Teología básica para laicos – 2. Los teólogos

2 – Los teólogos

Todos podemos y debemos ser teólogos

Todos de alguna manera tenemos que ser teólogos o tenemos que interesarnos por la teología si queremos vivir con responsabilidad y coherencia lo que nosotros creemos. ¡Que distinta se vuelve la fe así!

Hay un abismo entre la persona que simplemente se queda con un discurso que ni siquiera entiende y la persona que según la medida de sus posibilidades y capacidades se asoma poco a poco a ese contenido de la fe. En la medida que lo tomamos de esta forma, con honestidad y responsabilidad nos volvemos también teólogos, estudiosos de la teología.

Los peligros de la ignorancia en la fe

Ahora bien, según una expresión de San Juan XXIII, “la Iglesia que es madre es también maestra”. Entonces la iglesia necesita que personas de un modo más dedicado, más continuo, más sistemático se consagren al estudio de estas verdades. Porque la Iglesia que tiene la misión de anunciar el evangelio tiene también la misión de hacer comprensible ese evangelio. Tiene la tarea de llegar al corazón y a la mente de todos los hombres de todas las naciones.

Cristo no vino como una aplanadora por encima de nuestro corazón, de nuestra inteligencia. Hay gente que se imagina que creer y entender son opuestos. Como si se dijera creer es no entender, cuanto menos entiendo más creo y viceversa. ¡Esto es extremadamente peligroso!

La ignorancia le ha traído consecuencias gravísimas a la Iglesia. La ignorancia hace que alguien enseñe alguna cosa porque simplemente así lo entiende. La ignorancia ha hecho que una persona se agarre de un solo versículo de la biblia y partir de ahí elabore todo un rollo y termine cometiendo lo que se llama herejía que es uno de los pecados contra la misma fe.

Por ejemplo, si una persona toma el versículo del evangelio de Juan donde Cristo dice: “el Padre es más grande que yo” (Jn 14, 28), de ahí puede sacar una conclusión: “como Dios es padre entonces quiere decir que Cristo no es Dios”. Saca esa conclusión y comienza a enseñar esto con todas las consecuencias que esto implica. Esta persona existió y se llamó Arrio.

Véase con estos ejemplos el gran peligro de la ignorancia. Una fe que quiera tomar en serio a la vida humana no puede ser una fe soportada por la ignorancia.

Respecto de esto nos prevenía el Papa León XIII en su encíclica Sapientiae christianae (La sabiduría cristiana) “ante la multitud de los errores modernos, el deber primordial de los católicos lo constituye el velar sobre sí mismos y tratar por todos los medios de conservar intacta su fe, evitando cuanto pueda mancillarla y disponiéndose para defenderla contra los sofismas de los incrédulos. A este fin creemos contribuirá grandemente que cada cual, según se lo permitan sus medios y su inteligencia, se esfuerce en alcanzar el más perfecto conocimiento posible de aquellas verdades religiosas que es dado al hombre abarcar con su entendimiento.”

Y El Papa Pio X nos decía a comienzos de siglo XX en su carta encíclica Acerbo nimis que la plaga de la ignorancia religiosa es lo que corroe el fundamento de la fe en los pueblos. Y agrega citando a su predecesor Benedicto XIV: “afírmanos que la mayor parte de los condenados a las penas eternas padece su perpetua desgracia por ignorar los misterios de la fe, que necesariamente se deben de saber y creer para ser contados entre los elegidos”

La Biblia enseña que la ignorancia de las cosas de Dios es el peor de los males: ¿De dónde viene que “la mentira y la maldición, el homicidio y el robo, el adulterio lo inunden todo?; ¿y que una maldad alcanza a otra, sino de que no hay ciencia de Dios sobre la tierra?” (Oseas, 4, 1).

Dios mismo se queja a su sacerdote diciendo: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento. Porque tú has rechazado el conocimiento, yo te rechazaré de mi sacerdocio; porque has olvidado la instrucción de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” (Oseas, 4, 6).

¿Esto significa que todos tenemos que volvernos licenciados o doctores en teología porque de lo contrario no podemos enseñar nada? No, esto significa que todo cristiano católico tiene la responsabilidad de formarse en la fe. Podríamos decir que todos estamos llamados a ser teólogos aficionados.

Los riesgos de la teología y los teólogos

Desde luego, por esto la Iglesia requiere que algunos de sus hijos se preparen de forma más profunda y dedicada.

¿Esto tiene riesgos? Si los tiene. San Pablo advierte en algunas de sus cartas: “cuidado porque la ciencia hincha” (1 Cor. 8, 1). Entonces nos encontramos a veces en la Iglesia con que hay personas que por sus estudios, que por muchos libros que han leído, porque han podido escribir algunos artículos de teología ya se consideran maestros y se consideran superiores a todos, ¡no hay obispo que le de la talla!, ¡el papa está equivocado!, ¡todo el mundo está equivocado!, ellos no creen sino en su propia cabeza, y así se convierte esto en una especie de club, una especie de sociedad que ya no le hace bien a la Iglesia, sino que más bien es un estorbo para la verdadera vida de la iglesia.

Y tenemos casos graves como teólogos que dicen tonterías como que Cristo no resucito, que la resurrección de Cristo fue un acontecimiento en la fe de los discípulos. Esto es contrario a la fe. Pero como han estudiado tanto y tienen tantos títulos y han escrito libros sienten que no tienen que obedecer a ninguna autoridad, que ningún obispo puede hacer nada con ellos ni contra ellos porque ellos tienen muchísima luz. Esa teología marcada por la soberbia y la petulancia no es la que Dios quiere.

¿Es entonces el oficio del teólogo repetir, hacer eco, ser una especie de mensajero de lo que escriban el papa, los obispos, los cardenales?

No. El teólogo tiene su propia misión dentro de la iglesia, esa misión no es ni tan pequeña como la de un repetidor o un mensajero ni tan presuntuosa como el que se considera maestro de las naciones que no le hace caso a nadie porque él es el iluminado.

La misión del teólogo siempre debe entenderse como un servicio dentro y para la Iglesia.

Los grandes teólogos han vivido esa experiencia, han desarrollado la reflexión de la fe, la maduración de la fe, pero desde la Iglesia, con la Iglesia, para la Iglesia y según la mente de la Iglesia.

Tres afirmaciones

  • Por su relación íntima con el contenido de la fe podemos decir que la teología ha acompañado la predicación desde los tiempos de los apóstoles, de hecho, ya en la biblia encontramos desarrollos teológicos en las interpretaciones de hechos narrados.

 

  • Los grandes teólogos de los primeros siglos fueron los llamados padres de la Iglesia. En ellos se unen la santidad debida, un arduo ministerio pastoral y una gran profundidad y extensión de doctrina. Todo teólogo está llamado a vivir este mismo estilo y modelo de los padres de la iglesia.

Algunos de ellos son San Policarpo, San Ignacio de Antioquia, San Ireneo de Lyon, San Juan Crisóstomo, San Cirilo de Alejandría, San Gregorio Magno, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y otros.

  • A lo largo de los siglos se han dado multitud de corrientes teológicas. Bajo la guía del magisterio de la Iglesia, el estudiante de teología debe evitar errores como el eclecticismo, el integrismo y el liberalismo teológico.

Eclecticismo teológico: se trata desarrollar doctrinas escogiendo un poco de cada cosa. Tomo lo que a mí me conviene de la religión incluso de otras religiones o prácticas religiosas y armo una doctrina de acuerdo a lo que a mí me parece bien.

Por ejemplo: creo que Jesús resucito, pero creo también en la reencarnación. Creo que Cristo resucito, pero no estoy de acuerdo con la moral sexual de la Iglesia, por lo tanto, desarrollo una nueva moral sexual como a mí me parece.

Integrismo teológico: en este contexto entendemos el integrismo como la exaltación del pasado. Es decir, todo lo pasado fue mejor. Ahora la fe está decayendo, volvamos a los tiempos cuando la gente creía, volvámonos a tiempos de antes del concilio vaticano I, a los tiempos de Trento y descartemos todo lo nuevo. Una mirada que intenta como petrificar la enseñanza de la iglesia.

El liberalismo teológico: busca una alianza fácil con el pensamiento de hoy. Por ejemplo, en el mundo de lo público hoy todo lo queremos resolver con votaciones, hay gente que quiere traspasar ese tipo de idea también a la Iglesia. Si tomamos el tema del matrimonio podríamos preguntarnos: ¿el matrimonio tiene que ser para toda la vida? El liberalismo teológico respondería: reunamos y votemos y de acuerdo al resultado de esta votación es lo que vamos a enseñar.

Como vemos en este ejemplo, no todas las ideas del mundo en el que vivimos las podemos pasar tan fácilmente a la Iglesia y a la teología.

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