Teología básica para laicos – 6. Oración y teología

6- Oración y teología

El ser humano es una unidad

A veces parecería que la oración y la teología no se relación. Creemos que la teología es un ejercicio de la inteligencia y la oración está más del corazón, está más en la emoción, en el sentimiento, mientras que la parte académica, la parte del estudio, la parte intelectual tiene que ser como desprovista de todo ese sentimiento o devoción.

Es muy fácil que pensemos que la devoción excluye a la inteligencia y que la inteligencia tiene que desprenderse de la devoción para ser verdaderamente critica o seria. Este es un modo muy infantil de plantear las cosas. Este tipo de oposiciones no son buena idea.

Ya veíamos en capítulos anteriores como no se puede contraponer la razón y la fe, cuando hablábamos de ciencia y tecnología o de racionalismo y fideísmo. Como quien dice para pensar no tengo que creer o para creer tengo que dejar de pensar, esta manera de plantear las cosas no nos lleva por buen camino.

No podemos separar el sentimiento, por un lado, la emoción por otro y el razonamiento por otro porque eso es volverme pedazos. El ser humano es una unidad y en esa unidad tenemos que aprender a conocer a Dios, a obedecer a Dios, a predicar el misterio de Dios.

La oración nos sumerge en la lógica y el estilo de Dios

Si nosotros miramos el ejemplo de los grandes teólogos, lo que encontramos es gente de oración.  No puede ser de otra manera. Es la oración la que nos va a acercar a la mente de Dios.

Hay una frase del apóstol San Pablo: ¿Quién conoció la mente de Dios? Y añade: pero nosotros tenemos el pensamiento de Cristo. (1 Cor 2,16). El siente que participa del pensamiento de Cristo. Conoce el estilo a Dios.

Lo mismo podríamos decir mirando el ejemplo de los grandes profetas. De Moisés se dice en el pentateuco que hablaba cara a cara con Dios como un hombre habla con un amigo. Esa relación entrañable con Dios, esa especie de familiaridad con el misterio divino no se puede reemplazar con nada y no lo puede reemplazar nadie.

A través del don de la fe nosotros levantamos nuestra inteligencia de su simple capacidad racional a la posibilidad de sumergirse en el mensaje que Dios nos ofrece en la revelación

Esa fe nosotros la recibimos como un regalo, pero esa misma fe la podemos conservar y la podemos acrecentar a través de una relación de amistad con Dios. Y este es un bien inmenso que trae la oración. La oración nos hace cercanos al lenguaje de Dios, al estilo de Dios.

Muchas cosas que a nosotros nos puede parecer imposibles, son solo imposibles porque no conocemos esta lógica y este estilo de Dios, pero una vez que nosotros vamos sumergiéndonos en el mensaje divino, en la revelación de Dios, algún conocimiento vamos tomando sobre el estilo que Él tiene para obrar y sobre aquello maravilloso que el ángel Gabriel le decía a la Santísima Virgen: nada es imposible para Dios.

Esto no significa que nosotros empecemos a admitir cualquier cosa, cualquier milagro, no se trata de caer en la credulidad. Se trata de establecer una relación viva de amistad con Dios, de intimidad. Para ser crédulo no hay que ser amigo de Dios, para admitir cualquier cosa como posible no es necesario ser amigo de Dios.

El mensaje del ángel va mas allá: mira la profundidad del designio divino que rebasa las esperanzas y las fuerzas de los hombres.

Cuanto más profunda, más perfecta, más humilde y más amorosa sea la oración, mayor va a ser esa conexión con Dios, entre nuestro pensamiento y el pensamiento de Dios.

La oración nos ayuda a evitar las tentaciones de soberbia espiritual, vanidad o codicia

La oración es defensa del alma. A través de la oración nosotros traemos el reinado de Dios a nuestro corazón. Cuanto mejor, más continua y más perfecta es la oración también mas continua y mas perfecta es la presencia majestuosa y poderosa de Dios en nosotros y obviamente cuanto mas presente esta Dios mas fuerte somos para resistir a las tentaciones.

Toda persona humana de una manera u otra tiene tentaciones, pero lo grave no es la tentación, lo grave es caer en la tentación, así que para vencer la tentación necesitamos fuerza, necesitamos fortaleza interior. Esa fortaleza es la que nos da sobre todo la oración y esto vale para todas las tentaciones.

Pero hay tentaciones que acechan mas cuando empezamos la búsqueda de la sabiduría, por ejemplo: la soberbia espiritual. San Pablo advierte en sus cartas “la ciencia infla”. Es muy fácil caer en la soberbia.

La soberbia es tal vez el pecado más común de la raza humana. Pero lo que aquí estamos diciendo es que existe una que es todavía peor, la soberbia espiritual, esto es la soberbia de aquel que se envanece por los dones que en realidad solo a Dios pertenecen y que El de modo particular ha dado.

Tomar los regalos de la gracia para convertirlo en razón de nuestro orgullo y en razones para despreciar a los demás es algo criminal y sin embargo sucede, y estamos expuestos a que nos suceda.

Cuantas veces pasa que, por tener un poquito mas de estudio, por haber pagado por un seminario, por haber logrado un titulo académico, ya una persona se siente capaz de despreciar y de tratar de cualquier manera a los mas pequeños, a los más humildes, a los que no han tenido las mismas oportunidades.

¡Cuidado con la soberbia espiritual!, ¡cuidado con la vanidad! La vanidad también nos acecha, el buscar la fama, el buscar la gloria, el buscar el aplauso humano, esto está sucediendo en nuestra Santa Iglesia.

Cuando una persona busca más la aprobación de los hombres y el buen nombre de su teología, la fama, el ser reconocido, el ser aplaudido en los círculos editoriales internacionales, muy difícilmente va a mantenerse fiel a la sana doctrina.

Por ejemplo, estaba un padre muy renombrado escribiendo en un periódico de circulación nacional y decía hay que buscar caminos para que las parejas a las que les ha fracasado el matrimonio católico puedan organizarse de otra manera. Bien sabe ese hombre, sacerdote, que decir lo contrario es muy difícil y es muy impopular, decir lo que dijo Cristo es muy difícil y muy poco popular: Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre, arriesgarse a sostener esto, quita popularidad y si uno esta engolosinado con la popularidad le tiembla la voz, le tiembla la pluma para decir o escribir eso.

Esto es un peligro y por eso necesitamos oración, para que ese daño no llegue a nosotros.

La teología ayuda a la oración depurando la fe

La vida de oración puede recibir también grandes bienes de la teología. Es verdad que una teología marcada por la soberbia, por la vanidad es una teología que no va a querer orar, pero no tiene por qué ser así.

Pensemos bien de la teología y de los teólogos. Lo normal es que se ama mas lo que se conoce más. A medida que vamos conociendo mejor los misterios divinos eso nos lleva a amar mas estos misterios divinos, la revelación de Dios.

Pero también nos guarda de interpretaciones equivocadas, de supersticiones que a veces se van pegando, de engaños. Por consiguiente, la teología depura la fe, ayuda a expresar de una manera más clara, ordenada y bella el misterio de Dios. Este servicio de la teología nos ayuda a una oración sin ataduras, más libre, más certera.

Se dice del apóstol San Juan que era como un águila que fijaba su mirada en el sol. La teología quiere hacer de nosotros algo así, águilas que pueden fijar su mirada, su atención y por consiguiente pueden fijar su corazón mucho más en Dios. Por esto la teología presta un servicio muy grande y bello a la oración.

Tres afirmaciones:

1- La fe es un don de Dios; es un regalo que nosotros podemos pedirle y que con su ayuda podemos conservar y aumentar. Para esto nos ayuda mucho la oración porque nos sumerge en la lógica y el estilo de Dios.

2- La oración nos ayuda también a evitar las tentaciones de soberbia espiritual, vanidad o codicia, que no faltaran a quien busque la sabiduría

3- La teología por su parte ayuda a la vida de oración porque depura la fe, la esclarece y la expone en toda su riqueza cuanto es posible en esta tierra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *