La Pasion de Cristo – Visiones de Ana Catalina Emmerich 4 – La entrada en Jerusalen – Audio y lectura

 

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JESÚS ENTRA EN JERUSALÉN

Por la mañana, mientras los apóstoles estaban en Jerusalén ocupados con los preparativos de la Pascua, Jesús, que se había quedado en Betania, se despidió con gran afecto de las santas mujeres, de Lázaro y de su Santa Madre, y les dio las últimas indicaciones.

Yo vi al Señor hablar a solas con su Madre y le dijo, entre otras cosas, que había enviado a Pedro, el apóstol de la fe, y a Juan, el apóstol del amor, delante de Él para preparar la Pascua en Jerusalén. Le dijo, hablando de Magdalena, cuyo dolor era inmenso, que su amor era muy grande, pero todavía de algún modo humano, y que por eso el dolor la ponía fuera de sí. Le habló también de la traición proyectada por Judas, y la Santísima Virgen rogó por él. Judas había dejado otra vez Betania para ir a Jerusalén, con el pretexto de pagar unas deudas.

Corrió todo el día de un fariseo a otro y acordó el pago con ellos. Le mostraron quiénes serían los soldados encargados de prender a Nuestro Divino Salvador. Judas pensó sus excusas de modo que pudiera justificar su ausencia.

Yo he visto todos sus cálculos y todos sus pensamientos. Era de natural activo y dispuesto, pero esas buenas cualidades topaban con la avaricia, la ambición y la envidia, pasiones que él no se esforzaba en combatir. En ausencia de Jesús, había incluso obrado milagros y curado enfermos.
Cuando Nuestro Señor le dijo a la Santísima Virgen lo que iba a suceder, ella le pidió, de la manera más tierna, que la dejase morir con Él. Pero él la exhortó a tener más resignación en su pena que las otras mujeres; le dijo también que resucitaría, y el lugar donde se le aparecería. Ella no lloró mucho ante él, pero su dolor era indescriptible; había algo casi espantoso en su profundo recogimiento. El Señor le agradeció como hijo piadoso el amor que ella le tenía, y la estrechó contra su corazón. Le dijo también que celebraría espiritualmente la Ultima Cena con ella, y le indicó la hora en que ella recibiría su preciosa Sangre. Se despidió una vez más de todos y les dio las últimas instrucciones.

Jesús y los apóstoles salieron a las doce de Betania y se encaminaron a Jerusalén; con ellos iban siete discípulos que eran de Jerusalén y sus alrededores, excepto Natanael y Silas. Entre ellos estaban también Juan y Marcos, el hijo de la pobre viuda que el jueves anterior había ofrecido su último dinero en el Templo mientras Jesús predicaba. Nuestro Señor lo
había tomado consigo desde hacía pocos días. Las santas mujeres los siguieron al cabo de un rato.
Jesús y sus compañeros rodearon el monte de los Olivos, caminaron por el valle de Josafat y llegaron incluso hasta el monte Calvario. Mientras caminaban, no cesaba de instruirlos. Dijo entre otras cosas a los apóstoles que hasta entonces les había dado pan y vino, pero que hoy les daría su Carne y su Sangre, su ser entero, todo lo que era y todo lo que tenía.

La expresión de Nuestro Señor mientras decía esto era tan dulce, que su alma parecía estar saliendo de su boca con sus palabras, y parecía languidecer de amor deseando que llegara el momento de darse a los hombres. Sus discípulos no lo comprendieron, y creyeron que estaba habiéndoles del cordero pascual. No hay palabras para expresar todo el amor y toda la resignación contenidos en los últimos discursos de Nuestro Señor en Betania y en su camino a Jerusalén.
Los siete discípulos que habían seguido al Señor a Jerusalén no recorrieron el camino en su compañía; fueron a llevar al cenáculo los hábitos ceremoniales de la Pascua y volvieron a casa de María, la madre de Marcos. Cuando Pedro y Juan llegaron al cenáculo con el cáliz, los vestidos para la ceremonia ya estaban en el vestíbulo, donde los discípulos y algunos otros compañeros los habían dejado. Habían colocado también colgaduras en las paredes desnudas, destapado las aberturas de arriba y habían encendido tres lámparas. A continuación, Pedro y Juan fueron al valle de Josafat y avisaron a Nuestro Señor y a los apóstoles. Los discípulos y los amigos que iban a celebrar la Pascua con ellos en el cenáculo, llegaron más tarde.

 

 

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