Teología básica para laicos – 13. La búsqueda de la verdad

13. La búsqueda de la verdad

Tratábamos en nuestro capitulo anterior sobre el infinito. Hay una expresión que resume bien este tema del infinito: hay en nosotros el deseo de algo más, de ir más allá, de trascender.

Ahora vamos a tratar sobre un aspecto muy interesante que tiene este amor por el infinito que hay en el ser humano, vamos a hablar de la búsqueda de la verdad.

Pareciera que la búsqueda de la verdad sólo ocupa a los que están desocupados y en parte es así. Hay personas que viven tan ocupadas tratando de sobrevivir que no tienen realmente mucho tiempo, ni muchas ganas de ponerse a pensar en asuntos como la verdad, ¿dónde está la verdad?, ¿cuál es la verdad?

La búsqueda de la verdad nos hace más humanos

Pero tenemos que decir que hay vidas que son más humanas y vidas que son menos humanas. Nosotros podemos hacer más humana, podemos humanizar nuestra vida. La vida del que sólo trabaja y trabaja, ¿no se parece mucho a la vida de una máquina? Trabajar y trabajar es ser solo como una máquina. Las máquinas requieren combustible o energía eléctrica y producen los resultados y las personas requieren alimentos y mantenimiento de su salud y producen unos resultados, pero es una vida como de máquinas.

Cuando nosotros tenemos tiempo, cuando tenemos ocasión de detener un poco el ritmo del trabajo, cuando entramos un poco en nosotros mismos, cuando podemos mirar el mundo, mirar la naturaleza, admirar el mundo y admirar la naturaleza seguramente surgen preguntas en nosotros. Por eso la búsqueda de la verdad no sólo es humana, sino que es humanizante. Darse tiempo para preguntarse, darse tiempo para buscar la verdad es una manera de construir una vida mucho más humana.

Hay otras personas que no viven apremiados por el trabajo o por el dinero, sino que viven obsesionadas, viven en cierto modo esclavizadas a su bienestar, a su placer. Pero a veces también se dan las dos cosas. ¡trabaje, trabaje y trabaje y luego emborráchese, emborráchese y emborráchese ¡Cuando se le pasa la borrachera: ¡trabaje, trabaje y trabaje luego emborráchese y emborráchese!

¿Es eso humano?, ¿tiene eso sentido? Nosotros estamos llamados a una vida distinta, y no hablamos aquí de que la Biblia manda, o el Papa dijo o Dios quiere, estamos hablando de una vida simplemente humana, una vida que responda más a aquello que es propio nuestro.

En este sentido hay una aclaración que hace Santo Tomás de Aquino que creo que resulta útil. Dice Santo Tomás que una cosa son actos del hombre y otra cosa son actos humanos.

Actos del hombre y actos humanos

Llamamos actos del hombre a todas las cosas que nosotros hacemos como alimentarnos, estudiar, descansar, jugar, beber, aparearse, todos estos son actos del hombre, pero no necesariamente son actos humanos.

¿Cuáles actos llama Santo Tomás humanos entonces? Son aquellos en los que entran en juego aquellas facultades que son propias del ser humano. Es decir, allí donde interviene la inteligencia y la voluntad. Cuando obramos con nuestro entendimiento, donde hay deliberación, donde hay decisión y donde hay conciencia, responsabilidad y libertad, podemos hablar de un acto humano y a través de los actos humanos se construye una vida humana.

Una vida es más humana cuantos más actos humanos tenga. Una vida es menos humana si está llena de actos que son actos de los hombres.

Entendemos entonces que muchas veces llevamos una vida que en realidad no es humana, dejamos que las cosas transcurren, nos sometemos a unas determinadas rutinas, somos juguetes en manos de la publicidad y del mercado, compramos porque hay que comprar, trabajamos porque siempre se ha hecho así, gastamos porque el mercado nos manda que gastemos, disfrutamos como animales, reposamos y otra vez a empezar el ciclo. Esa vida, no es una vida humana o mejor es una vida a la que le falta mucho de humano.

El entendimiento y la capacidad de preguntar

Evidentemente la vida se vuelve mucho más humana cuando entra en juego el entendimiento, es decir nuestra capacidad de preguntar. Los invitamos a ustedes a que despertemos nuestra capacidad de preguntar porque es en nuestra capacidad de preguntarnos nos hacemos más humanos.

Preguntar ¿por qué?, ¿qué hay aquí?, ¿cómo funciona?, ¿para que sirve?, ¿qué sentido tiene?, éstas son las preguntas que nos hacen dueños de nuestras decisiones y por consiguiente más dueños de nuestra vida, estas son las preguntas que hacen más humana nuestra vida.

Preguntar es ejercer nuestra capacidad de penetrar con el entendimiento la realidad que nos rodea. Puede ser por un interés tecnológico, por un interés económico o puede ser por un interés filosófico o incluso por una preocupación teológica. Lo cierto es que a través de nuestras preguntas nos hacemos primero dueños de nosotros mismos y luego nos hacemos dueños del mundo que nos rodea. A través de nuestras preguntas nos hacemos conscientes, sabemos que camino estamos tomando y porque lo estamos tomando. Esto es búsqueda de la verdad.

Evidentemente es algo que nosotros los seres humanos tenemos en contraste con los animales. Nosotros somos capaces de detenernos frente al estímulo, detenernos frente a la realidad y preguntar para que sirve, como lo puedo hacer mejor, cómo puedo utilizar esto.

Las preguntas por el origen y por el fin, son las que más nos humanizan

Las preguntas pueden ser de distintos niveles. Hay preguntas que hacemos solamente para mejorar nuestro trabajo, hay preguntas que nos hacemos sobre el valor de las cosas, hay preguntas que nos hacemos buscando el sentido de las cosas, hay preguntas que hacemos buscando el origen de las cosas. De todas estas preguntas las que tienen que ver con los primeros principios y las que tienen que ver con las últimas consecuencias son las preguntas que nos llevan más lejos.

El que está trabajando con sus manos, por ejemplo, en el campo y de pronto se pregunta ¿Cómo puedo mejorar este arado? Está haciendo una pregunta, está ejerciendo su inteligencia y eso ¡es grande! Pero esta pregunta en cierto sentido se queda ahí, en ese campo y ese arado. Si ese mismo hombre se pregunta ¿Yo para que estoy en el mundo?, esa pregunta no se queda en ese campo, esa pregunta trasciende, esa pregunta involucra toda la vida y de alguna manera es capaz de transformar la vida de este hombre y lo que este hombre hace.

Las preguntas por lo que nosotros somos en realidad, las preguntas por lo que nosotros valemos y por lo que valen las cosas, las preguntas por el origen y las preguntas por el fin, son las preguntas que más nos humanizan. ¿Que soy yo?, ¿quién soy yo?, ¿cuál es mi lugar en el mundo?, ¿cuál es mi valor?, ¿por qué yo valgo más que un animal? Pues, cualquiera diría que esta última pregunta sobra, pero ¿estamos seguros de que la respuesta está clara? A veces se destruye la vida humana casi con mayor facilidad que la vida de los animales.

Nuestro mundo se abre a través de las preguntas

La persona que no se hace preguntas es una persona que queda encarcelada en el momento presente, queda encarcelada en lo que siempre se ha hecho, queda encerrada en su pequeño mundo sin posibilidad de trascender. El mundo se abre a través de las preguntas. Son las preguntas las que nos permiten abrir nuestro mundo.

Una pregunta puede ser un detonante de una revolución, ¿porque yo trabajo tanto y tengo tan poco? Esta pregunta puede producir una revolución. Realmente la fuerza que hay en la inteligencia humana es muy grande. ¿Esta es la vida que yo me merezco? ¡Eso es fuerte!, una pregunta de esa nos puede llevar a una transformación total de la vida. ¿Porque mis papás nunca pudieron descansar y no tenemos nada? o ¿Como puedo mejorar la situación de mi pueblo?, ¿qué puedo hacer?, ¿qué podemos hacer para que nuestro país cambie?, ¿uno nace bueno y lo dañan, o el egoísmo está siempre en el corazón humano?

Huir de las preguntas es renuncia a nuestro ser

La mayor parte de nosotros cuando recibimos, escuchamos o se nos ocurren estas preguntas huimos de ellas, no les prestamos atención. Pero huir de nuestras preguntas es como huir de nosotros mismos, es renunciar a nuestro ser, porque somos peregrinos, somos llamados a caminar, a buscar, somos buscadores, es a través de la búsqueda como mejoraran las cosas.

¿Porque se inventó la luz eléctrica? Porque alguien vio todos los peligros y todos los gastos que traía el alumbrado con gas. Y ¿porque se alumbró con gas? Porque la gente estaba cansada de utilizar velas y resultaba muy caro e ineficiente. Y ¿porque utilizaban eso? Porque querían vencer a la noche. Y ¿porque querían vencer a la anoche, llenarla de luz? Porque hubo alguien que se preguntó ¿yo porque tengo que detener mi vida solamente porque se ocultó el sol? ¿Esta pregunta se la ha hecho alguna vez un perro? ¿se la hará un lobo, una comadreja, una ardilla?

La invitación en este bloque de antropología teológica en que nos encontramos es que no renuncies a tus preguntas. Tus preguntas son en cierto modo lo más auténtico de ti, son lo más fecundo de ti, son lo que puede humanizarte, a través de las preguntas nos humanizamos.

Por eso decimos que una de las grandes búsquedas humanas es la búsqueda de la verdad, una búsqueda humana y humanizante

La verdad es un camino que nunca acabamos

La profundidad de los misterios de la naturaleza y la complejidad de los misterios del ser humano hacen que cada respuesta se convierte en una nueva pregunta. Esto tiene mucho que ver con aquello que hemos mencionado en los capítulos anteriores, la trascendencia, el infinito, la búsqueda. Hay en nosotros la necesidad de ir más allá, tenemos la necesidad de buscar más allá y esa necesidad que está puesta en nuestro corazón, esa necesidad que es típicamente humana no queda saciada porque una teoría científica, luego queda superada por otra teoría más completa, más profunda, mejor formulada.

Estamos en búsqueda, estamos en camino, hay en nosotros un ansia de verdad. Renunciar a esa ansia de verdad es traicionarnos a nosotros mismos, es deshumanizarnos, es en cierto sentido bajarnos a la categoría de máquinas que rinden resultados o de animales que comen y disfrutan las cosas que encuentran.

Nuestra mente aspira a la verdad infinita

Como hemos dicho hay una búsqueda en nosotros que es parte de nuestra naturaleza. En esa búsqueda descubrimos dos cosas: que estamos hechos para la verdad y que nuestra mente aspira a una verdad infinita, mayor que todo lo que alcanza a conocer.

Si estamos hechos para la verdad, nos traicionamos cuando no ejercemos nuestra capacidad de preguntarnos, nos traicionamos cuando huimos de nuestras preguntas, nos traicionamos cuando nos burlamos de la gente que quiere vivir con mayor autenticidad, con mayor sinceridad su existencia. Nos traicionamos cuando renunciamos a ese deber y a ese derecho, el deber y el derecho de pensar, el deber y el derecho de buscar la verdad. Estamos hechos para la verdad.

Nuestra mente aspira a una verdad infinita, mayor que todo lo que alcanza a conocer porque efectivamente nuestros conocimientos crecen, el cumulo de verdades crece, la ciencia no se detiene nunca, montañas y montañas de libros, toneladas de artículos y la verdad no termina nunca. Pero la mente humana necesita algo más, la mente humana aspira a una especie de verdad infinita y en esa búsqueda de verdad infinita de algún modo está nuestra vocación. No es algo que nos hayamos inventado, no es algo que lo haya producido la religión, es algo que está en nosotros.

Tres afirmaciones

1-Hemos visto que el hombre es un peregrino, es decir, un buscador. Una de las grandes búsquedas humanas es la búsqueda de la verdad, la cual ha dado origen a la filosofía y a la ciencia

2-La verdad es un camino que nunca acabamos. La profundidad de la naturaleza y la complejidad del mismo hombre hacen que nuestras respuestas nos lleven a nuevas preguntas de modo que ninguna respuesta es última

3-Hay una búsqueda en nosotros y esa búsqueda es parte de nuestra naturaleza. En esa búsqueda descubrimos dos cosas: que estamos hechos para la verdad y que nuestra mente aspira a una verdad infinita, mayor que todo lo que alcanza a conocer.

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