Teología básica para laicos – 7. Teología y evangelización

7- Teología y evangelización

A primera vista podemos suponer que la teología y la evangelización están muy separados. Un teólogo vive rodeado de libros, mientras que la obra evangelizadora tiene que desarrollarse en diversos ambientes como por ejemplo en las selvas, en las misiones o en el contacto diario con la juventud, con los enfermos o con los pobres.

Entonces podríamos preguntarnos ¿qué clase de relación se establece entre esas dos realidades? El mundo del teólogo, como muy resguardado, muy protegido y el mundo de la evangelización, en contacto con los afanes, las angustias y sufrimientos de cada día.

La teología ordena y clarifica los fundamentos de la fe

Uno de los beneficios que la teología trae es el orden, es como una luz que nos ayuda a organizar el conocimiento de nuestra fe. Y de esta manera descubrimos que hay elementos que son más importantes que otros.

El centro de nuestra fe católica está evidentemente en la resurrección, en la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo, como dice San Pablo: si Cristo no resucito, vana es nuestra fe (1 Cor 15,14). Muchos católicos tal vez no tienen esa conciencia, tal vez no tienen esa claridad.

Por ejemplo, imaginemos un católico que ponga en el centro de la fe el sacramento de la confesión o el escapulario de la virgen del Carmen o el Papa. Desde luego que nosotros creemos en el ministerio hermoso y difícil del Papa y creemos en el bien infinito que nos trae la confesión sacramental y por supuesto que nosotros acogemos con amor y devoción al escapulario de la virgen, pero eso no es lo central, no es lo primero, no es lo fundamental.

La teología nos ayuda a encontrar cuales son los elementos primeros de nuestra fe, que es lo primero y que es lo segundo. Esta organización y claridad es muy necesaria en la labor misionera, porque al apóstol, al misionero, al evangelizador le corresponde precisamente ayudar a que lo primero vaya en primer lugar y que lo primero se aprenda primero y se aprenda mejor y sin confusión.

Por ejemplo, si como fruto de la misión a la gente le queda claro que la muerte y la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, la victoria de Cristo sobre el mal, la muerte y el pecado es el centro de nuestra religión, a partir de ese centro puede darle un lugar a todo lo demás. En cambio, si después de la labor misionera o evangelizadora ese centro no queda claro corremos el riesgo de llevar una vida sumamente incoherente.

Una persona que tenga al escapulario de la virgen del Carmen en el centro de su religión puede creer que basta con llevar el escapulario y mientras tanto tener una vida llena de violencia, vicios, adulterios, etc., y cree que está muy bien porque tiene el escapulario en el centro de su religión.

Pero ese sería un engaño, el escapulario tiene su propia importancia, tiene su propia belleza, pero a ese escapulario no podemos colocarlo como si fuera, lo máximo y lo más importante, hay que darle su propio lugar. A los ángeles, a la Virgen, a las prácticas piadosas hay que darles importancia, pero hay que saber cuál es la importancia que tiene cada elemento de nuestra fe y para eso nos sirve la teología, para encontrar cuál es la importancia de cada uno de los elementos de nuestra fe.

Así aprendemos a tener un conocimiento que podríamos llamar organizado, jerarquizado y así descubrimos también como nuestra vida puede estar más y más en sintonía con el querer de Dios.

La teología en la obra misionera

Es típico de la obra misionera encontrarse con preguntas, inquietudes o incluso contradicciones, esto es parte de la labor de un apóstol.

Si nosotros miramos el libro de los hechos de los apóstoles, nos encontramos con que muchas veces los misioneros recibían oposición, objeciones, contradicciones. Muchas veces los apóstoles tenían que prepararse y tenían que saber qué era lo que iban a decir porque estaban recibiendo oposición, especialmente de la gente más preparada de los lugares donde iban.

En aquellos tiempos de los apóstoles la oposición obviamente venía del mundo judío. San Pablo y los demás apóstoles iniciaron su labor misionera yendo a las sinagogas de los judíos y anunciando que Jesús es el Mesías, que Jesús es el hijo de Dios, que en Él se cumplen las promesas que fueron hechas a los patriarcas y que fueron anunciadas por los profetas, ese fue el comienzo de la labor misionera.

Pero con frecuencia este anuncio tan bello, tan esperanzador, tan alegre recibía grande contradicción y grave oposición por los mismos judíos, por los mismos miembros de esta sinagoga y por eso el mismo San Pablo, y los demás apóstoles y discípulos tenían que presentar respuesta a las objeciones de los judíos que eran los destinatarios de la predicación.

Hoy también sucede lo mismo, si hoy un misionero católico va a anunciar el evangelio es muy posible que se encuentre con una cantidad de objeciones o de contradicciones.

Probablemente se va a encontrar con alguien que le diga “yo no puedo creer en su iglesia” y le da razones históricas, “por qué la iglesia estuvo metida en el problema de Galileo”, “porque la Iglesia dio muy mal ejemplo con una cantidad de papás degenerados”, “porque la Iglesia ha sido muy violenta”. Y otras tantas de esas razones históricas.

Otros dirán: “no puedo creer o no me interesa creer en ese Dios porque yo creo que ese Dios no se necesita para explicar el mundo, lo que yo creo que realmente sirve para explicar el mundo es la ciencia, yo creo que con el conocimiento científico basta”.

O es posible que la persona no esté en una tónica de contradecir, pero si en una tónica de preguntar y como hay misterios muy grandes en nuestra fe, como el misterio eucarístico, como el misterio trinitario, como el ministerio de la ordenación y del servicio de los sacerdotes, de los obispos, hay muchas preguntas, entonces un verdadero misionero sabe que tiene que prepararse en todos estos temas.

Claro que no toda persona puede ser experta en todos los temas, pero un buen misionero tiene conciencia de que necesita prepararse, tiene conciencia de que no puede salir de cualquier manera a anunciar el evangelio porque seguramente va a recibir mucha oposición y no podrá responder a las preguntas o a las inquietudes que se le presenten y así es muy poco el fruto que se puede lograr.

La misión evita la tentación de hacer de la teología un fin si misma

efectivamente hay personas que se enamoran del estudio, que se deleitan en el conocimiento, algunas se pueden volver como se dice popularmente ratones de biblioteca, les fascina el estudio, investigar, leer, comparar opiniones, llegar a distintas conclusiones, escribir el resultado de sus esfuerzos.

todo esto es muy meritorio, es muy bueno, pero es muy poco y es muy pequeño si se queda solamente ahí, si queda solamente como un ejercicio que da vueltas sobre sí mismo, sobre su propio conocimiento. por eso estamos llamados a salir de esa torre de marfil y de esa burbuja porque nuestro conocimiento se puede convertir como en una especie de burbuja.

Esta no será tentación que sufran todas las personas, mayormente la pueden sufrir religiosos o sacerdotes, la mayor parte de la gente tiene necesidades tan concretas que no tiene tiempo para meterse en burbujas de pensamiento, pero también puede ocurrir a laicos y de hecho ocurre.

Entonces es bueno recordar esto, que el estudio no puede ser nunca una especie de refugio seguro que nos impide y que nos defiende de encontrarnos con el dolor humano.

Jesús el santo y sabio por excelencia nos da el testimonio supremo en este sentido. Jesucristo el gran contemplativo, el verdadero y en cierto modo único teólogo, está en contacto permanente y en cercanía continua con el dolor, con el pecado o mejor con los pecadores.

Hay documentos en la historia de la Iglesia que nos hablan en este sentido. Como no recordar aquí al apóstol San Pablo, ¿podrá hacerse teología sin acudir a las cartas de San Pablo? es tanto lo que aparece en esos documentos preciosos, que uno dice evidentemente hay que pasar por San Pablo.

Pero San pablo no estaba encerrado por allá en una habitación escribiendo lo que le venía a su cabeza o solamente consultando libros. Él estaba en contacto con una cantidad de realidades dolorosas. hay cartas de Pablo escritas desde la prisión, hay documentos y saludos que Pablo nos envía en circunstancias de profunda angustia por lo que están viviendo las distintas comunidades cristianas. de hecho, lo que nosotros conservamos de San Pablo son básicamente cartas y, ¿que indica una carta? nos indica un documento que se escribía a una comunidad concreta, en un momento concreto, es decir, la vida apostólica, la vida misionera misma era la fuente o por lo menos una de las fuentes de la reflexión teológica del apóstol San Pablo. una fuente viva, una fuente que el bebía continuamente y con la cual quería también que nosotros nos alimentáramos, y por eso estamos diciendo que la misión ayuda a la teología.

A lo largo de la historia encontramos varios testimonios, por ejemplo el fundador de la orden de los dominicos u orden de predicadores, Santo Domingo de Guzmán, un sacerdote español dedicado al estudio y que desde el amor a la sabiduría se encuentra con una realidad dolorosa, la realidad de la herejía, se encuentra con el problema, con la llaga que la Iglesia tenía en ese momento, la herejía y es en contacto con esa miseria, en contacto con esa llaga dolorosa como Santo Domingo de Guzmán descubre su vocación apostólica y al mismo tiempo, encuentra la voluntad de Dios.

Ve la necesidad de fundar una comunidad en la que el estudio tenga una gran importancia y esa es precisamente la orden de predicadores.

En Santo Domingo de Guzmán encontramos esta unión entre el aspecto del estudio, de la contemplación, de la reflexión profunda, pero también el aspecto de ofrecer a los demás, de la predicación, del apostolado.

Santo Tomás de Aquino resumió muy bien el ideal de la comunidad dominica, él dijo que consistía en contemplar y dar a los demás el fruto de lo contemplado y ahí están unidas las dos cosas.

La contemplación se da a través de la oración, el estudio, la meditación, esa parte intelectual y espiritual, pero luego eso tiene también una dimensión maravillosa de transmisión, de entrega de lo contemplado. llevar a los demás, lo contemplado en el estudio es un gran testimonio que puede producir muchos frutos.

Podemos recordar un caso semejante en el siglo XVI, recién nacida la Compañía de Jesús, la comunidad de los padres jesuitas como la conocemos hoy, se extiende de una manera prodigiosa evidentemente guiada por la mano de Dios y llega incluso hasta el extremo oriente. Entre estos grandes misioneros del Lejano Oriente se cuenta indudablemente San Francisco Javier.

San Francisco Javier era un hombre intelectual, un hombre muy preparado, hizo sus estudios de la Universidad de París, pero luego tuvo oportunidad de conocer muchas otras realidades, muchas otras situaciones. por ejemplo, allá en el lejano oriente conoció las necesidades del pueblo de Dios, conoció ese llamado que el Espíritu Santo hace cuando se conoce y se contempla el hambre de la palabra.

El se dio cuenta de que en esos lugares faltaban manos, faltaban obreros, faltaban bocas que anunciaran a Jesucristo y recordaba con dolor todo el tiempo que se perdió en discusiones tontas en la Universidad de París.

En una de sus cartas San Francisco Javier decía que quisiera como un loco correr por las calles de París y decirle a toda esa gente cuantas almas se pierden y ustedes aquí perdiendo su tiempo.

De manera que la historia del mundo, la historia de la Iglesia está llena de testimonios en los que claramente se muestra como esa parte teológica no puede volverse un fin en sí mismo. nosotros no estudiamos por estudiar, nosotros no hablamos por hablar, a través del estudio como dicen las constituciones de los frailes predicadores, lo que buscamos es ser útiles a la salvación de las almas, lo que queremos es servir desde el amor y en el amor de Jesucristo. este servicio evidentemente requiere una preparación y unas condiciones espirituales, académicas e interiores muy bien conformadas, pero la verdadera teología no puede ser un fin en sí misma.

El celo pastoral, el hambre por la salvación de las almas nos ayuda a vencer la tentación de quedarnos con un simple ejercicio de pensamiento.

Teología y evangelización, conocimiento de Dios y anuncio de la palabra de Dios para la salvación de las almas.

Tres afirmaciones

1- La teología sirve a la evangelización de varias maneras, primero porque ayuda a tener claridad sobre cuáles son los fundamentos de nuestra fe, de modo que lo más importante aprenda primero mejor y con menos confusión.

2- La teología ayuda a responder a las preguntas o contradicciones que siempre surgen en la obra misionera.

3-La misión ayuda a la teología porque impregna con su celo pastoral y con lo concreto de las vidas humanas que Cristo vino a salvar. Así ayuda a vencer la tentación de quedarnos con un simple ejercicio de pensamiento.

 

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