Sermón sobre las bienaventuranzas – Audio y para leer – Por P. Luis Fornero

Evangelio según San Mateo 5,1-12

Comienzo de la predicación de Jesús

Al empezar su vida pública Jesús dice una palabra: “conviértanse porque el reino de los cielos está cerca”.

La conversión como elemento necesario para escuchar al Mesías que empezaba a hablar ya lo había anunciado Juan Bautista cuando gritaba la misma palabra.

Juan Bautista preparo así a su pueblo pretendiendo que cada uno de los corazones, como buena tierra, a reciba la semilla de la palabra divina que se empezaba a anunciar.

En el día de hoy tenemos el comienzo de la predicación de Jesús. Dice que lo seguía una gran multitud que venía de diversos lugares y al ver esa gran multitud, Jesús subió a la montaña se sentó, como maestro, y sus discípulos se acercaron a él y el tomo la palabra y comenzó a enseñarles.

¿Quién es el que enseña?

 

El que enseña ya no es un maestro humano sino que es Dios.

Dios hecho carne empieza a hablar. El que hizo el mundo, el que va a salvar el mundo, el que mueve el mundo y mueve cada uno de los corazones es el maestro y ya no es un maestro humano como los profetas del antiguo testamento que anunciaban a Jesús.

No es un maestro que puede ser puesto en tela de juicio, porque hay que ver que doctrina enseña. Jesucristo es el maestro de los maestros.

En realidad el ya no es el maestro, es la verdad misma que empieza a hablar. La palabra misma que empieza a decir de qué manera hay que llegar a Dios.

Esa palabra hecha carne, es la palabra eterna de Dios, el verbo, nosotros los que creemos en la trinidad sabemos que la segunda persona de la trinidad es el verbo de Dios, la palabra.

Segunda persona de la trinidad que se hace hombre en las entrañas de María la virgen y sin dejar de ser Dios toma naturaleza humana y en un momento empieza a hablar como hombre pero sin dejar de ser Dios, su palabra humana también es divina, se escucha con los oídos, pero esa fuerza que tiene la palabra divina va a ir más profundo que el oído y llegara al corazón de los hombres, por eso hablara antes de la conversión.

Hay que disponer el corazón. Dios habla, pero si uno no está preparado, si el corazón sigue duro….

Recordaran la parábola del sembrador que tiraba semillas por todos lados y había distintos tipos de terreno que representan los corazones humanos, la semilla es la misma pero depende de donde cae, que frutos da.

Así cuando nosotros escuchamos al señor diciendo estas palabras tan hermosas, las bienaventuranzas, el comienzo de su predicación, lo primero que tenemos que señalar es que es muy importante nuestro corazón, de qué manera nosotros estamos escuchando al señor.

Mis palabras no pasaran

Podemos escuchar hoy en muchos ámbitos, ¡Bueno, pero lo que pasa que lo que dijo Jesús hace 2000 años ya no se puede aplicar hoy!

Dios habla para la humanidad, para todos los hombres, por eso el dirá el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán. El habla de la novedad perpetua de su palabra, nunca es antigua, no está dicho para un pueblo determinado, para una cultura determinada.

A veces escuchamos ¡Bueno, lo dijo para los judío! ¡Bueno, pero como nosotros somos argentinos habría que ver de qué manera volvemos a releer el Evangelio!

Y ahí aparecen las relecturas del evangelio, ¡hay que volver a leerlo en clave latinoamericana! ¿En clave latinoamericana?

No se sorprendan, así hablan a veces algunos teólogos. ¿Qué hay detrás de esto?

Que cuando se encuentran con el evangelio y el evangelio dice palabras a veces medulosas, como hasta pesadas y hasta a veces las palabras de Jesús parecen hasta violentas, muy duras, ¿qué dicen los teólogos modernos, los catequistas modernos?

¡Hay que ver, eso lo dijo para los judíos de aquel tiempo! ¡Nosotros ya hemos progresado! Bueno yo les dijo déjense de inventar y engañar

Jesucristo habla para hoy, para ayer y para antes de ayer, hace 2000 años atrás, y va a hablar y siempre su palabra será la misma y su verdad proclamada al mundo no depende de los cambios sociales y culturales y no depende de los países. Cada uno verá cómo tiene su corazón

Las dificultades de las bienaventuranzas

Hago toda introducción por una gran dificultad que hay con las bienaventuranzas.

Dice, al ver a la multitud Jesús subió a la montaña, se sentó, sus discípulos se acercaron a él, entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles diciendo:

Felices los que tienen alma de pobres o dice Lucas felices los pobres.

Después dice felices los afligidos, es decir, los que sufren.

Felices los pacientes, los que aguantan el chubasco, los pacientes, el que padece de manera callada, el que padece ese es el paciente.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, es decir, los que sufren la injusticia, eso quiere decir el que tiene hambre y sed de justicia.

¿Cuándo uno tiene hambre? cuando no tiene el alimento. ¿Cuándo uno tiene sed? cuando no ha tomado agua durante un largo tiempo, no se ha hidratado.

Tener sed y hambre de justicia ¿qué quiere decir?

Que vivo en mundo injusto, que vivo en una familia a veces injusta, que vivo en un lugar injusto, en un trabajo injusto donde soy víctima de la injusticia, eso quiere decir tener hambre y sed.

Y acá Jesús dice felices los que tienen hambre y sed de justicia. Ya de entrado uno dice, me parece que acá le está errando Jesús, porque dice felices los que sufren la injusticia ¿Cómo es esto? ¿Cómo se digiere esto?

Y sigue, felices los que tienen el corazón puro. Los que luchamos por la pureza de nuestro corazón, ¡lo que cuesta!, los sacrificios que hay que hacer, las miradas que hay que retirar, los pensamientos que hay que sacar de la cabeza, a los lugares que no hay que ir, los amigos que hay que rechazar, las amigas de que hay que rechazar para ser puro, los programas de televisión que no hay que mirar, un lenguaje determinado, una música determinada para encontrar la pureza del corazón, ¡es cuesta mucho!

¿Por qué Jesús dice felices los que tienen el corazón puro? ¿No se ve acaso la gran dificultad? ¿Cómo va a ligar Jesús la felicidad a la búsqueda y la adquisición de un nivel de pureza que no es fácil?

Después sigue diciendo Jesús, felices los que trabajan por la paz. El que trabaja por la paz, por lo pronto, va a perder plata.

Si vos te pones al nivel de la violencia ajena, en una empresa vamos a suponer, en un lugar de trabajo, si vos sus violento con tu lengua, con tu mirada, con tus ambiciones, en un momento empiezas a escalar, empiezas a ver si pisoteas al otro, si le rompes el cráneo a otro, seguramente con esa violencia vas a adquirir muchas ganancias, especialmente vas a estar un poquito mejor económicamente.

El que busca la paz a la larga terminará medio pobretón, no digo absolutamente pobre en cuanto al dinero que pueda ganar sino que quiero decir, el que trabaja por la paz en un mundo medianamente violento, medio que va a quedar afuera.

Comenzaras a quedar afuera y cada vez más afuera. Los que trabajan en el mundo saben de qué les estoy hablando, los marcos sociales violentos, los ámbitos violentos.

Hablan mal de vos, ¿y no te vas a defender? Vos también tenes que hablar mal del otro, se te calumnia, vos también tenes que calumniar, si te pisotea, vos también tenes que pisotear, se te pega en el rostro, se te escupe la cara, se te pone una corona de espina, vos también tenes que poner coronas de espinas.

El que trabaja por la paz en un momento es víctima del violento y ¿qué tiene que hacer para vencer al violento? Nada. ¿Cómo nada? y pero así no se puede padre. Y ¿qué quiere que le haga? es así, somos seguidores de un pacífico, que es Cristo.

Por eso estos felices los que trabajan por la paz no es repartir polenta en los barrios pobres, no es mandar en el whatsapp “feliz día de la paz” con la palomita, está bien, también es dar un mensaje de paz.

Pero el que trabaja por la paz en un momento debe ser el pacífico y debe vivir en un ambiente que no es pacífico. Como lo dice de otra manera Jesucristo: “los envió al mundo como ovejas en medio de lobos”, esas palabras son tremendas.

Los mandó al mundo como ovejas en medio de lobos, eso de trabajar por la paz, es no vestirse nunca con piel de lobo, no sacar los dientes nunca como lo hacen los lobos, no morder nunca aunque los lobos me muerdan. No es fácil lo que está diciendo Cristo aquí.

Y sigue Jesucristo como si no hubiese dicho nada, felices los que son perseguidos por practicar la justicia, por ser justos.

¿Que ser justo? dar a cada uno lo que le corresponde, eso es ser justo.

Y para nosotros que somos creyentes ¿quién es el primero que debe estar encabezando la lista de los que nos piden nuestros actos de justicia?

En el primer lugar: Dios, siempre Dios. ¿Soy justo con Dios?

¡Y si porque yo voy a misa, rezo un poquito, me porto bien! ¿Eso es ser justo?

Para ser justo, en una balanza, en el plato de la izquierda vos tenes un kilo, para ser justo, ósea para que la aguja de la balanza quede en el medio, en el otro plato hay que poner un kilo.

¿Y si de un lado lado vos tenes un don total? En el otro plato tenes que poner un don total.

Jesucristo nos ha puesto en un serio aprieto a nosotros, muy serio, no alcanza con lo que das, y no nos referimos a lo económico o la plata que nosotros podemos dar en la Iglesia o a un pobre, porque Jesucristo no nos dio dinero, Jesucristo se dio el entero, absolutamente entero.

Uno puede ver el camino de Jesucristo y es como aquel que va avanzando y se va desvistiendo y llega desnudo al pie de la cruz y se deja clavar en la cruz.

Empieza vestido de rey con su capa purpura, podemos imaginar un Jesucristo rey, un Jesucristo bello, peinado, limpio y termina entregando su vida en el calvario dándolo todo por mí.

A veces nos llenamos la boca de que nosotros somos conocedores de Jesús, seguimos a Jesús.

Para ser justos con Jesús debemos darle todo a él, todo.

Y ¿Pero cómo hago? Bueno, por algo tengo que ir creciendo en la gracia e ir aprendiendo y tenemos que ir poniéndonos de rodilla delante del santísimo Sacramento, por eso están los sacramentos, la confesión, la comunión y la confirmación. Está el trabajo cotidiano de un cristiano que quiere ser justo.

Luego dice felices los que son perseguidos por practicar la justicia.

Cuando vos te pones en este camino de justicia total para con Dios, te empiezan a decir no seas exagerado, no jodas, está la visita, vienen tus parientes, ¿para qué vas a ir a misa?

¿Y que decidimos? ¿Qué hay que hacer?

-¡No este es esta mal, va a misa los domingos, se confiesa habitualmente, ahora se va un retiro! ¡Están locos estos! ¡No, a este no lo invites porque es un aguafiestas enseguida sacan dos o tres porros y ya se pone mal!

Vos queres darle a Dios todo e instantáneamente se levantan en los horizontes de tu vida, como alredor tuyo, cañones, flechas, armas que empiezan a apuntarte.

El que quiere ser justo con todas las letras en un momento es molesto.

Imagínese en el ámbito social si sucede esto cuanto más en el ámbito espiritual.

Y última bienaventuranza felices ustedes cuando sean insultados y perseguidos y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Aquí hay otra cosa difícil, ya tu vida de pobreza, tu vida de misericordia de acuerdo a las bienaventuranza, tu vida de búsqueda de la pureza, tu vida de gracia, tu vida en cierta justicia luchando por eso, te va a crear en el mundo concreto, de tu familia, de tu trabajo, con los amigos, en tu matrimonio o tus hijos o tus padres una incomprensión de parte de ellos, no van a entender que es lo que sucede en tu corazón y se levantara entonces la calumnia, la burla, la persecución.

Usted podrá decirme: ¡esto no sucede!

Si sucede, sucede a veces en pequeñas cosas, no es que me sacan cuchillos y me andan corriendo por la cocina porque vamos misa, no sucede eso. No sucede que vamos a perder el trabajo porque yo diga mira qué lindo evangelio este. Pero se da como ese rechazo mínimo que va como desgastando al cristiano católico.

La pequeña burla, el no tenerte en cuenta, el dejarte de lado, el comentar cosas a tu espalda, la calumnia.

Las bienaventuranzas se entienden solamente la luz de la promesa celestial

Por tanto las bienaventuranza son bellísimas, ¡qué lindo, Jesucristo nos dio la bienaventuranza!

Léanla bien, medítenla, métanse en el corazón de cada una de las frases llamadas bienaventuranzas porque empiezan con la palabra bienaventurados o felices y vean el serio inconveniente que tienen en la vida cotidiana, encontraremos este serio encontronazo en nuestro corazón entre un gran deseo de felicidad y la vida pobre, la vida injusta, la vida de postergación, la vida de persecución y saben que, es contradictorio esto.

Por eso las bienaventuranzas se entienden solamente la luz de la promesa del cielo y por eso las bienaventuranzas terminan todas de la siguiente manera:

Felices los pobres porque a ellos les pertenece el reino de los cielos. Va a lo eterno.

Feliz los afligidos porque serán consolados en la eternidad.

Felices los pacientes porque recibirán la tierra en herencia, ¿qué tierra? Es como una imagen del cielo, esa tierra prometida donde no se iba a poner nunca el sol.

Felices los misericordioso porque obtendrán misericordia. Un día los que vayamos al cielo si Dios quiere veremos lo que es el amor de Dios y abrazaremos la misma misericordia. Aquel que nos ha perdonado un día nos recibirá en sus mansiones eternas.

Felices los que tienen el corazón puro porque verán a Dios, está hablando claramente del cielo.

Todas las bienaventuranzas al finalizar señalan lo eterno, señalan el cielo.

Felices los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios, recibiendo la herencia de los hijos.

Felices los que son perseguidos, porque a ellos les pertenece el reino de los cielos.

Felices ustedes cuando sean insultados, etcétera, porque un día recibiremos la recompensa en el cielo. De la misma manera los malos persiguieron a los que eran profetas y los precedieron

Las bienaventuranzas, entonces, una gran dificultad, un gran deseo del corazón, queremos ser felices. Una gran dificultad en el mundo cotidiano, en la vida cotidiana, nos encontramos que tenemos que sufrir, que tenemos que llevar cruces, pero estamos orientados hacia el cielo donde seremos realmente felices, donde Dios enjugará nuestras lágrimas.

¿Cuánto de nuestros dolores tienen una pregunta, que ni la hacemos a veces? ¿Un día pasarán? ¿No se lo han preguntado alguna vez? ¿Un día estos dolores, estas cruces, estas dificultades, pasarán? ¿Dios tendrá misericordia de mí?

Por supuesto que sí, pero tenes que aprender a vivir en paz y serenamente la propuesta de la felicidad en medio de las dificultades.

Dios nos conceda el premio a nuestro dolores en el cielo, en el reino de los cielos, llamados hijos de Dios nosotros, nos ponemos felices porque Dios tiene un plan hermosísimo: que nosotros lleguemos a él.

1 comment

  1. Es una manera de darle aplicación a las bienaventuranzas en mi vida, ya que normalmente tomo textualmente los conceptos sin detenerme a reflexionar como se puede aplicar la palabra de Dios en mi vida cotidiana. Gracias y que Dios los siga bendiciendo por compartir tan magnificas enseñanzas.

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