Teología básica para laicos – 4. ¿De qué sirve estudiar teología?

4- ¿De qué sirve estudiar teología?

San Pedro decía que es hermoso poder dar razón de nuestra esperanza a las demás personas.

Eso es lo que nos ofrece la teología bien entendida, dar luz sobre lo que se cree para poder dar razón de nuestra esperanza.

Destacábamos anteriormente que la teología más que una ciencia es una forma de sabiduría porque busca esos primeros principios, esas grandes metas de la existencia humana, cosas que están más allá de lo inmediato, de los logros que se pueden conseguir simplemente con la tecnología.

Ya hemos hablado de la teología en su relación con la ciencia y hemos dicho que tiene algún parecido con la ciencia en la medida en que es un conocimiento organizado, sistemático, razonado y que parte de la revelación, pero queremos preguntarnos si la teología tiene alguna utilidad para nosotros, ¿de qué sirve la teología?, ¿de qué sirve hacer teología?

Las respuestas los podemos dividir en distintas áreas. La teología trae frutos interiores, comunitarios y trascendentes, es decir, adentro de cada uno de nosotros, en nuestras comunidades y más allá.

Frutos interiores

Si una persona estudia como aficionado o de una manera más seria teología ¿Qué frutos interiores puede esperar? ¿Qué bienes interiores le va a traer la teología?

La unidad interior

Hoy se habla mucho de fragmentación. Una persona esta fragmentado cuando es como varias personas al mismo tiempo. Por ejemplo, en el trabajo es una persona y en la casa es otra cosa, con los amigos es una persona y con la familia es otra cosa, cuando se habla de discutir los problemas del país es una cosa y cuando se habla de discutir las utilidades de su negocio es otra.

Estaremos de acuerdo en que esa fragmentación es la que le hace mayor daño a nuestra vida, porque pensamos algo, pero obramos de otra manera, queremos algo, pero no damos los pasos para conseguir lo que queremos y así sucesivamente. Es decir, estamos roto por dentro.

Una persona que está fragmentada interiormente es una persona que es muy manejable, es muy manipulable. Podemos verlo esto especialmente en lo que sucede en nuestros queridos jóvenes. Un joven fragmentado es un joven manipulable.

Fragmentación significa que algunas veces voy a obrar de una manera y otras veces voy a obrar de otra manera, significa que no hay principios sólidos, que la persona no tiene consistencia interior y cuando una persona no tiene consistencia interior es cuestión de tiempo para lograr que ceda, para lograr que haga lo que nosotros queremos, no es más que insistirle.

Mas o menos lo que sucede cuando se doméstica un animal, no es más que cansarlo, darle vueltas, tener paciencia y poco a poco el animal se va dejando y finalmente tú lo llevas a dónde quieres, así se domestica un animal.

Un corcel salvaje parece un animal imposible, pero si hay un buen domador y le tiene paciencia y lo enlaza y le suelta la cuerda y luego se la recoge y luego le echa encima una manta, el caballo protesta, pero al fin se aguanta y así hasta que un día lo tiene dominado y lo tiene domesticado.

Así pasa con las personas que están fragmentadas interiormente, son personas que pueden ser manejadas, es asunto de paciencia simplemente, es asunto de esperar a que cedan.

La teología nos ayuda a encontrar verdaderos principios que nos den una unidad interior. Porque cuando nosotros reunimos nuestra vida en Dios, que es nuestro Creador, que es nuestro Redentor y que es el fin último, ahí la vida adquiere una maravillosa unidad.

Pensemos que parte de nuestra vida puede estar lejos de Dios. Si hablamos de política, de ciencias, de literatura, de diversión ¿qué parte de nuestra vida puede estar lejos de Dios?

Todo en nosotros tiene una dirección hacia Dios, más cercana o más lejana, pero todo tiene una dirección hacia Dios. Por eso solo en Dios la vida adquiere verdaderamente unidad.

Cuando uno busca comprender el universo en su raíz última, ¿A dónde llega?, a Dios creador de todo. Cuándo uno busca cual es la razón de lo bueno y porque hay maldad en el mundo, ¿A dónde llega finalmente?, al misterio de Dios y del gobierno de Dios. Cuando uno busca la felicidad, la belleza ¿A dónde llega? finalmente a la fuente de toda felicidad y belleza que es Dios.

No se puede encontrar una verdadera unidad interior sino llegamos hasta esa causa, hasta esa fuente primera que no es otra sino Dios y esto es lo que nos ofrece la teología, por decirlo de alguna manera ilumina, esclarece las bases, las fuentes, las raíces de nuestro propio ser.

Por eso a través del conocimiento teológico adquirimos unidad, nos volvemos gente con principios y de principios, gente que sabe por qué es lo que es, gente que sabe en donde esta parada, que acepta y que no acepta, y esta unidad interior es precisamente el gran fruto interior que nos trae la teología.

La armonía

Otro fruto interior es la armonía que implica crecimiento integral. la armonía es la justa proporción entre las distintas partes de un todo.

Por ejemplo, una canción es agradable cuando los sonidos graves hacen juego con los sonidos altos o agudos, un cuadro es agradable cuando la distribución de colores y de luz alterna lo más fuerte con lo más suave, las voces de las personas no nos gustan si son demasiado roncas o si son demasiado chillonas, es el contraste, es decir, el complemento, el conjunto proporcionado de las distintas partes lo que constituye la verdadera armonía.

La teología nos ayuda a la armonía. Luego hablaremos de las partes del conocimiento teológico y ahí encontraremos como la teología se dirige en primer lugar a nuestra mente, a nuestro entendimiento. Pero no se queda solamente ahí, la teología va a nuestro corazón, a nuestros afectos, a nuestros recuerdos. Tiene que ver con nuestra manera de comportarnos, nuestra manera de actuar.

Los grandes principios de transformación de una sociedad los podemos encontrar en el conocimiento teológico en la medida en que el plan de Dios para la sociedad humana es el que puede verdaderamente iluminar, el que puede presidir una transformación social.

Por eso una mente formada en la teología es una mente que tiene una visión amplia como el llano, un horizonte ancho y tiene una gran capacidad de encontrarle un lugar a todo y ese es un modo armónico de ser y de existir.

Un camino creciente de luz y de gracia

La teología nos trae también un camino creciente de luz y de gracia, a medida que vamos avanzando en el conocimiento teológico, a medida que conocemos un poco mejor de quién es Dios, y conocemos un poco mejor de quién es el hombre delante de Dios y cual es su camino hacia Dios, encontramos una relación profunda con nuestro Señor y esa relación nos llama a un crecimiento.

Toda la teología bien entendida es un gran llamado, es un gran camino de ascenso del ser humano hacia Dios. Toda la teología es una gran proclamación del amor de Dios, nos va mostrando, nos va declarando el amor de Dios, el poder de Dios, la santidad de Dios, y nos va llamando a desarrollar nuestro verdadero potencial, nuestra verdadera luz, nuestro verdadero ser, nuestra verdadera dignidad.

Allí donde el ser humano no es llamado hijo de Dios ¿Cómo se le llama? Maquina.

Allí donde no se reconoce al hombre como imagen de Dios ¿cómo se le reconoce? se le reconoce como un ser biológico, como un sistema fisiológico, como un ingrediente en la sopa electoral, como un engranaje dentro de la economía, etc.

Entonces nadie puede decir cosas más grandes, más importantes y más bellas del ser humano como lo dice la teología. Es en la teología donde podemos encontrar esa vocación grande, esa dignidad grande del ser humano, y por eso la teología es como un llamado a que la sociedad entera crezca hacia Dios.

Frutos comunitarios o sociales de la teología

La teología tiene también repercusiones sociales o comunitarias.

La teología implica fidelidad a la palabra de Dios, crecimiento en el don de la verdadera fraternidad, doctrina solida de santidad e impulso misionero.

Fidelidad a la palabra de Dios

La palabra de Dios es la única que va a defender a los que no tienen todavía capacidad de defenderse a sí mismo y esto lo demuestra la historia. Por ejemplo, el caso de los niños no nacidos, ¿Quién defiende en el mundo a los embriones humanos? ¿Quién se ha opuesto siempre a la destrucción de vidas humanas inocentes? Desde los tiempos del imperio romano hasta estos tiempos nuestros del imperio de la eficiencia, del capital o del placer la Iglesia Católica se ha opuesto siempre. ¿A nombre de qué? A nombre de la palabra de Dios.

Es que los textos de la palabra de Dios salen en defensa del más pequeño. El ejemplo de Jesucristo, la palabra y la praxis de Jesucristo salen en defensa del más pequeño y por eso podemos decir sin temor que la fidelidad a la palabra de Dios es promoción del más pequeño, es oído y mirada atenta al más pequeño, al más necesitado.

La sociedad tiene en el estudio de la palabra de Dios un motivo grande y sólido para defenderse de sus propios excesos, de su propia crueldad, para defenderse de su propio pecado.

La teología nos educa en la verdadera fraternidad

En la Revolución Francesa se proclamó libertad, igualdad y fraternidad. Parece chistoso que el régimen de la revolución francesa, que no podía reconocer a Dios como padre, querían que todos los hombres fueran hermanos. Hermanos sin padre, no tenían a Dios como padre y a la iglesia como madre y querían llamarse y considerarse hermanos. Eso no puede funcionar, y por eso, ese mismo régimen aparentemente democrático, no es a la larga democrático. Democracia significa poder para el pueblo, pero no es tan cierto que sea poder para el pueblo, porque resulta que volvemos a lo anterior, los miembros más desvalidos de ese pueblo no tienen quién los defienda en una democracia. La democracia no es el poder del pueblo, sino es el poder de los que saben defender sus intereses, el poder de los que pueden hablar, de los que pueden asociarse, de los que pueden influir, en el fondo es el poder de los poderosos.

Esto no significa que estemos abogando por la monarquía que había antes de la Revolución Francesa, ni cosa parecida, sino que es una manera de indicar cómo las palabras pierden sentido si nosotros no nos acercamos a su verdadera fuente.

La verdadera fraternidad en un grupo humano nace de reconocernos los unos a los otros con una dignidad semejante, nacidos de un mismo amor, salidos de un mismo vientre, engendrado por un mismo espíritu.

Por eso cuando nosotros contemplamos la obra de la salvación, cuando contemplamos la obra del amor de Dios en favor de todos los hombres, incluyendo al que piensa distinto y en esto la Iglesia se ha equivocado mucho, incluyendo al retardado mental, al enfermo, al que no ha nacido, al agonizante, al anciano, cuando yo reconozco que el don que Dios nos ofrece en Jesucristo es para todos, realmente para todos ¿A qué conclusión llegó? Que ahí nace una verdadera fraternidad. La fraternidad no la hace una palabra humana, la fraternidad nace de un don que viene de lo alto. Toda paternidad viene de lo alto nos dice el apóstol Santiago en su carta. (Sant. 1, 17-18)

Por eso el estudio de la teología es una educación en la verdadera dignidad humana y una educación en el verdadero don de la fraternidad. Todos los que tienen el espíritu de Dios son hijos de Dios nos dice San Pablo. (Rom. 8, 14).

El reconocimiento de la presencia y de la acción del espíritu en nosotros y el reconocimiento de que la promesa del Espíritu es para todos es una gran escuela de fraternidad.

El impulso misionero

En la medida en que uno va conociendo la fe en la que vive, uno se va haciendo más capaz de transmitirla, uno se va sintiendo más capaz de difundirla, de ofrecerla. Cuidado, no imponerla, la verdadera teología será siempre respetuosa de ese santuario que se llama la conciencia. No puedo avasallar, no puedo aplastar la conciencia del otro. De lo que se trata es de ofrecer con perseverancia, humildad y buena forma este bien que es un bien de toda la comunidad, es un bien que nos trae el conocimiento de la acción y de la presencia de Dios entre nosotros.

Frutos Trascendentes

Estos son los que tienen que ver con el conjunto de nuestra vida humana, la capacidad de dar su justo valor a las cosas de este mundo, no idolatrar este mundo, ni los placeres, ni el dinero, ni el poder, ni la política, ni sistemas ideológicos y además la anticipación de los dones del cielo.

La teología es una educación también en la contemplación. Es como una anticipación en muchos casos de los bienes que están más allá de esta tierra.

Tres afirmaciones

-El estudio teológico trae fruto interiores, comunitarios y trascendentes. Los interiores son especialmente, la unidad que supone coherencia, la armonía que implica crecimiento integral y un camino creciente de luz y de gracia.

-Los principales frutos comunitarios son, fidelidad a la palabra de Dios, crecimiento en el don de la verdadera fraternidad e impulso misionero.

-Los frutos trascendentes son, la capacidad de dar su justo valor a las cosas de este mundo, y anticipación de los dones del cielo.

Que Dios nos enamore de este conocimiento, que crezca el conocimiento de Dios y de sus misterios entre nosotros y experimentaremos frutos interiores, frutos comunitarios, y frutos trascendentes.

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