Tomar en serio la Fe Cristiana 5 – En audio y para leer

 

Tomar en serio la Fe Cristiana 5 – Descarga aqui

Por Fray Nelson Medina

Proceso por el cual llegamos a tomar a Dios en serio

Vamos a describir el  proceso por el cual la mayor parte de las personas llegan a descubrir que Dios puede ser tomado en serio, que debe ser tomado en serio y que nos regocijamos cuando empezamos a tomar a Dios en serio.

1 – Descubro que existe el bien y el mal

Yo descubro que en el mundo hay cosas buenas y cosas malas, acciones buenas y acciones malas, gente que uno diría es buena, tendrá defectos pero es gente buena, y gente que uno diría es gente mala aunque tal vez tenga algunas cosas buenas.

Todo empieza en la distinción y en realidad todo adulto, no importa lo que se diga desde el punto de vista filosófico, (porque en la filosofía dicen cualquier cosa, por ejemplo Parménides decía que en realidad no hay movimiento). No hablando de filósofos sino hablando de la experiencia que uno tiene, uno se da cuenta que existe el bien y existe el mal.

De esto se da cuenta todo el mundo. El metodista, el presbiteriano, el luterano, el católico, el judío, el musulmán, el ateo, todos se dan cuenta de esto.

Este es el primer paso que todos nosotros hemos descubierto. En la práctica llegar a la edad de la razón y descubrir este tipo de cosas es lo mismo.

2- Descubro la conciencia

El segundo paso es darse cuenta que uno tiene un cierto dominio sobre sus propias decisiones, uno tiene un cierto timón en la barca de la vida, uno se da cuenta que uno puede inclinarse un poco más hacia lo que podríamos llamar lo bueno o inclinarse un poco más a lo que podríamos llamar lo malo. Esto se llama el descubrimiento de la conciencia.

En el descubrimiento de la conciencia, yo no dependo de que simplemente otra persona me diga las cosas sino que yo mismo me doy cuenta y esto sucede en todas las personas.

Me doy cuenta que hay una voz dentro de mí. Esa voz puede ser fastidiosa, esa voz puede ser a veces hiriente, pero esa voz existe.

3- Tomo conciencia del problema de la muerte

En algún momento caigo en la cuenta de que la capacidad de tomar decisiones buenas o malas no es infinita. Es decir me doy cuenta en esencia del problema de la muerte.

Y entonces enunciado de muy diversas formas se me plantea el problema del sentido. O sea yo puedo hacer algunas cosas buenas otras cosas malas. Por ejemplo, tenía una novia estaba enamoradísima de mí, yo no de ella, me aproveche de ella, la disfrute la goce, luego la deseche, luego me conseguí otra. Es decir la persona en un momento dado se sentía bien con eso, en otro momento descubre que llega una mujer que le hace lo mismo a él y a veces roba y a veces lo roban y a veces miente y a veces le mienten, a veces se siente muy poderoso y otras veces se siente extraño y siente que es una marioneta de las modas, del que dirán.

Llega un momento en que la persona se pregunta ¿esto es todo?, o sea ¿la vida es eso? ¿Es como un corcho en un mar agitado?, subo, bajo, me muevo, regreso y un día termina ¿Y Qué?

Esa pregunta por el sentido, pronunciada de muy diversa manera, es absolutamente definitiva, porque es la oportunidad que la persona tiene de sacar como lo mejor de sí.

¡Yo quisiera aportar algo bueno! la manera como la mayor parte de los ateos dicen esto es ¡quisiera dejar el mundo un poco mejor de lo como lo encontré! tal vez descubrir una vacuna, tal vez mejorar en algo la tecnología, tal vez favorecer la educación de unos niños pobres, tal vez darle agua potable a alguien o tal vez hacer reír a la gente.

La conciencia de que la vida se acaba. No puede ser simplemente pasear y pasear. Una amiga hace muchos años estuvo 7 u 8 años publicando fotos de muchísimos lugares de este planeta. Tenía un muy buen trabajo, mucho dinero, muchos amigos, algunos novios, de manera que la colección de fotos de ella recorre desde sur a norte y de este a oeste del planeta.

Pero después de 7 u 8 años de estar sacando fotos de lugares exóticos y glaciares y montañas llega un momento que la persona se satura. Ese momento de saturación es el momento en que la persona se pregunta ¿qué más da la vida?

Algunas veces esa experiencia está unida a la experiencia de haber amado y haber decepcionado a muchas personas porque como diría San Agustín: “nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.

Llega un momento de que más montañas y más montañas y más flores o más besos, o más sexo o más droga o más clubes nocturnos o más restaurantes, ¡Ya no quiero eso!

A esta amiga le paso eso y las circunstancia particulares de su vida es que en estos momentos ella es madre soltera. A pesar de que no es lo que ella imaginaba como felicidad, el hecho de poder hacer algo específico por un ser humano que la necesita tanto, el hecho de poder dedicarse a ese pequeñito ser humano, darle cariño, tratar de formarlo de la mejor manera, gozar su sonrisa, le ha dado sentido a la vida de ella.

4- El deseo de dejar una marca positiva

Surge dentro de la persona un deseo de dejar una marca positiva. Un deseo de bondad, es decir, si yo pudiera lograr eso, quizás un sistema de tecnología que le va a aliviar la vida a mucha gente.

Es interesante ver como muchas de las personas más adineradas del mundo sienten esta urgencia y por eso deciden hacer donaciones colosales a lo que ellos estiman que es mejor. Así por ejemplo hay una fundación que tiene su origen en Bill Gates, uno de los hombres más adinerado del mundo y el piensa dejar algo así como el 90% de su inmensa fortuna para los proyectos que él considera importante. Algunos de esos proyectos tristemente suponen la destrucción de vidas humanas, pero ese sería otro tema.

Lo que quiero decir que la persona siente el impulso de hacer algo realmente bueno, no cositas buenas, sino algo que sea lo que yo hice en mi vida. Algunas personas encuentran eso en una escala muy sencilla, por ejemplo en su familia, los hijos son la razón de ser de mi vida, estos hijos que eduque, estos que forme, son la razón de mi vida.

5- Querer dar la pelea por nuestras propias fuerzas

El paso quinto es esencial porque es donde comienzan a diferenciarse las historias de los creyentes con los no creyentes y los que creen en un Dios personal o no creen en un Dios personal.

Me doy cuenta que esa bondad que yo quisiera, ese bien que yo quisiera dejar al mundo, es arduo, tiene grandes dificultades, pero vamos a dar la pelea.

Voy a trabajar en la vacuna contra la malaria, voy a desterrar el ebola de la tierra, voy a conseguir un método para sacar agua en el desierto. Puede ser tecnología, puede ser medicina, puede ser lo que sea, es voy a dar la pelea.

Pero qué pasa si empiezo a sentir que mis recursos interiores se agotan. Mis ganas de ser bueno se agotan. Mi capacidad de perseverancia se agota. Mi capacidad de perdonar se agota. Mi capacidad de pelear contra monstruos gigantescos como es la corrupción política o la corrupción académica se agota.

Que pasa cuando un papa o una mama trata de hacer todo por una hija o por un hijo y empieza a sentir que su fuerza se acaba, empieza a sentir que no hay resultado, empieza a sentir que el único pago es la ingratitud.

Que pasa cuando yo quiero llevar un camino recto y resulta que un vicio empieza a adueñarse de mí como le paso a San Agustín con el tema de la lujuria. Él se daba cuenta que sus pensamientos y su filosofía eran elevadas, él quería buscar la pureza de la sabiduría pero el cuerpo se debatía en la impureza de la lujuria y él se sentía literalmente desgarrado, no podía más.

La persona que no ha vivido el desgarramiento de un modo que solo podemos calificar o de ingenuo o de cínico sigue creyendo que se puede dar la pelea con las solas fuerzas humanas.

El desgarramiento es darse cuenta del límite, es cuando una persona da un testimonio por ejemplo en un retiro, todos usan una expresión ¡toque fondo!

Toque fondo fue lo que le sucedió a San Agustín cuando dijo ¡No aguanto más! ¡Mi cabeza, mi mente, mi corazón, mi alma tienden a la sabiduría, a la verdad, a la pureza, a la santidad pero mi cuerpo a revolcarse en el barro con quien sea incluyendo prostitutas o lo que sea!

¡No puedo más, estoy desgarrado! El desgarramiento, ahí es donde viene lo más importante. Ese desgarramiento es a veces tan doloroso y tan lacrimógeno como le sucedió a San Agustín y en otras ocasiones sucede con relativa serenidad pero lo determinante no es tanto la dimensión emocional ni la impresión externa sino lo que la persona vive adentro.

Es como un deseo, como una especie de asco de lo que ha sido mi vida. ¿Hasta cuándo voy a estar en esto? ¿Hasta cuándo voy a seguir en esta mediocridad? ¿Hasta cuándo voy a aplazar mi verdadera vida? ¿Hasta cuándo voy a seguir traicionándome? ¿Hasta cuándo voy a ser una marioneta?

Cuando la persona vive eso, y se puede vivir a partir de los 7 años de edad, entonces las cosas cambian. Es ahí donde llega la seriedad.

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