Teología básica para laicos – 10. La trascendencia

10. La trascendencia

Vamos a hablar sobre la trascendencia. ¿qué es eso de trascender? ¿qué significa? ¿qué tiene que ver con antropología teológica? y ¿qué tiene que ver con nuestros cursos entero de teología?

Trascender significa ir más allá

Un hecho o una acción se dicen trascendentales cuando sus consecuencias van mucho más allá de lo inmediato.

Los hechos trascendentales son entonces aquellos que han dejado huella en nosotros porque han tenido consecuencias muy grandes, porque nos han obligado a asomarnos a un horizonte mucho más amplio de lo que nosotros teníamos, esta es una experiencia trascendental.

Por ejemplo, una persona que ha pasado por una experiencia de secuestro es seguro que si logra superar esta experiencia tan dura eso le deje marcada la vida, es una experiencia trascendental, una experiencia que trae consecuencias. Este es un ejemplo de cosas malas que dejan marca en la vida, pero Dios quiera también en ocurra en cosas buenas. Por ejemplo, una persona que se salva de un accidente, pero también podría ser una persona que termina un gran esfuerzo o el mismo matrimonio.

Todos estos hechos son trascendentales, dejan unas consecuencias, marcan un rumbo en la vida, nos abren un horizonte diferente.

Por ejemplo, el matrimonio, la persona que llega a la vida matrimonial, se abre a un horizonte distinto, se encuentra con que tiene otros deberes, con que tiene otros derechos, con que tiene otros problemas, otras preocupaciones. El matrimonio es un hecho trascendental porque es un hecho que le marca profundamente la vida y le deja una cantidad de consecuencias a la persona.

Trascendencia y teología

Tal vez usted se estará preguntando, pero ¿esa experiencia de la trascendencia que tiene que ver con la teología?

Tiene que ver muchísimo porque si nosotros comparamos nuestra vida con la de las plantas o los animales nos encontramos que lo único trascendental que suceden en ellos sucede en términos de los estímulos, en términos de su mundo biológico y fisiológico. En la respuesta de su organismo, es decir, es un acostumbramiento a una situación que se le presentó. Por ejemplo, si un perrito le destrozaron una pierna y quedó rengo, es claro que eso fue “trascendental” en el sentido de que hasta que se muera tendrá la huella de este accidente.

Pero no es lo mismo en el ser humano porque en el ser humano el impacto que tienen las cosas no es sobre todo el impacto en la biología, no es el impacto en el cuerpo, no es el impacto únicamente en nuestro organismo, el impacto grande que tienen las cosas en nosotros es en términos del significado y esto es muy grande y muy importante.

La verdadera trascendencia está en el significado

Las cosas son trascendentales para nosotros no solamente por sus resultados. Si hubo un accidente y un perro quedó rengo y una persona quedó renga no es la misma renguera. El accidente en ambos dejará resultados físicos y en ambos dejará recuerdos, pero en nosotros, los seres humanos la trascendencia depende fundamentalmente del significado, esa palabra es muy importante ¿qué significó eso para mí? ¿Qué significo ese accidente, esa situación para mí?

Por ejemplo, un muchacho tuvo un accidente en moto, casi pierde una pierna, pero ese muchacho a partir de ahí analiza, llega a unas conclusiones, descubre un significado. Por ejemplo, se puede preguntar ¿yo que estoy haciendo con mi juventud? ¿estoy dedicando mi juventud únicamente a correr en moto a cuanta calle pueda o por donde pueda? ¿es bueno eso? ¿tiene sentido? ¿para qué me sirve?

El accidente entonces tiene una trascendencia en términos del cuerpo, le quedó la pierna marcada, le quedaron unas cicatrices, tiene una trascendencia en términos de la memoria, le quedaron unos recuerdos de cómo fue hospitalizado. Pero la grandeza de la trascendencia no está simplemente en los recuerdos, no está solamente en las cicatrices, la verdadera trascendencia está en el significado ¿qué significó esa experiencia para ti?

Este muchacho podría respondernos, de esa experiencia aprendí que yo estaba perdiendo mi juventud, estaba perdiendo mi tiempo, yo vivía como si fuera inmortal y ahora me doy cuenta de que la vida se puede terminar y me doy cuenta de que no vale la pena estar dedicado solamente a esto.

Lo más grande que tiene la trascendencia para nosotros los seres humanos es en el orden del significado y esto es algo que no tiene una vaca, un hongo o un perro y que desde luego no tienen los minerales. Esta operación de buscar el significado es la que lleva verdaderamente a la trascendencia y es una operación que es propia de nosotros los seres humanos.

Nuestros límites y nuestra capacidad de trascender

Por ejemplo, la muerte, que aparece como una barrera de todas nuestras aspiraciones, nos obliga a preguntarnos por el sentido de la vida.

Es decir, la verdadera trascendencia en nuestra vida humana está ligada a la capacidad de preguntar, por eso decimos que la trascendencia es genuinamente humana, tiene que ver con el significado. Las consecuencias de un accidente quedan grabadas en cicatrices, pero eso todavía no es propiamente trascendencia, la trascendencia es el significado que yo descubro, el sentido que adquiere mi vida cuando yo me pregunto porque me paso tal cual o cual cosa, ahí en esa pregunta, en ese momento descubro que puedo trascender.

Los límites son los que nos ayudan a descubrir nuestra capacidad de trascendencia. A través de nuestros límites llegamos a trascender. ¿cuáles serán esos límites? Por ejemplo, la muerte.

Yo recuerdo que siendo muy joven acababa de terminar el bachillerato me llega una noticia que un compañero de colegio había muerto. ¿Porque se murió? Tenía un problema congénito, tenía débiles algunos vasos sanguíneos y el muchacho le encantaba el deporte, hacia y hacia deporte. Una vez se sobreentreno, el vaso sanguíneo no resistió, se estalló y cuando estalló vino la muerte.

Es inevitable cuando se presenta la muerte así y sobre todo la muerte inesperada, esa muerte que llega como un desafío a nuestra lógica, porque suponemos que nadie debería morir tan joven, la muerte del niño, la muerte del joven, la muerte en accidentes absurdos nos obliga a preguntarnos ¿para qué es la vida? ¿Que estoy haciendo con mi vida? Es decir, todos nosotros tenemos una capacidad de trascendencia, pero esa capacidad usualmente la descubrimos en los momentos de las experiencias difíciles, es allí donde encontramos nuestros límites.

Recuerdo otro caso de una joven, tendría 22 o 23 años y un problema sumamente serio en los riñones y tenían que hacerle estos procedimientos que se llaman de diálisis, es decir, limpieza de la sangre reemplazando al riñón con un aparato. En realidad, ella además de lo del riñón tenía una cantidad de problemas de salud.

De todas maneras, ese ejercicio de estar yendo a la clínica para que le limpien la sangre hacia la vida de ella muy distinta a la de la vida de muchas otras jóvenes de su edad y ella misma se preguntaba: antes de que me viniera esta enfermedad ¿Como vivía yo mi juventud? ¿Como vivía la vida? Como despreocupadamente, como a lo que saliera, nada me importaba demasiado, disfrutando lo más que podía y lo mejor que podía.

Pero llega esta experiencia que le rompe la salud, que le cambia los horarios, que la hace sentir débil y hasta que le hace pasar por unos dolores atroces, que le lleva a una clínica a mirar también otros límites. Porque claro esos procedimientos de diálisis suelen hacerlos en clínicas determinadas dónde van muchas personas que tienen esos mismos problemas. Entonces empiezan a conocerse entre ellos y ella decía: yo en mi vida nunca hubiera pensado en acercarme a estas personas, para mí los enfermos no existían, para mí el dolor no existía, para mí las clínicas no existían, para mí eran edificios bonitos o feos pero cuando tuve que pasar tantas horas allá, cuando tuve que pasar tantas horas al lado de niños muy pequeños, a lado de ancianos al borde de la muerte, cuando tuve que cambiar mis horarios y tuve que vivir todas esas cosas también tuve que hacerme muchas preguntas y entra en una crisis muy grave.

Es decir que la trascendencia surge a partir de los límites. Usualmente una vida sin problemas es una vida muy superficial, cuando no se ha tenido ningún problema, cuando no se ha tenido ningún sufrimiento, cuando todo sale aparentemente muy bien pues entonces la vida se vuelve muy superficial.

En cambio, trascender es ir más allá. Superficie es quedarse como en lo exterior trascender es como ir más allá, es como profundizar, es como ir al fondo de las cosas. La trascendencia es una capacidad que está en nosotros y entonces ustedes ya imaginaran la relación que esto tiene con la teología.

La vida superficial es irresponsable y no tiene lugar para ninguna revelación

Una persona que vive solamente en la superficie vive solamente para sí misma y en su comodidad vive en una especie de egoísmo irresponsable, vive para su placer, no le importa si hay o no hay Dios, no le importa sino su ganancia inmediata. La vida superficial es una vida a menudo irresponsable y es una vida que no tiene espacio para ninguna revelación, es decir Dios no importa en una vida así, se crea en Dios o no, Dios no significa nada para esa vida.

Los límites que significa el dolor, la pobreza, la guerra son los límites que nos llevan a trascender y esto es muy triste que sea así, pero es una realidad y es tan cierto que da la impresión de que cuando una persona no se ha encontrado verdaderamente con sus límites pues entonces vive en una manera profundamente irresponsable y superficial.

En una vida así pues nada importa ¿Que importa Cristo? ¿Qué importa Dios? ¿Qué importa Ala? ¿qué importa Yahvé? Es decir, no es el Dios cristiano el que deja de importar, deja de importar todo. En la vida superficial lo único que importa es lo que reproduzca y repita el esquema bonito y placentero en el que se está viviendo.

Todo esto tiene su profundidad porque nos muestra como muchas veces el dolor mismo, una quiebra económica, una enfermedad o un accidente, cosas que parecen muy mala pueden ser la puerta para cosas muy buenas, porque muchas veces es en esos momentos, en esos dolores donde las personas empiezan a trascender, empiezan a darse cuenta de que la vida tiene algo más que pedir y algo más que ofrecer.

La capacidad de preguntarnos por el sentido de las cosas es típicamente humana y humanizante.

Típicamente humana, ¿por qué? Porque ya lo decíamos, ni las plantas ni los animales tienen esa capacidad de preguntarse, de ir más allá buscando el significado de las cosas.

Pero lo más hermosos es que es una capacidad maravillosamente humanizante y por eso casi siempre es la persona que ha pasado por el dolor la que tiene la capacidad de ser más humana, de ser más comprensiva, de entender mejor al otro.

En cambio, el que no le ha sucedido nada, que todo le ha salido bien y el que nunca ha tenido un tropiezo difícilmente entiende al otro que está resentido, al otro que está dolido, al otro que pasa por una prueba, al otro que pasa por la tragedia.

La experiencia de la trascendencia es una experiencia humana, pero sobre todo es una experiencia humanizante porque a través de esta trascendencia somos capaces de descubrir las fibras más profundo de nuestro corazón y hay cantidad de testimonios en este sentido, como en los momentos de verdadera dificultad, de verdadero dolor la gente se une y descubre que tiene una generosidad y que la vida si sirve para algo. Tanto que a veces uno se pregunta si no será una bendición que llegue en esos momentos difíciles la experiencia de trascender.

La capacidad de trascender es algo humano, pero sobre todo es algo humanizante y en esta trascendencia nos vamos dando cuenta de que la vida no termina en la superficie de la utilidad, en la superficie del placer.

A través de nuestra capacidad de trascender rompemos como este esquema elemental y vamos más allá, vamos descubriendo que hay en nosotros algo que podríamos llamar una vocación a la trascendencia. La vida adquiere su sentido, la vida adquiere su color y su sabor más allá de la superficie de las cosas o del uso o placer que encontremos en las sosas.

Este es un presupuesto bien interesante porque si descubrimos nuestra capacidad de trascendencia también podemos encontrar las primeras claves para eso que llamaremos revelación y para eso que llamaremos el absoluto, el Infinito de Dios en nuestra vida.

Tres afirmaciones

1- Trascender significa ir más allá. Un hecho o una acción se dicen trascendentales cuando sus consecuencias van mucho más allá de lo inmediato

2- Cuando descubrimos nuestros límites, descubrimos también nuestra capacidad de trascender. Por ejemplo, la muerte, que aparece como una barrera de todas nuestras aspiraciones, nos obliga a preguntarnos por el sentido de la vida

3- La capacidad de trascender, de preguntarnos por el sentido, el valor o la realidad de tantas cosas es típicamente humana y maravillosamente humanizante.

 

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