tenido la había
llenado de un gozo indecible, y regresó confortada junto a las santas
mujeres, a quienes halló ocupadas en preparar ungüentos y perfumes. No
les dijo lo que había visto, pero sus fuerzas se habían renovado; consoló a
las demás y las fortaleció en su fe.
La Santa Virgen se unió a la preparación de los bálsamos que las
santas mujeres habían empezado a elaborar en su ausencia. La intención de
ellas era ir al sepulcro antes del amanecer del siguiente día, y verter esos
perfumes sobre el cuerpo de Nuestro Señor.

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