Sermón sobre el bautismo de Jesús – Audio y para leer – Por P. Luis Fornero

Evangelio según San Mateo 3,13-17.

Se celebraba hoy, este hermoso día de domingo del bautismo del Señor, día en el cual la Iglesia nos invita a reflexionar este hecho histórico. Jesucristo bautizado en las aguas del Jordán. Un bautismo que él no necesitaba porque estaba ungido por el espíritu, sin embargo lo quiso hacer para dar ejemplo de purificación antes de cualquier obra grande y también pequeña.

Jesús en la fila de los pecadores

Esta estampa que podemos imaginar: Jesucristo haciendo la cola entre los pecadores. Imagínense ustedes a Juan Bautista con todo su aspecto de penitencia, un vestido bastante especial hecho con piel de animales, ceñido su vestido con un cinturón de cuero, un hombre, me lo imagino bastante flaco, ¡porque para andar comiendo langostas y miel silvestre, no creo que….! ¡No era que andaba de asado en asado como nosotros!, bueno lo imaginamos a Juan Bautista un penitente, un hombre que venia del desierto, venía de la lucha grande contra el demonio, escuchando la voluntad de Dios y él está en el agua recibiendo a los pecadores que por inspiración de Dios estaban rodeándolo y esperando ser purificados, porque venía un suceso grande, estaba eso profetizado que había que preparar los caminos del Señor y el Señor ya estaba allí.

Jesucristo, el mesías, ya estaba apareciendo. Entonces Juan Bautista empieza a preparar los corazones de los hombres por medio de un bautismo de penitencia por los propios pecados y entre esa fila, en esa multitud de personas pecadoras, vemos al mesías.

Cuantos de nosotros nos molesta que nos tomen por pecadores, ¿no es cierto? ¡Ah, no porque mi nombre! ¡Ah, no porque yo soy fulano de tal!. Mire, Jesucristo ha dado un ejemplo tan grande humildad, siendo el Dios, el creador de todas las cosas, siendo la segunda persona de la Trinidad, haciéndose hombre, se manifiesta a los hombres no como el Dios encarnado sino como un pecador. Y nosotros que somos pecadores realmente queremos ser a veces tratados como dioses. Y cuando por ahí nos señalan algún defecto o algún pecado nuestro orgullo se levanta y se dice: ¿y vos quien sos para decirme a mí…..?

Tenemos en nuestra alma este pecado del orgullo y de la soberbia que es como corregido por este ejemplo, o por lo menos es mostrado por este ejemplo de humildad de Cristo en el bando de los pecadores. El igual a todos nosotros menos en el pecado, se pone en la fila del bautismo de penitencia y esto le sorprende a Juan Bautista, le dice: ¿Tú vienes a mí? ¿Tú vienes a pedirme a mí, que yo te bautice? ¡Si yo tengo que ir a ti! ¡Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti! y ¿eres tú el que viene mi encuentro?

Fíjense las palabras de Juan Bautista. El se da cuenta de este misterio de anonadamiento, de este Dios hecho carne que se humilla al punto de ser considerado también un pecador y no quiere bautizarlo.

Pero Jesucristo le responde déjame hacer esta obra, conviene que hagamos todo lo que es justo. Y era justo que aquél que había venido para tomar los pecados de los hombres, de todos los hombres y aniquilarlos o clavarlos en la cruz, aquel que iba a cargar los pecados de su pueblo, ese que iba a redimir a los pecadores y nos iba abrir las puertas de los cielos por medio de su sacrificio, convenía que ese que iba a ser tratado como un pecador, también comenzara su obra pública, es decir, su apostolado, siendo tratado como un pecador. Y así fue que se va a bautizar.

El bautismo de Juan no es el mismo que nosotros hemos recibido

Tenemos que decir que bautismo de Juan no es el mismo que el que nosotros hemos recibido. El que nosotros hemos recibido es un bautismo distinto, aquel era sólo de agua, un signo, una representación se puede decir como quien hace un símbolo de lo interior, los hombres pedían el perdón de Dios y se hacían lavar.

En cambio el bautismo que nosotros hemos recibido no es sólo un bautismo de agua sino que es el Espíritu Santo que purifica por medio de su poder a un hombre que tiene el pecado original.

Y así desde pequeño nosotros hemos sido purificados por la gracia de Dios y el espíritu y hemos renacido a la vida de Dios por medio de las aguas bautismales, el bautismo de la Trinidad.

Así se manifiesta una diferencia o hay que manifestar una diferencia entre aquel bautismo de Juan y este nuestro bautismo hecho en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Dios mismo se manifiesta en el comienzo de la vida publica de su hijo

Se ve también en el texto la manifestación de Dios mismo. vimos cómo es bautizado Jesucristo o es “purificado” y cuando sale del agua dice que Dios se manifiesta por medio de una paloma, el espíritu Santo.

“Y desde el cielo se escuchó una voz que decía: este es mi hijo muy amado en quien tengo mis complacencias escúchenlo”

¿Qué quiere decir esto?.

Tenemos que ponernos en el momento, Jesucristo se había despedido de su mamá, la virgen María, comenzaba su obra pública es decir su vida pública donde iba a predicar y donde iba a enseñar una doctrina jamás escuchada, donde iba a empezar a pronunciar la voluntad de Dios e iba como a dar a conocer la verdadera sabiduría.

Dios mismo se da a conocer, se muestra, pero eso comenzó en un momento, se le llama el comienzo de la vida pública. El comienzo de la vida pública de Cristo, de su predicación, es este momento, es el bautismo del Señor, ahí empieza a mostrarse, y este comienzo esta como ratificado por Dios mismo.

La primera persona de la Trinidad, Dios padre, se aparece o se hace presente desde el cielo, se abren las nubes y se escucha una voz que lo menciona a Él, a aquel que todavía está chorreando agua, dice: “este es mi hijo muy amado escúchenlo”.

¿Quién es Jesucristo para nosotros? Pero, ¿quién es Jesucristo para Dios?

Cualquiera de ustedes puede pensar lo que es un hijo, sobre todo si ha tenido un hijo.

¿Qué es tu hijo para ti? ¿Quién es tu hijo?.

Bueno de ahí tenemos que saltar a la mente divina y pensar ¿quién es Jesucristo para Dios?. Es su hijo, pero es su hijo eterno, es la palabra hecha carne, es el hijo por medio del cual todos nosotros llegamos a ser hijos en el hijo y este que ha sido bautizado por Juan, Jesucristo, es el hijo del Padre.

Lo dice el mismo Dios, esta frase es como la firma de todo lo que va a venir después. Todo lo que iba ser este hijo estaba como firmado en un papel en blanco en el día del bautismo: “este es mi hijo muy amado”.

El amor del Padre

Quiero hacer una reflexión sobre el amor en este sentido, todos nosotros andamos como sedientos y siempre buscando alguien que nos ame y cuando nos ponemos en el trabajo de ser amados o de amar encontramos grandes decepciones, porque los amores humanos son volátiles, enseguida se van, o enseguida pierden su color, o lo que nosotros habíamos imaginado no llego a ser.

Desde pequeños hemos sido buscadores de una seguridad en el amor. Esta realidad humana hace que sea como lo más importante del ser humano. Tenemos entonces que aplicar esto a Jesucristo. No digo que Jesucristo haya esperado ser amado porque ya lo era, porque El, la segunda persona de la trinidad ya era amada por Dios mismo y no necesitaba ratificación, pero se hace esta voz sonora desde el cielo: “tú eres mi hijo muy amado”.

Henri Nouwen en un hermoso libro que él escribió con este nombre, tú eres mi hijo muy amado, hace una aplicación de este texto, de esta palabra de Dios y la refiere a cada uno de nosotros.

Dice Henri Nouwen que cada uno de nosotros en el momento en nuestro bautismo podríamos imaginar que se abrieron los cielos y nos miró, nos contempló de bebe y nos dijo en nuestra alma: “tú eres mi hijo muy amado”, o “tú eres mi hija muy amada”.

Eso fue dicho de manera misteriosa en el día nuestro bautismo, un día que debiera brillar y debiera ser celebrado.

El día de nuestro bautismo en el cual se abrió místicamente los cielos y Dios nuestro padre, nos ha aceptado como hijos, como hijas.

Y después crecimos, y después empezamos a sufrir, empezamos a penar en el mundo, y nos hemos olvidado de aquel evento tan grande, en el día de mi bautismo Dios me ha aceptado como hijo de Él, como hija de Él.

Y recordarlo convendría sobre todo en los momentos difíciles. Imagínense a Jesucristo clavado en la cruz, en el momento más duro su vida, ¿que habrá recordado?, y de hecho en la cruz sus últimas palabras fueron: “padre en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Fíjense cómo se vinculan este evento del padre diciéndole a Jesús, todavía chorreando agua del Jordán, este es mi hijo muy amado en quien me complazco, y lo podemos unir con aquellas palabras tremendas y hermosísimas que Jesucristo dijo en la cruz: “padre en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Este vínculo entre el hijo y el padre es lo que hace fuerte al hijo y este vínculo es el que nosotros debemos refrescar en el día del bautismo del Señor.

Yo también he sido bautizado, yo también he sido bautizada y yo también soy hijo y soy hija, y en los momentos duro de mi vida deberé yo recordar que tengo un papa, y recordar que tengo un papa no es poca cosa, es más, es lo único importante.

No hay otra cosa más importante que saber que mi padre me ama.

Pero ya no mi padre terreno, porque mi padre terreno puede tener serias dificultades para amarme, no ha sabido como amarme, no ha podido amarme, no ha sabido manifestar su amor de manera clara para que yo me dé cuenta, es más, puedo tener un papa que es malo y que no quiere amarme y que me ha abandonado y tantas otras situaciones humanas que uno puede encontrar, que fue injusto conmigo.

Pero en este día del bautismo del Señor vemos a papa Dios que nos dice a cada uno de nosotros tú eres mi hijo muy amado. No hay verdad más consoladora que esta. Y para Cristo ha sido la fuerza total para empezar su obra redentora.

Empezó a hablar de su padre, empezó a dar testimonio de su padre, empezó a decir que era el enviado de su padre, empezó como a refrescarle a los hombres de donde procedían, que somos hijos de un mismo padre y cuando le pidieron a Jesucristo que les enseñará a rezar ¿qué fue lo que dijo Jesús?.

Cuando ustedes oren digan: “padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre”.

Fíjense, la oración más grande que Dios nos ha dado es al padre, a nuestro padre, a nuestro padre Dios.

En el día del bautismo Dios se ha transformado en nuestro papa, nuestro papa que nos ama inmensamente y por ese amor nos purifica y nos une a él, porque en el día del bautismo la sangre divina empieza a pasar por nuestras venas y nosotros ya no somos simples hombres nacidos de papá y mamá sino que somos hombres redimidos, mujeres redimidas que han nacido de un nuevo principio de vida que es Dios mismo y eso se hace en el bautismo hermosa palabra está “Dios padre”.

El Espiritu Santo, tercera persona d ela Trinidad, nos enseña que Dios es nuestro Padre

Estos son como algunos detalles del momento del bautismo, pero fíjense ustedes que en un momento aparece esta paloma, el espíritu de Dios, ¿quién es? es la tercera persona de la Trinidad que haciendo visible la presencia divina se posa o se pone arriba de Jesús.

Una paloma grande, blanca, me imagino yo. Lo dice el Evangelio, en ese momento se abrieron los cielos y vio al espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia El ¿qué es esta paloma? Es la tercera persona de la santísima Trinidad, el espíritu de amor.

¿A qué estamos llamados por el bautismo? Estamos llamados a dar testimonio del amor de Dios.

Dios nos ha amado a nosotros y nos ha elegido y tendríamos que ser nosotros lámparas en medio de la oscuridad del mundo y debiéramos ser nosotros como la sal de la tierra.

Y nuestro testimonio del amor de Dios se debiera manifestar claramente ante los demás.

Nuestro testimonio entonces está Impulsado por el espíritu, pero ¿qué Palabra Dice el Espíritu Santo dentro del alma del redimido?.

Abba, dice que el Espíritu Santo dentro del corazón del hombre dice una palabra ¿Cuál es? “Abba, Padre”.

El Espíritu Santo también nos enseña que Dios es nuestro Papá. Se puede decir que en el bautismo hay una sola figura que es la figura del Padre que acepta tantos y tantos Hijos y los recibe en su seno y transforma la Iglesia en una gran familia, donde todos nosotros tenemos el mismo papa Dios y por lo tanto nosotros somos hermanos.

El Espíritu Santo es aquel que sabe rezar desde nuestro corazón y cuando nuestras palabras no alcanzan porque nos desojamos en pedidos, en súplicas, nuestras oraciones son muchas palabras, el Espíritu Santo dice sólo una Palabra: “Abba Padre”.

Aparece entonces de manera clara la verdad de la Trinidad aquí. Dios Padre hablando desde el cielo, Dios Hijo saliendo de las aguas del Jordán y el Espíritu Santo en forma de paloma que manifiesta la presencia divina y la unción del espíritu en este que va a empezar su obra pública de la redención de los hombres.

Nuestro bautismo

En este día entonces, además de reflexionar sobre algunos detalles del bautismo del Señor debiéramos pensar en nuestro bautismo y no solamente pensar sino tratar de imaginar aquel momento.

Si están todos bautizados y fueron bautizados desde pequeños, fueron llevados en brazos por alguien, habrá sido en un templo determinado, habrán tenido padrinos, habrán sacado fotos o no, fueron vestidos de blanco o no, eran pequeños o grandes, pero ¿que se hizo en ese Día?

En ese día se me marco con la Cruz de Cristo en la frente, después el sacerdote me puso un aceite de fuerza y de defensa en el pecho, después se me baño con agua, en tres chorritos de agua en la frente y se dijo yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu santo, después de ese hermoso gesto vino la unción en la cabeza con el crisma donde se me dijo que era otro Cristo, cada bautizados es otro cristo, después de eso se me puso un vestido blanco, una pequeña túnica blanca, para representar la purificación que hace el bautismo del pecado original, también se le dio a mi padrino o mi papa o a mi mamá una velita que fue encendida en el sirio, porque el bautismo nos une a la misma vida divina y la vida de Cristo resucitado es depositada y empieza a arder en el alma de cada bautizados y eso es lo que representa la velita.

La vela encendida es mi vida espiritual que empieza a vivir de manera tenue y se le dijo a mi papá y a mi mamá y a mi padrino y a mi madrina reciban la luz de Cristo, a ustedes padres y padrinos se confía la misión de acrecentar esta luz, para que este niño iluminado por Cristo viva siempre como hijo de la luz y perseverando en la fe pueda salir al encuentro del señor con todos los santos cuando él vuelva.

Fíjense esta oración lo que es, hasta se dice que un día yo iluminado por Cristo tendré que vestir la única de la gracia y muerto y resucitado deberé presentarme delante del Señor Jesucristo aquel que me ha dado la vida en el bautismo.

Este del rito del bautismo es algo maravilloso que nosotros debiéramos repasar y eso es lo estamos haciendo.

Dios nos conceda entonces conservar las promesa del bautismo también, porque en un momento se hace las promesa bautismales, que lo hacen los papás y las mamas, padrinos y madrinas, lo hacen por el niño, por la niña que se bautiza.

Sin embargo convendría que nosotros hagamos eso de manera consciente, vivimos en el mundo, estamos en el mundo y escuchen ustedes lo que dijeron nuestros padres y padrinos en el día del bautismo, el sacerdote le dijo: estimados padres y padrinos este niño que han presentado a la iglesia va recibir en el bautismo por medio del agua y del Espíritu Santo una vida nueva que procede del amor de Dios, traten de educarlo en la fe para que esa vida divina sea preservada del pecado y crezca en el todos los días.

Si están dispuestos a esta responsabilidad van a renovar el compromiso del propio bautismo renunciando al pecado, profesando la fe en Jesucristo, esa misma fe de la iglesia por la que este niño será bautizado.

Y después de esto todos se pusieron de pie y todo esto antes de que nos echen el agua y el sacerdote preguntó:

¿Renuncian al demonio? y todos respondieron: si renunciamos.

Después siguió ¿renuncian a todas las obras del demonio? si renunciamos.

¿Renuncian a todos los engaños del demonio? si renunciamos.

Y después pasó a la profesión de fe y pregunto a los presentes, hasta el fotógrafo tiene que agachar la cabeza (que va hacer, aunque no creo nada), y en un momento el sacerdote pregunta

¿Creen en Dios Padre todopoderoso creador del cielo de la tierra? y toda la iglesia entera contesta: si creemos.

¿Creen en el espíritu santo, creen en Jesucristo? y todos contestaron: si creemos.

El bautismo es la fiesta de la fe, es el comienzo de la fe, pero también es el comienzo de alguien, que es como vestido para la guerra.

La fe es un arma, la caridad es un arma, la esperanza es un arma, la pureza es una arma, la vida de gracia un arma para luchar en el mundo.

¿Contra quién? contra el demonio. Y eso está manifestado en el bautismo, hay un planteo de una batalla entre el bien y el mal y la iglesia ha querido refrescar esto en la celebración del bautismo cuando hace un rechazo al demonio y a toda su obra y una profesión de fe, es decir, la toma de las armas para que el cristiano sea un soldado de Cristo en el mundo y esto se volverá a refrescar y se volverá a decir en el sacramento de la confirmación

¿Qué es ser bautizado?

¿Qué es ser bautizado entonces? es ser un soldado, discúlpeme por ahí nada pacifista, pero un soldado de paz evidentemente, un soldado que lucha contra enemigos que no son de carne ni sangre, lo dice San Pablo esto, contra los espíritus infernales que revolotean por el aire, esta lucha es la que permanece hasta nuestra muerte.

Y un bautizado no puede bajar los brazos, no debe bajar los brazos porque hay alguien que ha dado fuerza a ese bautismo y hay alguien que ha ratificado con su sangre la lucha del cristiano y le ha dado como el sentido de la lucha.

Cristo nos ha enseñado con su sacrificio en la cruz de que no se pueden bajar los brazos y un cristiano que baja los brazos es una vergüenza.

Un cristiano que comete un pecado, bueno, puede arrepentirse, puede empezar un nuevo camino, pero ¿bajar los brazos? eso no es de los bautizados. Eso va en contra del espíritu del bautismo que nos ha inspirado el espíritu de fortaleza y nos ha hecho soldado de Jesús por medio del testimonio del amor de El.

Así que terminando estas palabras vamos a ponernos de pie y vamos a renovar la promesa de nuestro bautismo, pidiéndole al Señor que nos conceda despertar en nosotros un deseo de mayor fidelidad, ser intensos en la vida de nuestra fe, aunque muchas veces caigamos tenemos el deber de levantarnos y por la fe debiéramos gritarle a nuestro señor: ¡señor sálvame!

Renovación de nuestras promesas bautismales

Que esta profesión de fe, renuncias a satanás sea para nosotros la fortaleza en el día cotidiano, en la lucha cotidiana por mantener la fidelidad a Cristo.

Contestamos si renunciamos

¿Renuncian al demonio? Si, renunciamos.

¿Renuncian a todos las obras del demonio? Si, renunciamos.

¿Renuncian a todos engaños del demonio? Si, renunciamos.

Y ahora contestamos si creemos

¿Creen en dios padre todopoderoso creador del cielo y de la tierra? Si creemos.

¿Creen en Jesucristo su único hijo nuestro señor que nació de la virgen maría padeció y fue sepultado y resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del padre? Si creemos.

¿Creen en el espíritu santo, en la santa iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna? Si creemos.

Esta es nuestra fe y esta es la fe de la iglesia la que nos gloriamos de profesar en Jesucristo nuestro señor. Amen.

Homilia 8 enero 2017 – Capilla San Cayetano – Lujan – Argentina – Por Presbitero Luis G. Fornero

 

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