Tomar en serio la Fe Cristiana 1 – En audio y para leer

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Por Fray Nelson Medina

Como sacerdote uno tiene una experiencia de ver la diversidad de las personas que llegan a la santa misa. Uno ve que hay personas que están intensamente conectadas con lo que se está celebrando, están muy atentas y van siguiendo cada momento de la celebración. Así como también veo otras personas ausentes o como distraídas. Hay personas que definitivamente parece que las llevaron como a la fuerza. Hay otros en cambio que tienen como ese anhelo en su rostro.

Yo me he preguntado por esas diferencias. Me he preguntado que sucede en el corazón de una persona, sobre todo en un momento cuando empieza a tomar su fe cristiana en serio.

¿Qué ha pasado en la vida de alguien para que empiece a tomar su fe de un modo nuevo, de un modo distinto?

Esa experiencia de cambio muchas veces está asociada con un retiro espiritual, otras veces está conectada con lo que sucede en la historia de esa persona.

Por ejemplo la persona que ha tenido un accidente, la persona que ha tenido una perdida o ha tenido una quiebra.

A veces la vida produce fracturas tan grandes que uno se queda realmente sin tener de dónde agarrarse y en esas circunstancias muchas personas buscan a Dios, y lo buscan en serio.

Hace un tiempo se presentó un accidente aéreo espantoso, el caso de un piloto suicida. Este hombre aprovecho el momento en que el piloto principal de la nave salía, se encerró con llave en la cabina de mando, y luego comenzó a descender el avión a máxima velocidad hasta estrellarlo contra las montañas.

Podemos imaginar la angustia de la gente que estaba en ese avión, el piloto que no podía recuperar el mando de la nave golpeaba desesperadamente la puerta diciéndole al otro que abriera porque ya veía lo que iba a ocurrir.

En los últimos segundos lo que se escucha en las grabaciones es la gente invocando el nombre de Dios en los distintos idiomas, franceses, alemanes, italianos.

Lo que la gente hacia era invocar el nombre de Dios. Definitivamente hay momentos en los que la fractura de la vida nos lleva a reconsiderar que es lo primero, que es lo segundo, que es lo más importante, y parece que ante las peores dificultades, realmente uno vuelve a Dios.

Pero hay muchas personas que no han tenido que pasar por esas experiencias y que sin embargo toman a Dios muy en serio.

Comencemos por preguntarnos ¿qué significa tomar a Dios en serio?, y luego preguntémonos ¿qué camino van llevando las personas que llegan a esa experiencia?

Síntomas de que una persona está tomando a Dios en serio

Hay síntomas de que una persona está tomando a Dios en serio. Como suele suceder en el caso de las enfermedades un solo síntoma no es suficiente, pero si tu presentas un cuadro de síntomas, pues parece que sí.

Primer síntoma: la persona separa tiempos

El tesoro más grande que cualquiera de nosotros tiene en este mundo se llama tiempo porque es por definición lo que jamás podrás recuperar.

Si tú le das a un amigo media hora de tu día, esa media hora jamás podrá volver a ti. Si tú gastas dinero o pierdes dinero quizás lo puedas recuperar, con otra operación, con otro negocio. El dinero se puede recuperar, pero el tiempo no.

Entonces uno de los síntomas que determina que Dios ha empezado a ser algo real en la vida de una persona es el tema del tiempo.

Por ejemplo, decidimos ir un fin de semana de paseo familiar, salimos un jueves y volvemos el martes.

¿Qué clase de pensamientos llegan a tu mente? Una persona que toma a Dios en serio dice: “un momento, hay un domingo en medio, ¿qué va a pasar el domingo?”.

El hecho de la que persona diga que va a pasar el domingo, indica que para esa persona ese tiempo es importante. Este es un síntoma muy interesante.

Calidad del tiempo

Hoy se habla mucho de calidad de tiempo. Muchas personas que de alguna manera podríamos llamar supersticiosas hacen una pequeña oración en ciertos momentos, vemos futbolistas que se trazan la señal de la cruz antes de ingresar al campo o vemos personas que van a iniciar un negocio o simplemente al comenzar el día hacen una pequeña oración, quizás por costumbre, quizás con algo de fe, quizás por una especie de superstición, algo así como si no lo hago me podría ir mal.

Evidentemente este es un tiempo de muy baja calidad. Es algo que se hace de manera rutinaria desentendida.

¿Cómo tratas tu a la persona que es importante para ti?

Un papa que toma en serio su vocación de papa, cuando está hablando con su hijo no está simplemente contestando el correo electrónico o respondiendo cuatro llamadas. De hecho si trata así al hijo, el hijo entiende el mensaje: yo no importo para mi papa.

Entonces el tiempo en cantidad y calidad es un indicador interesante.

Además es un indicador interesante aquello que nos dice san Pablo en la primera carta a los corintios cap. 13, refiriéndose al amor, y el amor tiene mucho que ver con lo que estamos diciendo. San Pablo dice: “el amor no lleva cuentas”.

Para los que están enamorados el tiempo que pasan siempre es corto, siempre deberíamos poder tener más tiempo, quisiera estar más tiempo contigo.

Si están sentados por ejemplo en un parque, en un café o están de paseo y ella o él se dan cuenta de que su pareja, empieza a mirar el reloj, a los quince minutos vuelve a mirar el reloj, de inmediato te haces preguntas ¿Cuál es el afán? ¿Tiene algo muy importante que hacer? ¿Tiene que irse a alguna parte? ¿Lo está esperando alguien más?

Entonces tenemos el tiempo en cantidad, el tiempo en calidad y el tiempo en término de las cuentas que nosotros hacemos.

La persona enamorada no lleva las cuentas del tiempo

Esto no significa un llamado a la irresponsabilidad. Una pareja de novios puede tener el deseo de compartir todo el día, toda la vida, pero también hay otras responsabilidades, hay otras cosas que hay que hacer.

Entonces viene la despedida, que además se llama proceso de despedida: hasta que al final no hay nada que hacer, finalmente me toca irme, no puedo hacer nada más, pero se siente el dolor como que me han quitado algo.

Entonces eso habla de calidad, eso habla de una fe cristiana en serio.

No llama la atención que muchos santos realmente no llevaban cuentas en esto. La largas vigilias de Santo Domingo de Guzmán, los largos ratos de oración por el campo del santo Cura de Ars, las tardes enteras de contemplación de Santa Mariana de Jesús allá en Quito, el tiempo “absolutamente perdido” de Santa Rosa de Lima en su ciudad, ese es un indicador interesante.

Digo que todo esto se parece mucho al amor por una buena razón, el que no está enamorado, inevitablemente termina preguntándose, bueno, pero ¿Qué más le mira? ¿Qué tanto conversan?

Esta es la desesperación de todo papa de niña adolescente de novia. ¿Qué más van a hablar?, ¡ya pasaron la tarde juntos!, ¡se despidieron 45 minutos!, llega a la casa, lo primero que hace es agarrar el teléfono, ¿Qué le puede decir? ¿Que el ómnibus tenía 18 ruedas? ¿Qué le puede decir?

Pero es por eso, el que está afuera de la relación de amor no entiende que el tiempo se gaste así.

Para muchas personas es un enigma, que gente como ustedes que podría estar haciendo tantas cosas tan interesantes en este momento este dedicado a oír o leer un sermón.

Las preguntas que se hacen son ¿Qué le pasa a esa gente? ¿Son fanáticos, o que? ¿Qué les pasa? ¿Porque sucede esto?

Entonces este es un indicador de que una persona está tomando a Dios en serio

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